Nació en Argelia y se formó en Derecho en la Universidad de Orán con la idea de labrarse un futuro en su tierra. Pero la vida, a veces, cambia sin previo aviso. “No tenía pensado emigrar, lo hice por amor. Me casé y el que por aquel entonces era mi marido salió del país y seguí sus pasos”, relata Djamila Zereiby, con la serenidad de quien ha aprendido a poner distancia al vértigo. De eso hace más dos décadas.

Djamila es una de los más de 315.000 extranjeros que viven actualmente en Euskal Herria. Su proceso de integración, al igual que el de otras mujeres, fue todo un reto. “No sabía que iba a ser tan difícil. Fue como empezar prácticamente desde cero. Cuando llegué no sabía el idioma. El francés me ayudó mucho porque tiene similitudes con el español. En seis meses ya lo podía hablar. Para mí era una prioridad absoluta, porque sabía que sin el idioma no iba a poder avanzar”, reconoce abiertamente.

"Llevar velo es una decisión personal y también una cuestión de culto. En una democracia esa libertad tiene que respetarse”

Djamila Zereiby - Presidenta y fundadora de IMME

Obstáculos para la integración

Uno de los muros invisibles con los que chocan muchas personas inmigrantes son los prejuicios. En el caso de las mujeres musulmanas, ese peso se multiplica por aspectos como el velo. “Hay mujeres que han entregado su currículum en muchas empresas y nadie las ha llamado. No sé si es por llevar velo o por ser migrantes, pero es una realidad”, relata Djamila, quien añade: “Hay estigmas que vienen muchas veces del desconocimiento y también de cómo se tratan ciertos temas en la prensa, vinculándolos al terrorismo. Llevar velo es una decisión personal y también una cuestión de culto. En una democracia esa libertad tiene que respetarse”.

En su caso, Djamila optó por no llevar velo, una decisión que no ha sido sencilla. “Supone una lucha interior y exterior. Es decirle a tu cultura que tú decides por ti misma. Empoderarse siendo mujer musulmana en un país que no es el tuyo es muy difícil, pero tener objetivos claros ayuda a soportar esa dureza”.

Djamila Zereiby, en las instalaciones de la asociación IMME. DNG

La argelina ha trabajado como traductora intérprete en juzgados y en la policía, lo que le permitió detectar situaciones de vulnerabilidad entre mujeres inmigrantes. “He visto mujeres que llevaban 30 o 40 años casadas y que estaban completamente oprimidas. Cuando se divorciaban no sabían cómo salir adelante por sí solas porque habían estado siempre en casa sin oportunidades y carecían de formación”.

Asociación de Integración de Mujeres Musulmanas en la Sociedad Vasca

Fruto de esa experiencia, puso en marcha en Arrasate, en el año 2013, IMME, Asociación de Integración de Mujeres Musulmanas en la Sociedad Vasca. El objetivo es apoyar al colectivo y fomentar su inclusión social y laboral. “Tratamos de ayudar a estas mujeres en aspectos clave como el de la formación, para empoderarlas y que puedan ser autónomas y tomar sus propias decisiones”.

A pesar de que sigue habiendo barreras, Djamila destaca el carácter abierto de la sociedad en Euskal Herria. “La sociedad vasca acoge bien a las mujeres musulmanas y promueve la inclusión. Aunque persisten estigmas, cada vez es más habitual ver a mujeres con velo trabajando sin problema, algo que antes generaba rechazo sobre todo en personas mayores”.

"Las mujeres tenemos que ser dueñas de nuestras decisiones y que no nos impongan nada"

Djamila Zereiby - Presidenta y fundadora de IMME

Retos pendientes

No obstante, para Djamila las mujeres migrantes deben dar un paso al frente. “Como inmigrantes, tenemos que acercarnos a la población local y entender que el otro puede tener miedo o no comprender mi realidad, por eso es fundamental acercarnos y compartir”.

En este sentido, destaca la importancia de un día como el de la mujer. “El 8 de marzo significa que tenemos que ser dueñas de nuestras decisiones. Somos nosotras las que tenemos que decir lo que queremos y que no nos impongan nada”, concluye.