Miguel Javier Urmeneta en su centenario
En las próximas cinco entregas avanzaremos extractos del libro de Roldán Jimeno, ‘Miguel Javier Urmeneta (1915-1988). Segunda República, Franquismo y Transición’, Pamiela, 2015, que aparecerá el próximo mes de diciembre.
el 26 de noviembre de 2015 (el próximo jueves) se celebra el centenario del nacimiento de Miguel Javier Urmeneta Ajarnaute. Nos hallamos ante un personaje en el que parecen concurrir claroscuros y contradicciones, fruto de las circunstancias que en cada momento han condicionado su vida, de ahí que se haga necesario contextualizar su biografía en esos hechos, pero también en cada momento histórico en el que se desarrollaron sus actos.
Segunda República y Guerra civil Cuando estudiaba la carrera de Derecho en los años de la Segunda República, militó, como toda su familia, en el nacionalismo vasco. El golpe militar de Emilio Mola en julio de 1936 le obligó a alistarse al Requeté, una durísima decisión que, como la de otros nacionalistas vascos de Navarra, obedecía a la necesidad de salvar a su familia. Tenía constancia certera de que su padre iba a ser fusilado, lo que hubiera dejado a su madre viuda, embarazada y con once hijos. Involucró en su decisión a algunos de sus amigos más próximos.
Durante la guerra llegó a ser capitán de Infantería y jefe de batallón. Acabada la contienda civil superó la única asignatura que le quedaba para concluir la carrera de Derecho en la Universidad de Salamanca. La angustiosa circunstancia que vivía en esos momentos su familia, con procesos de responsabilidades políticas abiertos a su padre Ataúlfo, y sus tíos Moisés, Humbelino y Aníbal, acompañados de la correspondiente incautación de bienes, obligaron a Urmeneta a dedicarse profesionalmente al Ejército.
Carrera militar Se vio obligado a alistarse en la División Azul cuando Franco envió a la Segunda Guerra Mundial a los primeros de las respectivas promociones de la Academia de Transformación.
Luchó en el frente ruso de Nóvgorod (1941-1942). Tras pasar por la Escuela de Aplicación y Tiro de Infantería (1943-1944), cursó estudios en la Escuela de Estado Mayor (1944-1949) y ascendió a comandante. Colaboró allí muy estrechamente con el capitán general Muñoz Grandes. Este lo envió a la Escuela de Estado Mayor del Ejército norteamericano en Fort Leavenworth (Kansas), en el momento en el que la dictadura española se abría a las potencias ganadoras de la Segunda Guerra Mundial.
Urmeneta era el comandante de Estado Mayor que sabía más inglés, pero también el más progresista y, por tanto, el menos franquista, es decir, la imagen que el Ejército español necesitaba transmitir en Estados Unidos.
Director de la CAMP La década de los cincuenta marcó un cambio en su actividad profesional, ya que la muerte de su padre, director general de la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona (CAMP), le llevó a regresar con su familia y a postularse a sí mismo para hacerse cargo de la entidad financiera en 1954, tarea que desempeñó hasta su jubilación en el mes de marzo de 1982. Desarrolló durante todo ese dilatado período una gran labor de expansión, y de acción social y cultural. “La Caja no es para hacer millones; para eso están los bancos. Debe cumplir una función social y cultural”, dijo en cierta ocasión.
El 1957 consiguió crear, junto con diversos euskaltzales, una Sección para el Fomento del Vascuence/Euskeraren Aldeko Saila, dentro de la Institución Príncipe de Viana.
Alcalde de Pamplona y diputado foral En febrero de 1958 fue nombrado alcalde de Pamplona, cargo que desempeñó hasta 1964. En una entrevista publicada en 1983 subrayó que nunca se había considerado un alcalde franquista, y que en esas funciones le había guiado un principio de rectitud, más que de lealtad al Régimen. Ostentó la vara de mando de manera personalista y con gran autoridad, pues la ausencia de partidos políticos en la Corporación se prestaba a un personalismo. No se amilanó a la hora de tomar decisiones difíciles, aunque ello le supusiera a enfrentarse a los poderes establecidos, incluida la jerarquía eclesiástica diocesana.
