Yesa: agonía a la espera del recrecimiento
Los vecinos de la urbanización Leyre y el camping Villa de Tiermas temen perder sus residencias por el recrecimiento aprobado por el Ministerio de Medio Ambiente. De momento, prefieren permanecer a la expectativa.
yESA sufre. Desde hace muchos años, quienes disfrutan del camping Villa de Tiermas y de la Urbanización Leyre viven asediados. Como si de la aldea de Astérix y Obélix se tratase, que resistían el asedio romano en el año 50 antes de Cristo en el mundo creado por René Goscinny y Albert Uderzo, los habitantes de estos dos lugares de veraneo se resisten a marchar de un pantano que se ha convertido en su hogar.
"Nos vamos a amarrar a las casas, como la baronesa Thyssen", afirma convencida Constanza Barrero, propietaria de una casa en la urbanización Leyre. Nadie quiere abandonar la urbanización. "Es muy duro desprenderse de esto, somos como una familia", remarca Teresa Vela.
Las imágenes hablan por sí solas. Andar por la urbanización es como pasear por un minipueblo (tienen incluso un pequeño huerto particular), en el que todos se conocen, se saludan y tratan de relajarse unos días fuera del ruido mundano. ¿Y cómo viven este asedio las personas afectadas? Hay quienes ya ven que lo inevitable está cada día más cercano. Sin embargo, algunos de los propietarios son más escépticos. "La verdad, no creo que las obras se vayan a producir", asegura Pedro Saiz, también propietario de la urbanización Leyre. En su mente se aglutinan con estas declaraciones la cantidad de años que se llevan posponiendo las obras. Cree, en definitiva, que habrá nuevos y nuevos retrasos.
Ahora bien, existe una conciencia de que puede que un día llegue la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) para expropiarles el terreno. Por el momento, con el aprobado correspondiente del Ministerio de Medio Ambiente al recrecimiento del pantano, nadie se ha puesto en contacto con los propietarios ni del camping ni de la urbanización. "Nos tenemos que enterar por la prensa", asegura Pedro Saiz. Ahora bien, el día que lleguen a expropiarles, ¿cómo negociar? "¿Cuál es el valor de todo esto?", se pregunta Saiz. "El valor sentimental no tiene precio -remarca Teresa Vela-, están todos los recuerdos de tantos años que hemos pasado aquí". "Estas casas no tiene precio", apostilla Saiz a su vecina.
Porque los miembros de esta urbanización no quieren ningún tipo de indemnización ni compensación. Quieren seguir donde están, con quienes están y con todos los recuerdos y momentos vividos. No les importa lo que les paguen. Ni otro tipo de alternativas, aunque no harían asco a una idea que tienen en mente: la posibilidad de que la CHE les ofrezca un terreno en el mismo pantano pero en la otra orilla. "Me encantaría seguir aquí si el pantano sigue siendo navegable tras las obras", apuntilla Pedro Saiz.
Bloqueados por la che
Nadie se atreve a invertir
Mientras tanto, Yesa agoniza. Las obras no han comenzado, y lo que queda, pero los vecinos de estas urbanizaciones ya están sufriendo sus consecuencias. La infraestructura de la urbanización Leyre, por ejemplo, necesita una inversión para corregir algunos problemas. ¿Pero quién va a invertir en un sitio que puede desaparecer en poco tiempo? Así, los vecinos se las tienen que ingeniar para arreglar los desperfectos ellos mismos. Pero además, tampoco pueden reformar sus casas. Constanza Barrero, por ejemplo, quería reformar la cocina. Pero no puede. "¿Cómo voy a invertir si puede que en pocos años me tenga que ir? No sale rentable", comenta Teresa Vela en la misma línea que su compañera
Así, poco a poco, Yesa languidece. ¿Y cuál es el motivo, el fin por el que esto ocurre? Es otro de los aspectos que los vecinos de Yesa no logran comprender. "Contra un supuesto beneficio que es siempre el agua no se puede competir", afirma Saiz, pero recordó que él "nunca había visto que hubiera faltado agua". "El recrecimiento es totalmente innecesario", remata.
Tampoco se olvidan de los perjuicios medioambientales que, a juicio de muchos, esta obra supondrá para el entorno del pantano. "No puedo entender cómo ha pasado el examen de impacto medio ambiental", cuestiona Teresa Vela. No es la única en plantearse este interrogante. Numerosas agrupaciones en contra del embalse, varios ayuntamientos de localidades cercanas y bastantes ONGs medioambientales avisan de las posibles consecuencias negativas que el recrecimiento del pantano puede ocasionar al medio ambiente.
miedo a que la presa se rompa
Sangüesa teme al pantano
A muchas personas de localidades cercanas, especialmente Sangüesa, les atemoriza que la presa pueda llegar a romperse. No se acaban de fiar de la ampliación del dique de contención, ni tampoco les tranquiliza la polémica de la falla sobre la que se asienta el pantano ni los desprendimientos de tierra que ya se han producido. "Si se rompiera la presa, Sangüesa quedaría anegada en treinta segundos y tan sólo se vería de ella el pararrayos de la torre de la iglesia", afirma Diego Jamardo, un gallego afincado en la propia Sangüesa. Evidentemente, está en contra del recrecimiento del pantano. "¿Quién me asegura que la presa es segura? Es un peligro para el pueblo", concluye Jamardo.
Íñigo Moleo, natural de Sangüesa, acude cuando puede al camping de Villa de Tiermas a refrescarse. Le gusta venir a este sitio pero está en contra del recrecimiento. "El aspecto positivo es el agua, pero ¿a dónde va a ir destinada?", se pregunta Moleo, quien ve que hay agua de sobra en Navarra.
Tampoco se muestra a favor de esta construcción Rubén Ferrando. "Primero habría que saber qué destino va a tener este agua extra y valorar su necesidad", comenta. "Y luego, ver si esta es la mejor forma de conseguir el agua, pues existe la posibilidad de construir unas pequeñas presas más arriba que abastezcan al pantano", concluye.
Parece claro que Sangüesa teme el embalse. No es de extrañar, en parte. Se han producido varios corrimientos de tierra en el pantano y en las paredes de Yesa pueden verse ya algunas grietas ocasionadas por el traslado de tierra para las obras.
el asedio de la che
Muerte lenta para el pantano
Sangüesa, pues, no quiere el embalse, al igual que los principales afectados, al menos de forma directa, como son los habitantes de la urbanización Leyre y el camping Villa de Tiermas. Habitantes que ya están sufriendo las consecuencias del recrecimiento, aunque las obras no hayan comenzado todavía. No sólo por el hecho de que no pueden invertir ni realizar obras porque no saben si será rentable. Sino porque la CHE, con algunas medidas, parece que quiera echarles ya.
Este año declararon ilegales las barcas de cuatro tiempos, las que tenían casi todos. El resultado, a desechar las viejas y a tener que comprar una nueva. Pero no todos pudieron. "No somos súper millonarios", comenta Teresa Vela. Consecuencia, del récord histórico de doscientas barcas que llegó a albergar el pantano, se ha pasado en la actualidad a cuarenta. Y lo mismo ocurre con los veleros. Se llegó a rondar los noventa y tantos. Hoy sólo quedan diez.
Sólo el tiempo dirá qué pasará, pero no parece del todo disparatado, tal vez un poco, que en unos años las míticas imágenes de Chanquete atrincherado en su barco se reproduzcan en Yesa, con un inquilino que se niegue a abandonar su hogar a la orilla del pantano.