ibai López Lizarbe y Laura Estañán Tenias son dos ejemplos de superación y tesón. Ambos padecen una discapacidad visual, pero esto no ha sido un impedimento a la hora de llevar una vida normal junto a su familia, sus amigos y con los compañeros de colegio. Ambos fueron dos de los encargados de recoger ayer la Medalla de Oro de Navarra, acto al que acudieron junto a sus familias.

Ibai tiene 7 años, es alumno de segundo de Primaria de la Ikastola Atargi de Villava y su asignatura favorita son las matemáticas. Hace dos años le detectaron un tumor de cavum, cáncer que afecta a la zona nasal y que se extendió tan rápido que, antes de comenzar su tratamiento, ya había afectado al nervio óptico y el pequeño comenzó a perder visión. "El año de hospitalización fue muy duro para todos, sobre todo por la radio y la quimioterapia. Perder la vista fue un gran golpe para Ibai. Se enfadaba, y pensaba que iba a recuperarla, aunque ya tiene claro y asumido que eso no puede ser, porque tiene dañado el nervio óptico", relató Regina Lizarbe, madre de Ibai. Ella y, Antonio López, padre del niño, pronto se pusieron en contacto con la ONCE, organización a la que están muy agradecidos porque "sin todos los recursos que nos han ofrecido, como la transcripción de los libros a braille o las máquinas que Ibai necesita para escribir, él no hubiese conseguido avanzar tanto", apuntó Regina, que no dudó en transmitir, junto a Antonio, la emoción que había sentido cuando Ibai recogió la Medalla de Oro.

Cuando el niño finalizó sus tratamientos, volvió a la Ikastola tras haber perdido un año de curso. Allí, le esperaba un nuevo reto, la adaptación, "objetivo que todos hemos logrado poco apoco", indicó Regina. "Los compañeros lo han arropado muchísimo. Son una piña, no hacen mas que cogerle de la mano, si no es uno es otro. Además, estoy encantada con la kastola, porque aquí nos han ayudado mucho", comentó la madre de Ibai. El pequeño no solo estudia, también acude a actividades que organiza la ONCE como musicoterapia o psicomotricidad. "Siempre está muy animado y con ganas de hacer cosas. Es la alegría de la casa. Además de ser muy activo, es muy cariñoso y nos da muchas lecciones de vida", destacó Regina, que insistió en la constancia de Ibai, por ejemplo, cuando juega a hacer construcciones o manualidades, "algo que le encanta". "Las construcciones se le caían, él se enfadaba, pero decía '¡otra vez la voy a levantar!'. Y así hasta 4 o 5 veces. Y ahora, ya no se le caen, está hecho un manitas", comentó su madre.

Por su parte, Ibai se mostró muy contento durante la mañana de ayer. "Quiero dedicar la mañana a la ONCE porque siempre me ayudan", afirmó el pequeño, que aseguró que los estudios en la ikastola le van muy bien y que dentro de poco, empezará a aprender a bailar con los gigantes en Huarte.

una vida en la once "Ha sido una experiencia muy agradable porque yo a la ONCE le debo mucho, ya que es uno de mis grandes apoyos a la hora de estudiar". Son las palabras de Laura Estañán Tenias, de 15 años y vecina de Milagro, estudiante del colegio Jesuitas de Tudela. Tanto ella como sus padres, Charo Tenias y Jose Ignacio Estañán se mostraron muy satisfechos porque este reconocimiento hubiese recaído en la ONCE. "Ha sido un día bonito. No hay más que ver todo lo que la ONCE hace por estas personas, algo que se traduce en un apoyo muy real", señaló Charo.

El caso de Laura es distinto al de Ibai. A los seis meses de edad, sus padres comprobaron que no respondía a los estímulos con normalidad. Tras acudir a varios médicos, fue diagnosticada con el síndrome de West, una enfermedad rara que afectó a su visión, aunque no llegó a perderla completamente. Uno de los médicos les recomendó acudir a la ONCE. "Ella ve algo, pero se agota mucho al leer. La ONCE tiene sus propios libros, que son una maravilla a la hora de estudiar. Antes ella no podía leer todo, y yo le leía los textos en voz alta. Entonces, era yo la que me cansaba, no sé a quién de las dos ha ayudado más", bromeó la madre de Laura.

Desde muy pequeña, la joven acudió a la ONCE donde miembros de la organización enseñaron a sus padres a realizar ejercicios de estimulación temprana con el fin de desarrollar al máximo todas sus capacidades. "Se dedicaron a enseñarle a ver y a mirar. Cuando era pequeña, en lugar de darle una chuchería directamente, hacíamos que fuese ella misma la que buscase nuestra mano. Las personas invidentes no se esfuerzan al 100%, deben hacerlo al 120%", comentó José Ignacio, padre de Laura, que destacó la disposición de los trabajadores de la ONCE siempre que él y su familia han necesitado ayuda.

detrás de los cupones Juan Julián Muñoz es vendedor de la Chantrea desde hace varios años, y ayer, se acercó a la sede del INAP para celebrar el reconocimiento a la ONCE. Siempre ha tenido dificultades visuales, aunque no se puso en contacto con la organización hasta que comenzó la carrera de Historia. "Yo tengo baja visión, y todo fueron ayudas y apoyos para mi problema", comentó. Tras acabar la universidad, empezó a vender cupones para la ONCE. "Asistimos a unos cursillos previos donde nos enseñan a manejar las máquinas tpv para expender boletos, además de técnicas comerciales a través de las que atendemos al público", explicó. Como vendedor, Juan Julián asegura tener más de mil anécdotas para contar, aunque se queda con el cariño que recibe de la gente, "que al final son como tus amigos, porque te visitan a diario".