El silencio en la plaza, donde se congregaron decenas de alsasuarras pero también vecinos de otras localidades cercanas, era sepulcral. Poco antes de las cinco llegó el segundo furgón, que trasladaba a su amiga del alma, Naiara Goikoetxea. Eran inseparables y juntas accedieron a la parroquia La Asunción, arropadas por sus padres y hermanos, sus familiares y amigas, que llevaron los múltiples centros de flores hasta el altar.
Tras ellos una marea humana, en su mayoría chavales jóvenes, que quisieron acompañar a dos familias muy conocidas y queridas en la localidad. Con la emoción contenida, que tan sólo se rompió con algún llanto desconsolado, los compañeros y compañeras de Naiara y Garazi trataban de sobrellevar el drama que viven desde la noche del sábado.
El funeral, en castellano y euskera, fue oficiado por el párroco de Alsasua, Rafael Ayarra, que estuvo acompañado por Sebastián Hualde, sacerdote de esta localidad; el párroco de Etxarri Aranatz, Pello Etxabarri, y el capuchino alsasuarra Ignacio Bergera. En una homilía corta y sincera, Ayarra reconoció que "ante situaciones límite de dolor, como esta, ningún remedio es eficaz" y añadió que "no encontramos respuesta y no nos valen las palabras que nos dicen y nos decimos". Sin embargo, el párroco animó a los padres de las jóvenes a pensar "en todo lo que les habéis ayudado, lo que les habéis aportado, lo que les habéis despertado a lo largo de sus cortas vidas" y les pidió que "el hecho de que hayan sido llevadas a la madurez plena en su juventud os dé confianza".
El momento más emotivo de la ceremonia tuvo lugar cuando un primo de la madre de Naiara leyó unas palabras como si hubieran sido escritas por las dos jóvenes. Iban dirigidas a sus padres y hermanos, a quienes pedían que siguieran pronunciado sus nombres en casa como siempre. "No pongáis caras tristes, seguid riendo, pensad en mí. Aunque no me veáis, no estoy lejos. El hilo no está cortado".
Tras la misa, la emoción regresó a la plaza. Un aurresku y el Agur Jaunak, interpretado por txistus y la banda municipal de la que formaba parte Garazi, despidieron a las jóvenes. Sus familiares y amigos más cercanos se trasladaron a continuación a la ermita del Cristo de Otadia, donde tuvo lugar un responso. Hoy serán incineradas. Descansen en paz.