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AZK-Internazionala: Solo fútbol y mucho más

Como Lamine Yamal, este equipo del Casco Viejo formado por chavales migrantes presume de código postal y crea vínculos a partir de un balón

Foto de familia del equipo de fútbol AZK-Internazionala, después de su entrenamiento semanal en LarrabideUnai Beroiz

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Cuando Lamine Yamal marca gol, dibuja con los dedos los tres últimos dígitos de su código postal. Un gesto de reivindicación y orgullo de barrio que tiene réplica en el cuello de la camiseta del AZK-Internazionala. La carga emocional del 31001 del Casco Viejo es brutal. Para empezar, significa un hogar. Sentido de pertenencia e identidad para un grupo de chavales con realidades muy duras. Muchos en situación de calle. Por eso los entrenamientos y partidos de este equipo de barrio internacional, formado por jóvenes migrantes, son solo fútbol y a la vez mucho más. Como el grito que acompañó a la foto de familia que ilustra este reportaje: “¡AZK aurrera!”.

“Desde el principio hablamos de que queríamos crear una familia. Un equipo es fácil, 12 o 20 chavales y ya lo tienes. Pero crear una familia es un poco difícil. Especialmente con los chavales como nosotros, jóvenes... Pero ahora podemos decir, somos familia”, cuenta Issa Amouklach, amazigh de Marruecos de 23 años que llegó hace uno a Pamplona. Un lateral con recorrido “arriba y abajo” que también se desenvuelve en el centro del campo y forma parte del equipo desde que se formó el pasado agosto: “Empezamos un poco jodidos, pero es normal los primeros partidos. Ahora estamos ganando casi siempre, somos los primeros de la liga”, dice orgulloso el capitán de un equipo que juega en la liga amateur de Navarra de Fútbol 7.

“Venimos a disfrutar. Aquí nos olvidamos de las cosas de la vida. Sales como nuevo”- Ibrahim El Hani, entrenador AZK-Internazionala.

Amouklach va “poco a poco”. Ahora está en un piso compartido y sigue con las clases de castellano. “Esto también son clases”, dice del entrenamiento. Y agradece “a los entrenadores, los trabajadores sociales, todos los ayudantes... espero que siga este proyecto hacia arriba, porque nosotros tenemos ahora la oportunidad de jugar, pero hay otros chavales que no la tienen”. Por eso, confía en que el año que viene se pueda crear un nuevo equipo, de Fútbol 11. Con más metros para subir y bajar sin descanso la banda: “Yo al 11, al 11”.

Los jugadores

Mimoun Rah’ hali, marroquí de 28 años, juega a fútbol desde pequeño. Se enteró del proyecto de AZK por un amigo, “acompaño a mi amigo y estoy en el equipo”. Le cuesta el castellano y habla con serenidad de un día a día que, año y medio después de llegar a Pamplona, sigue siendo “un poco difícil”. El fútbol le sirve “para olvidar cosas de la vida, problemas como estar en la calle, que es muy difícil. Me siento bien cuando hago entrenamientos y juego partidos”, afirma. E incide en la idea de su capitán: “Somos aquí familia, compartimos todo. Lo bueno y lo malo también. Y estamos aprendiendo siempre”. Quiere seguir aprendiendo y jugar a fútbol la próxima temporada: “Ojalá sí”.

Ismail Medjdoubi ya formó parte de una experiencia similar en el comedor social París 365. Explica que en el equipo “hay mucha gente que está durmiendo en la calle, están sufriendo y en una mala situación. Yo también he pasado por esa situación. Y cuando vienes aquí vas a disfrutar, también a olvidar un poco. Vas a conocer a gente que te va a ayudar a muchas cosas, para buscar habitación para dormir, por qué no trabajo... por eso aquí estamos muy contentos”. Este argelino de 26 años vive en un piso compartido en el Ensanche y está en trámite para obtener los papeles y un permiso. “Los entrenadores me han ayudado mucho. Son muy majos”. “No es solo fútbol. Somos una familia desde el primer día. Hay que hacer una familia antes de jugar a fútbol”, afirma.

“Desde el principio hablamos de que queríamos crear una familia” - Issa Amouklach, capitán AZK-Internazionala.

El entrenador Ibrahim El Hani, de 27 años, también comenzó en el equipo que nació en 2023 del comedor París 365. Una “experiencia espectacular” que le permitió conocer gente y crecer. “Ahora estoy mejorando más de mi vida. Estudio un ciclo de FP de grado medio en Virgen del Camino... poco a poco. No vamos a ir rápido, la vida es como la escalera, tienes que pasar una a una”, confiesa.

