Octavio Romano (Basauri, 1973) es de familia navarra y pasaba los veranos en Cascante, y ahí reside en al actualidad. Desde hace 18 años es técnico de cooperación en proyectos africanos con cooperativas agrarias en Ruanda, Burundi, el Chad y el Congo. Licenciado en Derecho, la mayor parte de su vida profesional ha transcurrido en Alboan , ONGD vinculada a los Jesuitas de Navarra y de la CAV. Romano preside la Coordinadora de ONGD de Navarra desde hace un año.
La Coordinadora ha criticado al Gobierno de Navarra respecto a su compromiso con la cooperación.
–Y no hay respuesta por su parte. Existe una relación más o menos fluida con la dirección de Políticas Sociales, fluidez que echamos en falta con el Gobierno foral. Esto es cuestión de voluntad política.
¿En qué sentido?
–Políticas Sociales tiene un techo presupuestario, el que le marca el Gobierno. Entendemos que la renta garantizada puede ser muy volátil entre lo que se presupuesta y se ejecuta. Eso tensiona aún más los gastos y hay escaso margen para ser flexibles en cooperación. El mensaje es que hay que ir más arriba. Estamos esperando al Gobierno. Solicitamos reunirnos en junio, en septiembre y en diciembre. No estoy hablando de María Chivite, sino del tripartito. Y ese contacto no se ha dado.
En la oposición es fácil prometer...
–Hay un acuerdo programático de alcanzar el 0,7% en 2027, y hubo un anuncio de llegar al 0,7% en 2024. Estamos en el 0,40%. Esto debería ser considerado grave por la opinión pública. Se está prometiendo una política social internacionalista que llegue al 0,7% horizonte tan soñado desde hace 25 años, y de forma sistemática no se cumple. Además en el anterior Plan Director se acordaron dos millones de euros de aumento anual durante su desarrollo, sin que tengamos ahora el nuevo Plan. En 2026 el aumento es de 592.000 euros, en 2025 no hubo incremento. La senda que se nos vende nos situaría en 2030 en un 0,47%. La Dirección nos dijo que esto es lo que hay, habas contadas.
La opinión pública se ha acostumbrado a un baile de porcentajes. ¿Llevan las de perder?
–Totalmente, con un discurso falaz de que es más importante gastar aquí que allí. Eso nos pone a las ONGD, con la retórica actual del miedo y odio, en una situación de indefensión o inferioridad, como si no estuviéramos tan legitimadas para reclamar fondos y revertir situaciones con un cariz humano tan válido como el de aquí.
“Existe una relación más o menos fluida con la dirección de Políticas Sociales, fluidez que echamos en falta con el Gobierno foral”
Las necesidades de aquí penalizan el retrato social y de pobreza.
–Nos dicen que nos comparemos con la Comunidad Valenciana, Comunidad de Madrid, Castilla-La Mancha o Extremadura. Eso no nos vale, vale el potencial de las ONGD navarras y el financiero del Gobierno. En 2025 las 48 ONGD de la Coordinadora han ejecutado más de cien proyectos en 56 países. Pero en los últimos años se han dejado de financiar 113 proyectos aprobados. En la Coordinadora 30 de 32 organizaciones dijimos no a esta senda presupuestaria y las dos restantes se abstuvieron.
¿Cuál es el momento del sector?
–Complicado. Si me lo hubiese preguntado hace un año no le hubiese dicho que tanto.
¿Por qué?
–Porque ha desaparecido el 35% de la ayuda al desarrollo mundial por arte de Trump.
Hasta la ONU está en juego.
–Es cierta la excesiva dependencia de EEUU, pero Naciones Unidas repartía los dineros entre organizaciones en el terreno, muchas socias locales. Y los proyectos eran más ricos.
¿En este contexto el sector está maduro o estancado?
–Yo lo he visto estancado, con una grandilocuencia a veces excesiva, mirada excesivamente asistencialista y lenguaje que buscaba el simplismo y la comprensión fácil de problemas complejos por la ciudadanía.
Buscando base social.
–Sí, y financiación, y eso tiene un problema. Si estás vendiendo que vas a solucionar todos las trabas de una provincia de Burundi cuando nada es tan sencillo, se te ven las costuras. Nuestra potencial base social merece un discurso sincero, honesto y responsable de lo que hacemos y de hasta dónde podemos llegar. Muchas financiadoras públicas y privadas nos están exigiendo un impacto imposible de alcanzar con los fondos de los que disponemos. Esto es una lucha de justicia global ante un problema estructural e histórico.
