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“El que dona un órgano nos da vida”

El azar le ha convertido en el trasplantado de riñón número 1.000 de Navarra. Tras la intervención, el pasado 28 de septiembre, el pamplonés José Javier Barrero afronta una nueva vida con la ilusión de “poder seguir el ritmo” de sus hijos.

“El que dona un órgano nos da vida”

¿Cuál es el perfil del donante en Navarra? El director del departamento de Urología de la CUN, el doctor Pascual, señala que en la actualidad el donante cadáver “son pacientes de edad que fallecen por accidentes cerebro-vasculares, al contrario que hace 2-3 décadas en que el perfil del donante era un varón joven que fallecía a consecuencia de accidente de tráfico”. En donante vivo, tal como señala la legislación española, “tiene que ser mayor de edad, gozar de plenas facultades mentales y de un estado de salud adecuado, de forma que se garantice el mínimo riesgo quirúrgico y el hecho de que pueda vivir con un único riñón sin problemas importantes a largo plazo”.

¿Y el perfil del receptor? Ignacio Pascual señala que “no hay un perfil determinado. Son pacientes que evolucionan hacia una insuficiencia renal terminal por diversas patologías del riñón, bien congénitas o adquiridas”. Al respecto, el director del departamento de Nefrología de la CUN, Pedro Errasti, aclara que no todos los pacientes con “enfermedad renal crónica terminal o en programa de diálisis pueden ser trasplantados. En España hay aproximadamente 22.000 pacientes en diálisis y un 20% está en lista de espera”.

¿Qué riesgo asume el donante vivo? El doctor Pascual señala que la probabilidad de muerte en una operación por donación renal de vivo es “similar a la que puede ocurrir por fallecimiento en accidente de tráfico, bajísima (0,03-0,06%), 2% riesgo de complicaciones mayores (9,3%, neumonía/atelectasia pulmonar; 5,3%, infección urinaria; 4,3%, infección de la herida quirúrgica; 3,1%, neumotórax)”.

Primer trasplante. El primer trasplante de riñón se hizo el 19 de septiembre de 1969 a un paciente de 40 años y en situación de prediálisis. El diagnóstico, según el doctor Errasti, era de una glomerulonefritis crónica en fase terminal pero el injerto funcionó pocos días, volviendo el paciente a diálisis al mes de la operación. El segundo trasplante funcionante a largo plazo se efectuó el 6 de octubre de 1971 y estuvo operativo 17 años. En 1989 fue trasplantada con un segundo injerto, que funcionaba a comienzos del año 2015.

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El paciente trasplantado con más larga función se llevó a cabo el 25 de mayo de 1977 y, tras 38 años y 5 meses, sigue funcionando con normalidad, indica el doctor Errasti.

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“ser el trasplantado número 1.000 es una anécdota que me ha tocado a mí, como le podía tocar a cualquiera. Lo que sí siento es que en Navarra la sociedad es muy desprendida”, afirma José Javier Barrero Fernández, pamplonés de 45 años, a quien el pasado 28 de septiembre le implantaron un riñón. Con esta intervención, que se prolongó durante 180 minutos, Navarra alcanzó el millar de trasplantes de este órgano desde que el 19 de septiembre de 1969 se llevara a cabo la primera de estas operaciones en la Clínica Universidad de Navarra (CUN), que es el centro autorizado por la Organización Nacional de Trasplantes para realizar los trasplantes en la Comunidad foral.

El día 28, sobre las 16.30-17.00 horas, Barrero recibió una llamada más -concretamente, la quinta- para un posible trasplante. Como en ocasiones anteriores, le indicaron que “iba segundo”, por lo que fue “muy tranquilo” a la cita. Sin embargo, esta vez hubo suerte: “Debía haber dos riñones”, indica, y tras realizarle los correspondientes análisis, a las 21.00 horas, bajaba al quirófano. “En principio ha ido todo bien y, de momento, me he olvidado de la diálisis y espero olvidarme durante muchísimo tiempo”, valora este ingeniero técnico, quien incide en el cambio total que supone “no depender de estar conectado a una máquina, que es muy importante”.

