dicastillo. Con lágrimas en los ojos, en ocasiones con la voz temblorosa pero sobre todo sientiéndose orgullosos de sus familiares asesinados en 1936. Así, se mostraron los hijos y nietos de aquellos vecinos de Dicastillo que fueron fusilados en aquel fatídico verano y también los parientes de otras víctimas a quienes se les arrebató la vida en el término municipal de esta localidad de Tierra Estella. Todos ellos se encontraron en Dicastillo gracias a una iniciativa del Ayuntamiento y es que como dijo su alcaldesa, María José Sagasti (independiente), "aunque tarde, era necesario recuperar la memoria de estas personas". El tributo fue para los 16 vecinos de Dicastillo asesinados y para los nueve de Miranda de Arga, los tres de Lodosa y los otros tres de Mendavia que fueron fusilados en el término municipal de esta localidad.

Un mural con fotografías de algunos de ellos presidía el centro cultural, que se quedó pequeño para acoger a las decenas de personas que quisieron presenciar el homenaje. El escritor Miguel Sánchez Ostiz abrió el acto y pidió la reposición de la memoria de los fusilados. "Ya que no se puede llevar a nadie ante los tribunales, al menos, es necesario que las víctimas sean reconocidas".

Tras él tomaron la palabra las familias. La primera en hacerlo fue Luisa Laspeñas Zúñiga, nieta de Nazario Zúñiga, de Dicastillo y familia de otros tres fusilados, Jorge, Marcos y Serafín Igúzquiza Solchaga. "A mi abuelo lo mataron por ser de izquierdas", indicó Laspeñas que lamentó la situación en la que quedaron las familias de las víctimas. "La guerra no terminó cuando dijeron sino que siguió para los familiares de los fusilados que vivieron humillados y represaliados", denunció esta señora. Después tomó la palabra Trini Larumbe Igúzquiza de esa misma familia quien, acompañada por su pariente, Adela Romero recordó las veces en las que preguntó a sus allegados por cómo era su abuelo.

El nieto de Teodoro Solchaga, Joseba Solchaga Fernández reivindicó que el único delito que cometió su abuelo fue el de reclamar justicia. Solchaga además lamentó la falta de información que ha habido sobre este tema y criticó el papel que jugó la iglesia durante la guerra y el franquismo. "Queremos justicia y reconocimiento", pidió.

Desde Miranda de Arga, llegó Arcadio Ibáñez, hijo de un fusilado con el mismo nombre. "Mi padre defendía unas cosas tan sencillas que me parece increíble que lo mataran por eso", lamentó Ibáñez. Tras él habló Victorino Iturmendi que lleva el mismo nombre que su abuelo fusilado en Morentin. Este contó cómo tras el fusilamiento de sus convecinos de Miranda cuando ya no estaban los ejecutores, Iturmendi se levantó malherido y escapó desde Dicastillo hasta Morentin donde consiguió ayuda "pero la noticia se divulgó y fueron a por él. Lo remataron en el frontón", indicó.

"no se hablaba por miedo" Cristina Azparren Álvarez, nieta de Fortunato Álvarez Macua cerró los relatos de las familias. Se da la circunstancia de que la viuda de Álvarez aún vive aunque está enferma. "Mi abuela está entusiasmada con este homenaje porque se hace un poco de justicia. Ella siempre permaneció en silencio, pero la noche en la que cumplió 100 años comenzó a hablar. Antes no lo había hecho por miedo. Ese día nos dijo que le arrebataron los brazos que la mantenían".

Tras el relato de las familias, Antonio Oteiza Luquin habló de Fortunato Agirre, alcalde de Estella-Lizarra fusilado en septiembre de 1936. Por su parte, Raimundo Antoñanzas recordó cómo en la década de los 70 acudió con dos amigos a una cuneta de Enériz a recuperar el cuerpo de un familiar de su esposa.

La música en este acto corrió a cargo de Iñaki Basarte y de Xabier Yaben, este último familia del fusilado Teodoro Solchaga. También tocaron Michel Garrido y Alicia Elizaga cuyos familiares sufrieron la represión en Arnedo. Hubo un recuerdo especial a la niña Maravillas, de Larraga cuya familia no se perdió el acto de Dicastillo.

Una vecina de esta localidad, Carmen Pueyo agradeció al Ayuntamiento el homenaje y en el acto no faltaron algunos parlamentarios como Marisa de Simón (IU) o Bittor Rubio (Bildu), entre otros.

El acto terminó con la lectura de una declaración institucional del Ayuntamiento de Dicastillo aprobada por unanimidad en el Pleno.

Después, todos se dirigieron al cementerio de Dicastillo donde se descubrió un monolito del escultor Pablo Arrastia con los nombres de los 16 vecinos de Dicastillo asesinados en 1936; se leyó el poema Vientos del Pueblo, de Miguel Hernández; se bailó un aurresku y se tocó el himno de la República. Cabe destacar que el cura de Dicastillo, Enrique Arellano, pidió perdón a las víctimas. "En aquellas fechas la iglesia no actuó plenamente conforme al evangelio", reconoció.

Tras esto, los presentes se dirigieron al cementerio de Estella-Lizarra donde están enterrados doce de los vecinos de Dicastillo después de que sus familiares exhumasen sus restos en 1978. La tumba se llenó de flores.