Como le sucedió a él, los chavales que ahora entrena “vienen aquí y no tienen amigos, no tienen nada. La mayoría no tiene ni zapatillas para entrenar. Muchos están en la calle”. Jóvenes que “cuando llegan, juegan y disfrutan, ves la cara que tienen, que están contentos, y tienen una buena sonrisa en la cara. Y nosotros también”.

Ibra pide más recursos, “un poco de apoyo y fuerza” para entrenar más horas y poder formar al menos un segundo equipo: “Tenemos más de 20 jugadores y hora y media a la semana. Necesitamos por lo menos dos días de entrenamiento para organizar los ejercicios, que los jugadores aprendan lo que decimos...”. Y le gustarían equipos “en los que no sean todo inmigrantes. Si hacemos un poco de mezcla mejor. Así aprenden el castellano, conocen más gente de aquí, aprendan la cultura de aquí...”. Por último, agradece al club “la gran oportunidad que dan a los chavales para jugar, y a los compañeros que están conmigo apoyando a la gente. No solamente para el fútbol. Para todas las cosas de la vida. Venimos a disfrutar. Aquí nos olvidamos de la cosas de la vida... Sales como nuevo”, concluye.

Los ayudantes

La idea del proyecto es “dejar todo en sus manos y nosotros ayudar, entre comillas, poniendo conos y lavando camisetas. Cuanta más autonomía tengan mejor”, defienden los ayudantes Xabi Cerrato y Mikel Lizaso. Pero AZK-Internazionala funciona, por ejemplo, porque Helena Sainz Goñi mueve cielo y tierra para buscar subvenciones. “Hay trabajadoras sociales que están detrás con permisos, papeles, ayudas, médicos, etc. Hay más gente fuera que no se ve, que trata con ellos, habla de sus problemas, que si uno se ha quedado sin casa, el otro tal cosa... y el fútbol es la excusa para hacer su vida mejor”, resume Xabi.

Lizaso explica que “a muchos ahora les vemos mucho mejor que cuando les cogimos en agosto. Verles con una sonrisa, que cuando te ven por la calle te dan la mano, un abrazo... suena muy cursi, pero a mí eso me parece la hostia. Porque venimos de dos mundos muy distintos y ahí nos ponemos todos a la par. Eso es lo más bonito de esta historia”.

Este voluntario incide en el “importante salto cualitativo” que supone el paraguas de un club como AZK. “Con esta alianza vemos que hay una oportunidad bilateral. Ellos tienen más posibilidades de insertarse en el ámbito del Casco Viejo, pero para el Casco Viejo también es una oportunidad de oro para conocerles. Porque para nosotros están invisibilizados, tenemos un montón de prejuicios, algunos comprensibles... Igual es demasiado pretencioso, pero con este equipo queremos crear un puente entre esos dos mundos. Porque a estos chavales les ves en el día a día y son gente maravillosa. Nosotros les echamos una mano, pero también aprendemos una barbaridad de ellos”.

La educadora social Leire Lasa lleva años trabajando el tema del sinhogarismo con jóvenes migrantes. Conoce el perfil de estos chavales, y se incorporó a este proyecto a través de la red comunitaria de AZ. Durante el entrenamiento, los jugadores no dejan de pasar por su oficina a pie de campo. Ella y Mariam Zolati -imprescindible en su labor de traducción- les ayudan en todo lo que pueden. “Les llegan papeles que igual no entienden cómo funcionan y tienen que hacer gestiones que no saben. La tarjeta sanitaria, cómo funcionan las unidades de barrio... Cualquier gestión que incluso a nosotros se nos dificulta, pues a ellos más”. También destaca la idea del proyecto “de que se integren en la vida del barrio. Van conociendo poco a poco a gente del club... queremos externalizarlo a la red comunitaria para que puedan convivir, relacionarse y hacer planes con gente más autóctona”, dice.

Futbolero y rojillo empedernido, para el sueco Johan Björkström -utillero y lo que haga falta en AZK Internazionala- este proyecto “es un pelín revancha, porque el fútbol moderno no me gusta nada. Siento como que me han robado algo que amo. Y con estos chicos, aparte de echar una mano e intentar hacer una integración buena, disfruto cuando los veo jugar”. Johan ve que ahí “muchos de estos chicos crecen. Los entrenamientos, los partidos los sábados o los domingos... y encima se sienten parte de algo. Y piensa que el equipo debe ser “como la sociedad debería ser. Cuando uno pierde el balón, hay otro que intentar recuperarlo. Cuando hay uno que está con muy pocos ánimos o con problemas, hay otros que intentan ayudar... como una sociedad debería ser, ¿no?”.