Le diagnosticaron poliquistosis renal en la adolescencia, pero “nunca me dio problemas. Llevaba un seguimiento, hacía vida completamente normal hasta hace unos tres años, que empezó un poquito en decadencia, pero sobre todo desde hace dos años ya fue cuesta abajo y sin frenos”. Al respecto, explica que “la función renal prácticamente desapareció, empezamos en prediálisis -el riñón todavía funcionaba un poco y llevaba una dieta muy estricta- y hace algo más de un año comenzamos en diálisis peritoneal nocturna en casa”. Se decantaron por este tratamiento para poder llevar una vida normal: “Si no da problemas, es llevadero”, indica el afectado, pero “tiene sus limitaciones, porque a las diez de la noche tienes que empezar el proceso de conectarte” y permanecer 8 horas. En su caso, podía conciliar el sueño, pero “los problemas vienen cuando la máquina no funciona bien, tu cuerpo por lo que sea tiene algún problema, entonces hay veces que es imposible dormir... No se lleva bien”.

Barrero reitera que “ha intentado hacer una vida lo más normal posible: he seguido trabajando hasta el día del trasplante y es cierto que, por parte de la empresa -Gamesa-, me pusieron todas las facilidades del mundo”. El propósito de intentar proseguir con su actividad diaria lo ha alcanzado “con ciertas limitaciones, porque muchas veces te planteas irte un fin de semana y no es fácil; llevarte todos los trastos es complicado. Alguna vez lo haces, siempre vas cerca, pero mucho menos de lo que quisieras”.

asistolia La familia de Javier se volcó para la donación en vivo, pero no pudo ser. Una situación que, como reconoce su esposa, Estefanía Vilela, “cuesta asimilar”, porque “es el riñón que mejor va a funcionar”, pero “si los médicos ven que tu vida no va a poder ser exactamente plena de salud si donas un riñón, no te dejan”. Por ello, quiere animar a los familiares: “Que no se preocupen, porque se aseguran 100% de que el donante vivo tenga luego una vida completamente sana”. En el caso de este vecino de Gorraiz, el donante estaba en asistolia (fallecido por parada cardiorrespiratoria): “El riñón tarda más tiempo en arrancar y nos informaron de que podía tardar un mes. Ya está funcionando, va poco a poco y cada día va un poco mejor”.

Vilela, que trabaja de enfermera en el Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea (SNS-O), confiesa que “hay temporadas que son muy malas, pero cuando eres paciente te das cuenta de lo importante que es el trabajo que hacemos” y de que influye “muchísimo el tratar bien a las personas”. Considera fundamental investigar para seguir avanzando y agradece la labor de concienciación de asociaciones como Alcer, porque “el SNS-O llega a lo que llega, pero es importante que la gente se asocie; no nos queda otra que juntarnos y ayudarnos”.

La rehabilitación en estos casos, según los médicos, suele prolongarse unos tres meses. El trasplantado de riñón número 1.000 afronta esta etapa como “una nueva vida, una segunda oportunidad”, en la que se marca como objetivo “poder seguir el ritmo de mis hijos -de 9 y 6 años-, que llegó un momento que no podía”. Para ello, sigue una “dieta mucho más leve”, toma “inmunosupresores y otro tipo de medicación, que ahora es bastante fuerte, pero me imagino que, conforme pase el tiempo, irá bajando”. Así, cada día que pasa, va avanzando.

En un momento de la conversación, cuando Javier se pone en el pellejo de la familia del donante y de los donantes, se emociona. “La verdad es que tiene que ser un momento muy duro, pero tienen que saber que esto a otras personas nos da vida y es de agradecer el hecho de que donen los órganos”. Por contar con esta oportunidad de salir adelante, expresa su agradecimiento, “en primer lugar, a la familia del donante, por su generosidad; a los profesionales que han intervenido en la CUN en el trasplante y postrasplante; a todo el servicio de Nefrología del Complejo Hospitalario; y, sobre todo, a mi familia, que me ha apoyado en todo momento”.