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No es una cueva excepcional en la zona ni tiene ninguna particularidad, pero lo que hay en el interior de la sima de Arrafela, en el parque natural de Urbasa, sí es extraordinario.
El hallazgo del esqueleto de un bisonte de hace 4.000 años, además de los restos de otros animales que se precipitaron a la sima, convierten a la sima “en una cápsula del tiempo”, tal y como han señalado este lunes los expertos, que contiene “una enorme riqueza arqueopaleontológica”.
La primera vez que se bajó a Arrafela, según ha relatado el arqueólogo Jesús García Gazólaz, fue en los años 80 y ya entonces “se vio que podía ser una cueva con un patrimonio excepcional”.
No obstante, los trabajos actuales que han dado con el bisonte se produjeron dentro de una acción de evaluación patrimonial de esta cavidad, promovida por la Dirección General de Cultura–Institución Príncipe de Viana a petición del Departamento de Medioambiente, y que contó con un equipo multidisciplinar de científicos y espeleólogos.
Además del bisonte, también se encontraron los restos de un león de las cavernas (Panthera spelaea), de un gallo lira (Lyrurus tetrix) y de un alimoche (Neophron percnopterus).
En concreto, el león de las cavernas es una especie que desapareció hace unos 12.000 años, y que está emparentado con el actual león. Esta especie ha sido representada en el arte parietal, como por ejemplo en el yacimiento de Armintxe (Lekeitio). Los restos de león recuperados en la Sima de Arrafela se van a estudiar dentro del marco de una tesis doctoral actualmente en marcha.
El gallo lira es una especie que hoy en día no habita la península ibérica, pero de la que hay un reducido registro fósil en el norte peninsular, incluyendo el yacimiento de Koskobilo (Olazti/Olazagutía).
El alimoche es una rapaz que habita la península ibérica, pero que también tiene un limitado registro fósil. Por todo ello, el resto de especies recuperadas en la Sima de Arrafela también nos aportan una privilegiada información sobre los ecosistemas del pasado.
Este hallazgo vuelve a subrayar la relevancia del patrimonio paleontológico navarro, y se suma a otras intervenciones promovidas por la Dirección General de Cultura–Institución Príncipe de Viana, como las realizadas en Lantz, en Loizu en colaboración con la Universidad de Cantabria, en Intzartzeta (Larraun), Mendukilo (Astitz), o Alkerdi 2 (Urdazubi), Mezein 26 (Sierra de Aralar), en colaboración con la UPV/EHU, o los recientes estudios promovidos desde esta última institución de los restos paleontológicos del desaparecido yacimiento Koskobilo I (Olazti) —el yacimiento cuaternario más antiguo de Navarra, con la presencia de rinocerontes, macacos y oso negro tibetano— o Mainea (Uitzi), el yacimiento peninsular con mayor porcentaje de animales adaptados al frío, con restos de rinocerontes lanudos y un mamut.
Todas estas intervenciones e investigaciones han puesto de manifiesto la necesidad de que las actividades espeleológicas tengan una perspectiva científica, como elemento clave del conocimiento y conservación del patrimonio subterráneo. Asimismo, se subraya la necesidad de ordenar y coordinar las actuaciones en cavidades y simas, dado que la práctica espeleológica no regulada ha supuesto en el pasado riesgos para la integridad de los restos.
Asimismo, esta intervención se enmarca en la visión que el nuevo Decreto Foral de Excavaciones Arqueológicas y el Plan Estratégico de la Arqueología de Navarra (PEAN) otorgan a la paleontología como parte integrante del patrimonio arqueológico.
De acuerdo con lo dispuesto en el artículo 55.2 de la Ley Foral 14/2005, de 22 de noviembre, del Patrimonio Cultural de Navarra, forman parte de dicho patrimonio “los elementos geológicos y paleontológicos relacionados con la historia del hombre, sus orígenes y antecedentes, que sean susceptibles de ser estudiados con metodología arqueológica”.