No será un privilegio para muchos: solo desde Reikiavik, en Islandia, una parte de Groenlandia y el noroeste de la península Ibérica, incluida Navarra, podrá contemplarse uno de los espectáculos más singulares que ofrece el cielo: un eclipse total de Sol que convertirá el atardecer en un instante de noche.
En la Comunidad Foral, la totalidad durará apenas un suspiro: un minuto y, como mucho, 1 minuto y 27 segundos. Pero será suficiente para que miles de personas levanten la mirada al horizonte y se queden en silencio. Navarra no vivía algo así desde 1905, el último eclipse total visible desde el territorio. Ahora, 121 años después, el fenómeno volverá el 12 de agosto de 2026.
Prepararse para un evento así, "casi una efeméride astronómica y social", exige algo más que ganas. Paula Noya, directora de Infraestructuras Culturales de NICDO, explica en una entrevista con EFE que desde el Planetario de Pamplona, en colaboración con el Gobierno de Navarra, llevan meses tejiendo una programación previa bautizada como "Los 12 antes del Eklipse", una serie de coloquios con especialistas de la ciencia y también de otras disciplinas que, a lo largo de la historia, han mirado los eclipses desde perspectivas distintas.
El ciclo no quiere ser solo una agenda de divulgación astronómica, sino "una puerta abierta a la cultura, la historia y la imaginación", ha puntualizado Noya.
Coloquios
Esta semana, en concreto el 12 de enero, se celebró el primer coloquio, dedicado al diálogo entre ciencia e historia, y el siguiente encuentro ya tiene fecha, será el 12 de febrero, también en Baluarte, y se centrará en Arte y Ciencia, con una pregunta sencilla y enorme a la vez.
El coloquio estará enfocado en cómo se han representado los eclipses en la historia del arte. La intención es, además, "animar a la ciudadanía a participar y conocer de primera mano este tema", ha subrayado Noya.
El resto de temáticas, cuenta Noya, se irán "desvelando poco a poco". No es casual. El programa busca mantener un punto de "misterio", como si cada conversación fuese una pista más hacia el gran día.
La idea es que el eclipse no sea únicamente un fenómeno astronómico de poco más de un minuto, sino un acontecimiento que se saborea durante meses, con paradas en el calendario para aprender, debatir y entender por qué, desde hace siglos, estos eventos han sido interpretados como señales, presagios o milagros.
La cuenta atrás está marcada por una fecha que tampoco es casual y que tendrá su componente de ensayo general. Noya ha adelantado además la puesta en marcha de un concurso de fotografía llamado "Un eclipse, 1000 miradas", pensado para invitar a participar tanto a aficionados como a expertos, con distintas categorías y el objetivo de construir una memoria visual compartida del fenómeno.
El concurso tendrá un primer hito clave el 29 de abril, un día escogido porque el Sol estará en una posición muy similar a la que tendrá el 12 de agosto, lo que permitirá practicar tomas, encuadres y técnicas antes de la jornada histórica.
La preparación también baja al terreno educativo. La programación prevé talleres y cursos para las escuelas, con una estrategia clara: convertir a los niños en "altavoces" del eclipse en casa. La escena está casi escrita, padres preguntando, hijos explicando cómo funcionan los filtros, por qué no se puede mirar al Sol directamente o qué significa exactamente eso de "totalidad".
Pero el eclipse no solo se juega en la cultura o en las aulas. Hay otra dimensión inevitable: la logística. Así el proyecto 'EKLIPSE' se presenta como un plan interdepartamental para coordinar el impacto del fenómeno, que podría atraer entre medio millón y un millón de visitantes, según estimaciones basadas en grandes eclipses recientes en otros países.
En Navarra, el eclipse se verá de manera total en 141 municipios, concentrando la mejor visibilidad en el sur, especialmente en la Ribera, donde la totalidad dura más segundos. Fitero, por ejemplo, figura entre los puntos donde más se prolonga el momento culminante, con algo más de un minuto.
En Pamplona el fenómeno será parcial, un recordatorio de que en un eclipse unos kilómetros pueden marcar la diferencia entre ver "el día apagarse" o solo una mordida en el Sol.
Enclaves estratégicos
Para responder a ese reto, el plan ha habilitado una red oficial de puntos de observación, con diez espacios repartidos por el territorio para "facilitar la experiencia y reforzar las garantías de seguridad". Entre ellos figuran municipios como Ribaforada, Corella, Castejón, Arguedas, Fitero, Lodosa, Peralta, Azagra y Lerín, además de Sendaviva como enclave especial de observación.
El eclipse, además, ocurrirá en una franja delicada del día: durante el atardecer. El Instituto Geográfico Nacional recuerda que España estará en el tramo final de la banda de totalidad, con el Sol muy cerca del horizonte.
Eso obliga a pensar en miradores con buena visibilidad hacia el oeste y refuerza la importancia de organizar accesos, movilidad y puntos de encuentro con tiempo suficiente.
En el fondo, la magia del eclipse no reside solo en su rareza, sino en su capacidad para cambiar la escala de lo cotidiano. Una tarde de agosto, en la que muchos estarán de vacaciones o celebrando las fiestas de verano, puede transformarse en un acontecimiento histórico que Navarra no vivía desde principios del siglo XX.
Porque en agosto de 2026 no se tratará únicamente de mirar sino de comprender lo que se está viendo: un fenómeno que dura muy poco, pero que deja una huella muy larga. Ese 12 de agosto también podrá disfrutarse la ya tradicional lluvia de Perseidas.