En el consistorio pamplonés dejó un legado de cuño personal en el jumelage con Bayona, la urbanización y construcción de buena parte de los barrios extramurales de la ciudad, y el impulso del movimiento cooperativo de autogestión a través de la promoción, con suelo municipal, de viviendas sociales a costo mínimo. Procuró un nuevo sistema de abastecimiento de agua para la ciudad, con la construcción del embalse de Eugi, y renovó la red de saneamiento y alcantarillado. Logró la retirada de los cuarteles militares del centro de la ciudad y su traslado a Aizoáin, con la consiguiente cesión por parte del Ejército de la Ciudadela, y fue artífice de la restauración del Redín y de otras zonas del Casco Viejo. Fue el impulsor de la industrialización y de la creación del polígono industrial de Landaben, y a él se debe, asimismo, la ubicación del campus de la Universidad de Navarra y el controvertido proyecto del Hotel Tres Reyes.
Entre 1964 y 1971 fue diputado foral en la candidatura carlista, período en el que, bajo la vicepresidencia de la Diputación de Félix Huarte, llevó el peso, junto con Francisco José Saralegui, del desarrollo económico e industrial de la provincia.
Su labor fue decisiva para el trascendental cambio operado en la Navarra del segundo lustro de los sesenta y principios de los setenta. Otro logro destacado de su gestión, compartido con el resto de negociadores navarros, fue la firma del Convenio económico con el Estado (1969). Siguió colaborando estrechamente en el relanzamiento de la cultura vasca, ahora desde la Diputación. Su papel fue decisivo en el difícil impulso de las ikastolas.
En su periplo político no cobró sueldo alguno y no desarrolló ningún tipo de labor empresarial o económica con la que lucrarse a través de la política. Su único sueldo era el que percibía como director de la CAMP.
Su apuesta por el cambio político Fracasó en su particular apuesta política del Tardofranquismo y la Transición. Se presentó a las elecciones como candidato entre los concejales sociales por el tercio sindical (1973), con el fin de poder presentarse a las posteriores elecciones a diputado foral y lograr ser vicepresidente de Navarra. Su candidatura fue impugnada por el gobernador civil, en una maniobra urdida por la oligarquía navarra afecta al núcleo duro del Régimen, que pretendía promocionar a Jesús Aizpún para el cargo rector de la Diputación. El Contencioso Administrativo falló a favor de Urmeneta, pero los impugnantes recurrieron al Supremo, y el recurso fue aceptado por presiones de las más altas instancias.
Urmeneta dio la batalla y, dos años después, el alto tribunal falló a su favor. Pero se había cumplido el objetivo: apartarlo de la escena política por un tiempo, el suficiente para que no pudiese ser el vicepresidente de Navarra. En aplicación de la sentencia judicial, en marzo de 1976 volvió a ser elegido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, hasta que dimitió en mayo de 1978.
Adolfo Suárez y Gutiérrez Mellado le propusieron en 1976 ser delegado del Gobierno en Gipuzkoa e incluso súpergobernador del conjunto de las tres Provincias Vascongadas. Urmeneta lo consultó con los partidos políticos todavía no legalizados y con diversas fuerzas vivas del país. Asumiría el cargo bajo ciertas condiciones (amnistía, legalización de la ikurriña, autoridad para conceder permisos de reunión, asociación y manifestación, y su control absoluto de las fuerzas de orden público), que no fueron aceptadas por el entonces ministro del Interior Rodolfo Martín Villa.
Previamente también fue propuesto como ministro y como preceptor del príncipe Felipe, pero consideró que sus esfuerzos debían centrarse en el proyecto que quería para Navarra.
En las primeras elecciones al Congreso de los Diputados de 1977 impulsó el Frente Navarro Independiente, cuyo programa era resultado, en buena medida, del proyecto político en el que venía trabajando el propio Urmeneta desde dos años atrás. El FNI aglutinó a gentes provenientes de la HOAC, socialistas, carlistas y nacionalistas vascos. El fracaso electoral de este partido plural, centrista, preocupado por lo social, vasquista y europeísta, llevó a su ideólogo principal a retirarse de la política. Se implicó a partir de entonces en colaborar en labores de mediación de conflictos laborales, singularmente en el de Potasas de Navarra.
Jubilado de la CAMP en 1982, abrió un despacho para seguir recibiendo a la gente y ayudar en lo que pudiera. Fue el primer presidente de la Sociedad creadora de Euskalerria Irratia (1984). Pero su jubilación, sobre todo, le permitió cultivar con mayor dedicación sus dos grandes aficiones: la pintura y la creación literaria.
Falleció el 12 de junio de 1988. Su vida, como él mismo afirmó en una entrevista concedida en 1983, se transformó continuamente como efecto de sus propias circunstancias, o más bien, si se nos permite apostillar al propio Urmeneta, de las particulares circunstancias históricas que le tocó protagonizar.
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