Iker Del Ollo, alumno del taller de jardinería de Ilundain: “Llegué bastante mal y ahora estoy centrado y con empleo”
El estudiante llegó al programa en un momento complicado de su vida y la experiencia le ha cambiado por completo
Iker Del Ollo Azcue, de 22 años y vecino de Buztintxuri, es uno de los jóvenes que ha pasado por la Escuela Taller de Jardinería de Fundación Ilundain. Explica que llegó al programa en un momento complicado de su vida y que la experiencia ha supuesto un cambio importante.
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“Fui a la asistenta social porque estaba bastante mal y me recomendó este programa. Entré sin muchas esperanzas, pero ha ido genial. He encontrado trabajo, que hoy en día es un regalo”, relata. “Además, personalmente me ha dado una rutina y unos quehaceres. Eso, en mi situación, me ayudó un montón”.
Durante su paso por la escuela taller participó en los trabajos de mantenimiento y mejora de zonas verdes. “A mí la jardinería me encantaba y estuve muy a gusto en los proyectos tanto en Mugartea como en Ilundain. Desbrozaba, escarbaba y trabajaba con la cortasetos, la sopladora y todo lo que me dejaban hacer”, recuerda.
También destaca el ambiente que encontró en el programa. “La gente era muy maja y había mucho espíritu de ayudar, y eso se agradece. Yo soy un poco cortado y aquí me lo han puesto todo muy fácil”.
Actualmente trabaja como auxiliar de jardinería en la empresa Ingesan, ubicada en el polígono de Landaben. “Voy a hacer un año trabajando allí y estoy muy a gusto”, afirma.
Del Ollo subraya que la escuela taller ha supuesto un punto de inflexión para él. “Llegué en un mal momento y ahora estoy mucho mejor, más ocupado y más centrado”.
Antes de incorporarse al programa había estudiado en el instituto Iñaki Ochoa de Olza, en Ezkaba, aunque dejó los estudios antes de terminar 4º de ESO. “Dos años después entré en la escuela taller y fue un acierto”, concluye.
“Vine de Ecuador y conseguí la documentación gracias al taller”
Melida Morocho Quito, de 23 años, llegó a Navarra desde Ecuador en 2020 y también ha participado en la Escuela Taller de Jardinería. Destaca que el programa le ha permitido no solo formarse y encontrar empleo, sino también regularizar su situación administrativa.
“Me dieron la oportunidad de entrar en la escuela taller sin documentación. Me ayudó muchísimo para regularizarme, porque es muy difícil hacerlo para los que acabamos de llegar”, explica. “Necesitamos un contrato y aquí me dieron la oportunidad de formarme y tener un contrato de trabajo en alternancia. Gracias a ello he conseguido mi residencia”.
Además, subraya que este proceso también ha tenido consecuencias positivas para su familia. “Gracias a esto también ha podido conseguir la nacionalidad mi hijo Julen, que ahora tiene seis años”, añade.
Durante su paso por el programa trabajó en el mantenimiento de los jardines del parque de Mugartea. “Aprendí muchísimo, aunque ya tenía algunos conocimientos de jardinería. Eso sí, aquí todo es muy diferente a otros países”, comenta.
Morocho destaca especialmente el apoyo recibido durante el proceso formativo. “La fundación es como mi familia. Me acogieron muy bien y estoy muy agradecida”.
Tras finalizar la escuela taller, comenzará una nueva etapa laboral. “Ahora termino el programa y voy a trabajar en una empresa”, finaliza.
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