Nuestra sociedad hoy está compuesta por un número importante de migrantes, y en amplios sectores se detecta una involución.
–El mundo es de todos. El haber nacido no te concede un privilegio sobre la tierra que pisas. Que estén aquí, formen sus familias y trabajen no significa que nosotros nos hayamos integrado en ellos. La matraca de que se tienen que integrar ellos aquí es insoportable. ¿La arquitectura legal e institucional permite que una persona se sienta cómoda en este país? Y en la ciudadanía no hacemos ejercicios de empatía y de integración real, lo veo en el día a día, en los cumpleaños de mis hijos, en los partidos de fútbol...
¿La escuela pública no está generando esa convivencia y conexión?
–Para mí está tensionada y soportando una realidad, pero creo que la escuela pública y concertada por supuesta necesita mucha más financiación, más personal y medios para que realmente la acogida escolar de esta población sea de calidad.
No todo es dotación presupuestaria.
–Por supuesto, ahí está el trabajo de sensibilización, pero seguro que con más medios las escuelas podrían hacer muchas actividades de puesta en común.
A veces hay carga de complejidad.
–Sí, y mucha carga de bulos y de prejuicios. Ahora mismo con el Instituto Navarro de la Juventud desde la Coordinadora hay un programa sobre discursos de odio, que se apoya en el trabajo de varias organizaciones de la Coordinadora, acudiendo a los centros educativos con diferentes actividades.
¿La Coordinadora tiene posición sobre la regularización de migrantes anunciada por el Gobierno español? ¿Cómo la ve usted?
–Como Coordinadora no tenemos discurso al respecto, nosotros no trabajamos intervención social, sino en el extranjero. Es verdad que en educación para el desarrollo abordamos muchos temas relacionados con migración. Yo puedo hablar desde la Coordinadora por percepciones, y creo que el sentir general de las ONGD de la Comunidad Foral va en favor de la acogida en plenas condiciones y con plenitud de derechos de todas estas personas. Creo que no puede ser de otra manera, estamos trabajando por mejorar sus condiciones allá, pero oficialmente no tenemos una lectura o declaración.
¿Y personalmente, cuando se enteró del anuncio, qué pensó?
–A mí toda esta legislación y arquitectura legal que existe para el tratamiento de la extranjería en este país me parece absurda y estúpida, porque se desaprovecha carga de trabajo y se tiene en la clandestinidad a personas durante años.
Pero esto es una enmienda a esa dinámica de actuación.
–Sí, me parece algo bueno y que responde a esta problemática de no tener en este país en un limbo legal a seres humanos, sin derecho a la vivienda ni al trabajo durante unos años hasta que no certifican tiempo de estancia. Todo lo que tenga que ver con mejorar la situación de los derechos humanos de las personas que viven en este país es bienvenido.
“Estamos esperando al Gobierno de Navarra. Solicitamos reunirnos con el tripartito en junio, en septiembre y diciembre”
¿Por qué entró en el ámbito de las ONGD?
–Desde siempre me han inculcado o me han hecho ver que este mundo no es justo. De ahí que pongamos el peso también en los chavales que están en las aulas, tratando de abrirles los ojos y de ponerles bien claro tal y como se funciona hoy en una parte del mundo vivimos en un Estado del Bienestar a costa del malestar de otra parte. No recuerdo tener otra razón para entrar en el mundo de las ONGD.
¿Y la incidencia política? Los partidos son más que financiadores.
–No todo es financiación, es cierto, pero es importante. El Plan Director es el arma política de la cooperación de una institución como el Gobierno de Navarra. Es una planificación en la que tiene que haber una apuesta por según qué sectores estratégicos en según qué países. Y todo plan de acción tiene que estar sostenido con un presupuesto justo y adecuado.
La política también es emoción dentro de una nueva era comunicativa.
–Queremos al respecto desarrollar un protocolo de uso de la Inteligencia Artificial por parte de la Coordinadora y de las ONGD navarras. Una especie de guía deontológica, porque nos ha llegado hace escaso año y medio y ya vemos que la gente empieza a usarla. Queremos ponernos unas bases éticas para que no se desvirtúe el trabajo de proyectos o de sensibilización y concienciación de la ciudadanía. Tenemos que poner límites. Todo es posible con la IA.
