La sed de sangre humana de los mosquitos aumenta a medida que empeora la pérdida de biodiversidad
Un estudio advierte que "saber que los mosquitos de una zona tienen una fuerte preferencia por los humanos sirve como alerta sobre el riesgo de transmisión"
A medida que la presencia humana expulsa a los animales de sus hábitats, los mosquitos que antes se alimentaban de una amplia variedad de huéspedes podrían estar encontrando nuevos objetivos humanos para saciar su sed de sangre, según un nuevo estudio del Instituto Oswaldo Cruz y la Universidad Federal de Río de Janeiro, ambos en Brasil, publicado en 'Fronteras en Ecología y Evolución.
Extendiéndose a lo largo de la costa brasileña, la Mata Atlántica alberga cientos de especies de aves, anfibios, reptiles, mamíferos y peces. Sin embargo, debido a la expansión humana, solo alrededor de un tercio de la superficie original de la selva permanece intacta. "Aquí demostramos que las especies de mosquitos que capturamos en los remanentes del Bosque Atlántico tienen una clara preferencia por alimentarse de humanos", redacta el autor principal, el doctor Jeronimo Alencar, biólogo del Instituto Oswaldo Cruz en Río de Janeiro. "Esto es crucial porque, en un entorno como el Bosque Atlántico, con una gran diversidad de posibles huéspedes vertebrados, la preferencia por los humanos aumenta significativamente el riesgo de transmisión de patógenos", añade el coautor, el doctor Sergio Machado, investigador que estudia microbiología e inmunología en la Universidad Federal de Río de Janeiro.
ADN
Para su estudio, los investigadores utilizaron trampas de luz para capturar mosquitos en la Reserva Sítio Recanto y la Reserva Ecológica del Río Guapiacu, dos reservas naturales en el estado de Río de Janeiro. En el laboratorio, se separaron mosquitos hembras hinchadas para su análisis. Los investigadores extrajeron ADN de la sangre y utilizaron la secuenciación de ADN para analizar un gen específico que funciona como un 'código de barras' único para cada especie de vertebrado. Al comparar los códigos de barras encontrados en la sangre con una base de datos, los investigadores pudieron determinar de qué animal se había alimentado el mosquito.
De un total de 1.714 mosquitos capturados, pertenecientes a 52 especies, 145 hembras estaban ingurgitadas de sangre. Se pudo identificar la sangre consumida por 24 de estos mosquitos, la cual provenía de 18 humanos, un anfibio, seis aves, un cánido y un ratón. Algunas ingestiones de sangre provenían de múltiples fuentes: la ingestión de sangre de un mosquito identificado como Cq. Venezuelensis se componía de sangre de anfibio y humana. Los mosquitos pertenecientes a la especie Cq. Fasciolata se habían alimentado tanto de un roedor como de un ave, así como de un ave y un humano, respectivamente. Así, según el trabajo, aunque algunas especies de mosquitos pueden tener preferencias innatas, la disponibilidad y la proximidad del huésped son factores sumamente influyentes.
A medida que la Mata Atlántica disminuye debido a la deforestación y los humanos siguen avanzando hacia áreas anteriormente boscosas, muchas plantas y animales desaparecen. Como resultado, los mosquitos cambian sus hábitos y hábitats y se acercan a los humanos. "Con menos opciones naturales disponibles, los mosquitos se ven obligados a buscar nuevas fuentes de sangre alternativas. Terminan alimentándose más de humanos por conveniencia, ya que somos el huésped más frecuente en estas áreas", explica Machado.
Las picaduras son más que una simple picazón. En las regiones de estudio, los mosquitos transmiten diversos virus, como la fiebre amarilla, el dengue, el zika, el mayaro, el sabiá y el chikunguña, que causan enfermedades que amenazan gravemente la salud humana y pueden tener consecuencias adversas a largo plazo. Investigar el comportamiento de alimentación de los mosquitos es fundamental para comprender la dinámica ecológica y epidemiológica de los patógenos que transmiten, afirmaron los investigadores.
La tasa relativamente baja de mosquitos ingurgitados (poco menos del 7%), así como el bajo porcentaje de casos en los que se pudo identificar la ingesta de sangre (alrededor del 38%), resaltan la necesidad de realizar estudios con mayor base de datos. Estos estudios también deberían utilizar métodos más adecuados para identificar la ingesta de sangre mixta y así determinar todas las fuentes de alimento.
El estudio ya puede contribuir al desarrollo de políticas y estrategias más eficaces para controlar los mosquitos portadores de enfermedades y ayudar a predecir y prevenir futuros brotes. "Saber que los mosquitos de una zona tienen una fuerte preferencia por los humanos sirve como alerta sobre el riesgo de transmisión", advierte Machado. Esto permite acciones específicas de vigilancia y prevención. Por ello, según el trabajo, a largo plazo, esto podría conducir a estrategias de control que consideren el equilibrio del ecosistema.
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