Pamplona toma el ‘lekuko’ del euskera
La Korrika volvió este sábado a la ciudad en la que terminó la última edición de hace dos añosA pesar de la lluvia intermitente, miles de personas se sumaron en Iruñea a la carrera popular de los euskaltegis
PAMPLONA - Miles de personas demostraron ayer que el euskera está muy vivo en Pamplona y se unieron a la Korrika en la capital a pesar de la lluvia intermitente durante las siete horas que la carrera popular por el euskera recorrió por la Comarca. Instituciones, comercios, asociaciones o peñas quisieron ser partícipes de la 21ª edición y portaron el lekuko o testigo a lo largo de 103 kilómetros por Pamplona y sus alrededores. De este modo, la Korrika, que salió el jueves de Puente la Reina, atravesó la capital navarra, lugar en el que terminó la última edición de hace dos años.
Por aquel entonces, que el Ayuntamiento de Pamplona apoyase la marcha por la euskaldunización fue toda una novedad. Ayer e igual que en 2017, el alcalde Joseba Asiron volvió a recoger el ‘lekuko’ en la Plaza del Ayuntamiento vestido con uno de los característicos petos de la asociación de euskaltegis AEK.
También los parlamentarios y parlamentarias tuvieron su momento de protagonismo en esta Korrika y llevaron el testigo a la altura del Paseo Sarasate. Dos años después del novedoso apoyo institucional, las y los representantes políticos confirmaron que Iruñea y Nafarroa toma el testigo del euskera.
Algo que sería imposible sin la masa social que los siguió ayer, sin importar el tiempo que hiciera. Las amenazantes nubes estallaron en un chaparrón a las 15:00 horas, cuando la Korrika pasaba por Iturrama. Pero los y las participantes desplegaron sus paraguas o se pusieron las capuchas y continuaron con la marcha.
Nada podía estropear la fiesta del euskera en Pamplona, donde centros del modelo D, peñas y distintas asociaciones que compraron kilómetros del recorrido para subvencionar a los euskaltegis de AEK compartieron protagonismo con políticos y portaron el ‘lekuko’ la mayor parte del tiempo.
Además, organizaciones vecinales prepararon actos por la mañana para calentar motores de cara al paso de la Korrika por los distintos barrios de la capital. En Mendebaldea, por ejemplo, la asociación vecinal Ermitaldea ofreció un almuerzo. Su miembro Leire Arbilla Etxaleku explicó que se trata de “una iniciativa muy bonita para crear unión entre los pueblos y barrios a favor del euskera”.
En la mesa del almuerzo, un niño de diez años y una niña de seis hacían hueco entre los pintxos de tortilla a los petos que estaban coloreando para la carrera de la tarde. Se trataba de los hermanos Iñigo e Irati Manero Rubio, estudiantes de la ikastola Jaso y vecinos de Etxabakoitz. Mientras escogía las pinturas para colorear su dibujo, Iñigo recordó que hicieron “una pequeña Korrika dentro de Jaso que terminó con unas dantzas”.
Zaloa Basabe Gutiérrez, que tras la carrera por el Casco Viejo de Pamplona se encontraba reponiendo fuerzas en la taberna Kalixto de la calle San Francisco, expresó su alegría por la “suerte” de niños como los hermanos Manero. “Tengo tres hijas que van a una escuela pública del modelo D y de vez en cuando les recuerdo la suerte que tienen por aprender euskera desde pequeños”, aseguró. Basabe no tuvo esa fortuna, pero es euskaldunberri, ya que se apuntó hace años a las clases de AEK y actualmente habla a la perfección. Se trata del mismo caso que el de Idoia Fuertes Oroz, que agradece a la asociación de euskaltegis su vida actual en euskera. “AEK lo es todo para mí”, resumió.
En ese camino se encuentra el joven de 21 años Mikel Ansorena, que aunque estudió en el colegio Nuestra Señora del Huerto, del modelo G, afirma haber estado siempre interesado en “aprender euskera”. Recibió clases en la UPNA y el gaztetxe Maravillas, y ahora pretende continuar con su aprendizaje. Mientras tanto, se suma a actividades para fomentar una lengua que percibe como suya. Por ejemplo, cogió el ‘lekuko’ el jueves por la noche en Sesma y ayer corrió en Ermitagaña.
Ansorena tiene un reto y es el mismo que el de la Korrika: el fomento del euskera. Pero como apunta Zaloa Basabe, “el euskera no solo tiene retos, también derechos que defender”. Por eso, le preocupa que “vuelvan fuerzas políticas que le dan la espalda al euskera”, que considera “nuestra identidad y nuestro futuro”. En cualquier caso, en lo que al presente se refiere, ayer el euskera volvió a pasar el chaparrón en Iruñea.
Pamplona. La marcha entró dos veces en el Casco Viejo, además de pasar por más de diez barrios.
103
Kilómetros reocorrió la Korrika en siete horas por Iruñerria.
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