Iñaki Beaumont, sobrino de una de las 32 víctimas homenajeadas en Navarra: “Las madres y mujeres sufrieron toda su vida el miedo y el silencio”
Familiares de los 32 fusilados homenajeados reivindican el papel de las mujeres "que guardaron la memoria y sacaron a la familia adelante" y afirman que “los mataron sin pensar que los muertos tenían vivos y los vivos memoria”
Iñaki Beaumont Olaberri, sobrino de tres fusilados durante la Guerra Civil, ha rendido este mediodía un homenaje a todas las mujeres, madres y compañeras de asesinados, que sostuvieron la vida en medio del horror.
“Guardaron la memoria cuando no se podía hablar, escondieron papeles, alimentaron niños con nada, curaron heridas sin medicamentos, consolaron sin esperanza. Fueron también las que, tras la guerra, enfrentaron el silencio, el miedo y la represión mientras los nombres de sus compañeros quedaban escritos en las lápidas o en los archivos”, ha señalado Beaumont, que ha dejado claro que “nunca vi ni a mi madre ni a mi tía un gesto de odio o revancha”. Eso sí, ha reconocido que cuando su madre hablaba de aquellos tres años “le salía un sarpullido rojizo en el cuello y la cara, como si la memoria quisiera salir por la piel”.
Eleuterio Olaberri Doménech ha sido una de las32 personas homenajeadas en el atrio del Parlamento foral, y su sobrino Iñaki se ha erigido en la voz de los familiares allí presentes. Todos tienen una historia distinta pero con muchos puntos en común. Este pamplonés de la Rotxapea ha contado la suya. Ha recordado cómo su abuela murió joven, en 1941, “porque si la pérdida de un hijo ya es devastadora, la de tres hijos asesinados rompe cualquier límite humano”. También ha explicado que su madre y su tía tardaron en hablar de sus hermanos.
“Apenas supimos nada hasta 1976-77. Tras la muerte de Franco comenzaron a hablar y ya no callaron”, ha subrayado.
Beaumont ha añadido que “pensaron que la muerte impondría el silencio, pero la memoria siguió viva en quienes permanecimos”. El reto, ha señalado, es que esta memoria colectiva siga presente, y actos como el celebrado ayer resultan esperanzadores.
“La memoria democrática es una escuela de valores para las nuevas generaciones. No se trata de reabrir heridas sino de cerrarlas con verdad, justicia y reparación, sentando bases sólidas para un mañana más justo. No podemos permitir que el fascismo avance. Una sociedad que recuerda, protege”, ha afirmado.
Reivindicar la memoria
También ha intervenidoEduardo Escobar Martínez, nieto de Miguel Antonio, fusilado el 23 de agosto de 1936 junto con el resto de los mártires de Valcardera, en Cadreita.
“Quienes tenemos memoria y datos tenemos la obligación de hacerlos públicos. Existen unos 50.000 textos, libros y tesis sobre la Guerra Civil, pero siempre faltan dos cosas: las pequeñas historias y documentos que aún tienen que ver la luz. Yo tenía ambas”, ha explicado Escobar.
Su abuelo tenía34 años y era elsecretario general de las organizaciones socialistas cuando fue fusilado. Dejó mujer y cinco hijos. “La generación de nuestros padres fue la del silencio y el olvido. Soportaron las secuelas de la represión sin decir nada”, ha afirmado Escobar, quien ha reconocido que la historia de su padre fue especialmente complicada.
“Mi padre tenía9 años cuando asesinaron a su padre. Le integraron en las juventudes carlistas, que posteriormente Franco unificó en las falangistas, y acabó vistiendo el uniforme de Falange. Con 20 años entró en la sede y robó unos documentos que sirvieron después para mi testimonio”, ha relatado.
Su padre nunca quiso hablar , “decía que en la guerra todos son malos”, pero antes de morir le indicó dónde había escondido los documentos que han servido de base para su relato.
“Los mataron sin pensar que los muertos tenían vivos y los vivos memoria. Y eso es lo que hacemos hoy: reivindicar con nuestra memoria a nuestros abuelos. Con esa memoria nunca van a perecer; siempre van a estar presentes”, ha concluido.
El papel de las madres
José Plano Urrutia fue un trabajador del campo que llegó de Sangüesa a Pamplona y trabajó como hortelano y en una tejería.
“Una mañana avisaron a mi abuela de que lo habían detenido y no lo volvió a ver”, ha explicadoJosé Ramón Plano. Su abuelo no tenía vinculación política ni sindical. “Parece que alguien le tenía envidia y lo denunció”, ha indicado.
José Plano dejó a una mujer embarazada y cinco hijos. “No se hablaba de nada, pero yo iba siempre con mi abuela y, como era el nieto mayor, me contaba cosas”, ha recordado Plano, que ha puesto en valor el papel de las madres y compañeras de los asesinados.
“Mi abuela sacó adelante a seis hijos como pudo. Compraba plantas y recorría en tren la Barranca para venderlas”, ha explicado. “A mi abuela, Nemesia Baztan, le raparon el pelo y la injuriaron. Fue una mujer muy rebelde”, ha destacado.
Derruir los Caídos
El acto celebrado este mediodía contribuye a nombrar, reconocer y devolver existencia pública a quienes fueron condenados al silencio, ha afirmadoAmaia Lerga, presidenta de AFFNA-36, quien ha reclamado una reparación más ambiciosa.
“No renunciamos a una reparación integral, superando el vacío penal, para acabar con la impunidad y culminar la eliminación de todos los símbolos franquistas, incluido el Monumento a los Caídos de Pamplona”, ha señalado.
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