Los datos dibujan una paradoja: mientras la violencia machista sigue dejando cifras que no desaparecen –en tan solo dos meses de 2026, un total de ocho mujeres han sido asesinadas en el Estado; la última, Tatiana Rodríguez, de 28 años, a la que mató su pareja el pasado 20 de febrero–, cada vez son más los jóvenes que dicen no sentirse interpelados por el feminismo.

A su vez, parece que los discursos radicales de la ultraderecha ganan terreno en las redes sociales. Pero todavía –y como siempre– queda un aliento de esperanza entre mujeres cada vez más “agotadas” porque la violencia, la discriminación y la desigualdad prevalecen a pesar de la lucha. Y, quizá, esa reminiscencia sea la clave para continuar resistiendo. O, al menos, para dialogar y reaccionar ante unas tendencias sociales que están regresando a los valores tradicionales. De esta forma, en medio de este panorama, Naia Carlos, Leire Ipas –ambas creadoras del podcast Manual de construcción–, Yoana Uria –creadora de contenido– y Cristina Tomás –actriz– conversan sobre relaciones, poder y expectativas.

Según el Barómetro Juventud y Género de FAD, cuatro de cada diez jóvenes en el Estado se consideran feministas, el porcentaje más bajo desde 2021, que en ese entonces era del 49,9%. En primera instancia, las cifras parecen alarmantes, aunque Leire recuerda que, cuando ella estaba en la universidad, un profesor les preguntó cuántas de ellas se consideraban feministas y muy poca gente alzó la mano. “Siempre va a haber gente que considere este como algo mainstream o popular y no como una lucha. Pero lo importante es persistir en que es algo más trascendental que una moda”, apunta. Y Naia añade que, precisamente, el problema reside en que “en 2013, era cool ser feminista, pero ahora es al revés, aunque no debería formar parte de las modas. Pero tampoco podemos entrar en el discurso derrotista de que nos va a comer la ultraderecha. El feminismo no puede ser una marca con la que lucrarse”. De esta forma, en una sociedad en la que figuras, como Rosalía, ya no se tildan de feministas, Yoana sostiene que la cultura “tendría que posicionarse y no sumarse a la ola que está ahora alta para quedar bien con cuanta más gente, mejor. Tenéis un altavoz con el que posicionaros en cuestiones de igualdad, vivienda o del genocidio en Palestina”.

Cristina Tomás Iñaki Porto

Las nuevas generaciones, ¿cada vez menos feministas?

El 65% de la población general cree que la igualdad entre hombres y mujeres contribuye a hacer una sociedad más justa. Sin embargo, Naia menciona que una vez recibió la redacción de una alumna que decía que “esperaba un futuro en el que no hubiera ni feministas ni gente rara. No sé si era algo que pensábamos con 13 años, pero con 17 ni de coña. El feminismo debería ser tan obvio como respirar”. De alguna manera, se trata de reivindicarse en los espacios ordinarios, como cuando “los hombres no se levantan en las comidas familiares para fregar” o se hacen “comentarios de cuñado”. En ese sentido, a pesar de un diálogo que se hace común entre las cuatro, Cristina se plantea qué pasaría si se juntaran cuatro hombres para reflexionar en torno al feminismo. “Todas tenemos ya el mismo vocabulario, ¿por qué no abrimos estos espacios y les dejamos en evidencia? Esto no va contra los hombres, sino contra una estructura social llamada machismo”, apunta.

Por otro lado, Leire también menciona que muchas amigas suyas –con relaciones cisheterosexuales– han asumido que hay “un desajuste en sus relaciones porque muchos hombres no están a la altura”. En especial, ahora que la tendencia de las redes sociales es que los comportamientos femeninos sean cada vez más sosegados y sumisos. “También tiene que ver con que estamos agotadas de pelear con señoros”, dice Yoana. Aunque también es algo que, como opinan, tiene que ver con la manera en la que se educa a las niñas, basado en los modelos de ser personas complacientes. “¿Y si la igualdad reside en que seamos igual de mediocres que ellos?, ¿por qué tenemos que ser guapas, listas y antifascistas, pero ellos son unos mediocres a los que no se les exige nada?”, expresa Yoana en tono de broma. De esta manera, también menciona que en el feminismo “no hay por qué ser perfecta y saber todo, sino tener un sentido de la justicia y reflexionar sobre las opresiones que se viven en cada espacio”.

Naia Carlos. Iñaki Porto

Feminicidios, ante la violencia machista

De nuevo, las cuatro están agotadas. Cada vez que escuchan que ha habido un crimen machista, una violación, un abuso o una situación de acoso cerca de ellas o en las noticias. “En ese momento, creemos que puede parecer algo lejano, pero luego escuchamos a nuestras amigas contando que su novio ha hecho algo malo y muchas veces lo justificamos, pero no hablamos de que va mucho más allá porque te está agrediendo, aunque sea algo más complejo”, señala Leire. Y, en lo que se refiere al crimen ocurrido el pasado 20 de febrero, Cristina, natural de Albacete, reconoce que “es impresionante cómo se reacciona en Navarra ante estos casos. El barrio y el colectivo se levantan para luchar. Y creo que debería ser así siempre para que todas estemos en las calles constantemente hasta detener estas injusticias”. Aunque Yoana también apunta que la comunidad está un poco “anestesiada” como consecuencia de la sobrecarga de información. “Recibimos las noticias, nos afectan, pero a la vez recibimos los archivos de Epstein, las bombas de Irán y mucha información que nos hace sentir algo desorientadas, como una especie de guerra psicológica. Hay mucho ruido alrededor que nos anestesia. Y cuando ocurre algo que nos afecta, no nos da apenas tiempo a reaccionar y movilizarnos”.

Leire Ipas. Iñaki Porto

Los roles de género y las relaciones heterosexuales

Yoana Uria. Iñaki Porto

Pese a que, “muy probablemente”, la raíz de muchas de las desigualdades estructurales provengan de las relaciones heterosexuales, en las que se perpetúan los valores tradicionales, las desigualdades y la manera en la que las mujeres se comportan a ojos de la sociedad –más correctas, calladas y con algo más de decoro– se han establecido unos roles de género estructurales y machistas de los que resulta difícil escapar. Con todo, las relaciones “ya no duran tanto como las de nuestros abuelos porque no estamos aquí para aguantar los comportamientos misóginos. Tenemos unos límites que no tendríamos que pasar nunca”, apunta Cristina. En ese sentido, también denuncian que se está haciendo cada vez más popular en redes sociales –y no solo en Estados Unidos– el fenómeno de las tradwives –mujeres que, en plataformas como TikTok o Instagram, ensalzan roles de género tradicionales y reivindican el retorno de la mujer a la esfera doméstica– es un mensaje “muy populista” porque, en palabras de Naia, “están tratando de hacer ver, a través de un discurso pesado y repetitivo, que es deseable ser una mujer sumisa”, cuando la realidad oculta es que ese mensaje viene a decir que tienes dependencia económica de un hombre y que si lo quieres dejar con él, por lo que sea, puedes no ser capaz. Por eso, tenemos que decirle a todo el mundo que aquellas que están vendiéndonos la moto de que está bien ser una tradwife, están venga a facturar pasta y, si se le hinchan los ovarios de estar siendo la señora de su casa mientras su pareja está en el sofá sin hacer nada, puede coger puerta e irse. Creo que hay que tener claro que lo que te están vendiendo no es lo que tienen ellas, porque lo están contando desde un privilegio económico que el resto no tenemos”, reivindica Yoana. Porque el feminismo no va de modas, sino de una desigualdad que todavía sigue vigente.