Sofía Sosa Vázquez, María de la Puente Canales e Isabella Arnábar Newpher están detrás de Pulso Pilates, un proyecto que nació el pasado mes de octubre en la Universidad de Navarra y que, con el paso de los meses, ha ido creciendo hasta consolidar su propia comunidad.
Pulso Pilates se desarrolla todos los fines de semana en dos espacios: el polideportivo de la Universidad de Navarra y el estudio Núcleo Barre, situado en el centro de Pamplona. Las sesiones son impartidas por Sosa, entrenadora certificada en pilates mat, con un cupo máximo de 12 personas por clase.
El proyecto está organizado de manera que dos fines de semana al mes las sesiones se realizan en el campus universitario y los otros dos en Núcleo Barre, donde se imparten cuatro clases entre las 11.00 y las 12.00 horas. Además, en algunas ocasiones han trasladado la actividad al parque Yamaguchi.
Pulso trabaja con pilates mat, una modalidad que se practica sobre esterilla y se basa en ejercicios controlados con el propio peso corporal, centrados en la fuerza, la postura y la respiración, sin necesidad de grandes aparatos. Este tipo de ejercicios contribuye a fortalecer el cuerpo, mejorar la postura, aumentar la flexibilidad y optimizar la respiración.
Las tres, originarias de Ciudad de México, han ofrecido hasta ahora más de 15 sesiones desde octubre y valoran muy positivamente la experiencia. “Ir con tus amigas a hacer ejercicio es divertido y que lo promocionen estudiantes te invita a hacerlo”, recalcó De la Puente, quien se encarga de las redes sociales y la comunicación.
Por su parte, Arnábar, responsable de la gestión, la organización de grupos y la parte financiera, destacó que “ha sido algo increíble que se ha dado muy fácil”. "He aprendido a relacionarme desde una parte más cercana y humana", agregó.
Una idea espontánea
La iniciativa comenzó tras la certificación de Sosa y la propuesta de dar una clase entre amigas en una sala del gimnasio. En aquella primera sesión participaron originalmente las cuatro fundadoras de Pulso. Camila Álvarez Sosa, anterior compañera de piso, fue una de las creadoras, aunque posteriormente tuvo que marcharse de Pamplona.
“Me certifiqué como entrenadora de pilates mat en México el verano pasado. Allí empecé dando clases a mis amigas y, cuando llegué a Pamplona, les propuse a mis compañeras de piso hacer una sesión”, explicó Sosa, de 22 años, estudiante de Nutrición y actual instructora de todas las clases.
De la Puente reconoció que el pilates cubría una necesidad dentro de la universidad y que abrir las clases a un público más amplio podía funcionar. Para ello, crearon un formulario de Google que difundieron a través de Instagram. La respuesta superó todas sus expectativas: “En menos de una hora ya teníamos unas 25 respuestas. No esperábamos tanta demanda”, señaló De la Puente, de 23 años y estudiante de Pedagogía.
El 2 de octubre organizaron la primera clase abierta al público. Ese mismo fin de semana ofrecieron dos sesiones: pulso flow (para principiantes) y pulso power (de mayor intensidad). Gracias a la colaboración con el Club del Bienestar de la universidad, el proyecto logró llegar a un mayor número de personas.
Evolución favorable
En los primeros meses, la mayoría de asistentes eran estudiantes universitarias, aunque con el tiempo el perfil se amplió a personas de mayor edad e incluso a algún hombre. “A mí me hace el día cuando me escriben que estuvo increíble la clase. Para nosotras es fundamental cuidar la ejecución y evitar lesiones, además de ofrecer una experiencia más personalizada”, recalcó Sosa, al explicar el límite de 12 personas por sesión para poder supervisar correctamente la técnica.
La asistencia ha variado en función del calendario académico. En época de exámenes, el interés se mantuvo y las clases llegaron a completarse. “Para muchas personas era una forma de desconectar”, mencionó Arnábar, de 22 años y estudiante de Psicología. “Pulso nos ha dado estructura los fines de semana y nos ha ayudado a gestionar mejor el estrés”, añadió.
Las tres finalizarán sus estudios universitarios este año y les gustaría dar continuidad a Pulso. Aun así, no descartan que el proyecto siga su curso en Pamplona. “Nos encantaría que alguien en Pamplona tomará el relevo y continuará el proyecto en la universidad”, señaló Sosa. Entre sus planes también está que De la Puente y Arnábar obtengan la certificación como instructoras.