En Gaza nos acostumbramos a vulneraciones bárbaras de los derechos humanos. Olvidamos pronto.
–Sí, esa es la cara oscura de la sobreinformación, tenemos tanta que no procesamos. Pasamos de una indignación a otra, y nos acostumbramos a esta. En Gaza parece que hubo un acuerdo de paz con todo el boato de Trump, y la gente se ha aliviado, pero sigue habiendo ataques. En Ucrania también nos hemos acostumbrado.
Se marcha en dos semanas...
–Sí, el día 28 a República Democrática del Congo. Trabajo con cooperativas agrarias, me voy a la parte de Kinshasa, al oeste, a 2.000 kilómetros donde sucede lo que ningún medio saca, que es la guerra por las minas del coltán. Sabe que hace una semana se derrumbó la mina de Rubaya, y nadie habla de ello. Estaba escrito que esa mina se iba a derrumbar en cualquier momento. Son 227 muertos.
Se informó de la noticia.
–Sí, pero en esa mina se han violado los derechos laborales de los trabajadores. De esa mina salen camiones con mineral de contrabando hacia las fronteras de Uganda y Ruanda, donde hay pequeñas fábricas de refinado del mineral. Medio centenar de empresas multinacionales europeas, canadienses, japonesas, australianas, estadounidenses se aprovechan de ese contrabando que mata vidas.
La parte que en la cadena de consumo a nosotros se nos olvida.
–Sí, nos da igual. Un smartphone que te ha costado 500 euros si no hubiera esas vías de contrabando te costaría 800. Si todo fuera legal no nos saldrían tan baratos los móviles o las tablets chinos o europeos.
“He visto al sector estancado, con una grandilocuencia a veces excesiva, mirada excesivamente asistencialista y lenguaje simplista”
¿Cuál es ahora mismo el papel de China sobre África?
–De protagonismo total. Está sustituyendo a Francia, por ejemplo.
¿Con prácticas tan criticables?
–Digamos que China no pregunta tanto por el respeto a los derechos humanos. Tampoco la metrópoli europea hasta hace diez o quince años no se preguntaba mucho por estas disquisiciones. Ha llegado China con todo su poderío desde hace quince o veinte años, se han empezado a instalar y a negociar con gobiernos. Muchos ejecutivos se han cansado de Francia, hartos de sus tejemanejes en el Sahel, por ejemplo, y han optado por mirar al otro lado del mundo, y ahora están negociando además de con China con Turquía, con Rusia, con la India.
¿Es una muestra de ese mundo neoimperial?
–No lo dude, África está llena de ingenieros chinos de carreteras con brigadas enteras construyendo.
¿Lo perciben como desarrollismo?
–Para mí es un nuevo colonialismo, los gobiernos africanos creen que es un win win. Lo que están haciendo los chinos lo llevamos haciendo nosotros desde hace mucho tiempo. En unas condiciones más ventajosos que las nuestras van un poco de trileros, del timo de la estampita.
¿Cómo se siente o cómo le perciben como cooperante siendo un extranjero que les facilita la vida?
–Yo voy siempre de la mano de organizaciones locales con las que tenemos muy buena relación y compartimos objetivos y misión desde hace años. La relación es de camaradería y hermandad, y en algunos casos de amistad. Conforme te vas alejando de ese núcleo depende de la situación. Cuando vas a las comunidades en las que tus proyectos están teniendo un impacto y mejoran la calidad del trabajo de las cooperativas, la educación de los chavales, el pago del profesorado o los servicios sociales, y saben que tú eres la persona que está traccionando acá la financiación de esos proyectos, la acogida es muy calurosa.
¿Y la población en general?
–Yo diría que se nos acoge en África con recelo, porque somos los descendientes de quienes dejaron a sus antecesores en la situación en la que están.
Llegamos al final de la conversación. ¿En qué quiere incidir?
–Necesitamos sentarnos a una mesa con el Gobierno de Navarra. El Plan Director va a salir, no nos levantamos de la mesa, vamos a seguir construyéndolo durante 2026. Pero el Gobierno ya sabe que si este Plan nace sin una senda presupuestaria consensuada y acorde a lo que consideramos justo y proporcionado al potencial de la cooperación foral, no lo vamos a apoyar ni a avalar. ¿Nacerá de todas maneras? Sí, pero sin el apoyo de las ONGD que creo que somos quienes ejecutamos en su mayor parte este Plan.