La actualidad suele durar un instante que se consume y olvida. No obstante, hay fenómenos que obligan a levantar la vista del ruido informativo –o de los bulos– para mirar al cielo. Por ejemplo, como con el eclipse total de sol del próximo 12 de agosto, que se podrá observar desde gran parte de la Comunidad Foral de Navarra –en especial, en la zona de la Ribera– y que no volverá a repetirse en estas latitudes hasta dentro de un siglo.

O, al menos, eso es lo que dicen los expertos porque, mientras tanto, la habladuría popular asegura que “ya han visto” este fenómeno que no se produce desde 1905. De esta manera, en Los 12 antes del eclipse, una charla que tuvo lugar ayer en Baluarte, Francisco Doménech, periodista de Materia de El País, y Sara Cazzoli, investigadora y científica del Instituto de Astrología de Andalucía conversaron –con Arnaitz Fernández como maestro de ceremonias– acerca de periodismo, certezas y fake news en tiempos de eclipses.

Al principio, cuando no había tanta precisión científica, los eclipses necesitaban de un relato –un mito, una manera de contar y, de alguna manera, de hacer ciencia– para poder existir. Pero el paso del tiempo y la evolución han provocado que ahora sean, como resumió Cazzoli, “emoción –porque hace años que Europa no presencia uno de estas características–, ciencia –porque ahora se pueden describir y predecir con una ligera precisión– y tecnología –porque los instrumentos actuales permiten estudiar el sol con un detalle que antes era impensable”. Así, a través de esta síntesis del fenómeno determinó que se siente como Palomar, un personaje de la obra de Italo Calvino que no puede evitar no mirar un cielo estrellado. Y, en ese sentido, “Navarra es una tierra maravillosa y cuenta con sitios preciosos para observarlos”.

Pero más allá de la gran expectación, también prevalecen los malentendidos. Francisco Doménech habló de una “industria del bulo” que vive para sembrar dudas, aunque, para él, hay una mentira a la que también, como periodista y divulgador de la materia, debe enfrentarse: “Los recuerdos imaginados”. De hecho, apuntó que desde que hace dos años comenzó a hablar de que se aproximan tres eclipses –el famoso trío ibérico–, muchos conocidos le aseguran haber visto uno en sus pueblos cuando eran pequeños. El problema, que el último que se cruzó la península ibérica fue en el año 1905. “La gente está convencida y yo me quedo ojiplático”, admitió. Por su parte, Cazzoli ofreció una explicación mucho más benévola porque el recuerdo proviene de cuando los niños “aprendían qué eran los eclipses. Y no sabían distinguir entre uno total o parcial. No es falso, solo le falta rigor”, se rio.

Más allá de la anécdota, ambos coincidieron en que la mejor manera de combatir estos bulos es la pedagogía: “Se cazan más moscas con la miel”, sentenció la investigadora. La clave, dijo, reside en razonar desde la divulgación y hacer la ciencia más accesible. En ese sentido, Doménech señaló que, para hablar de eclipses en el periódico –y para que sus lectores le comprendan– suele recurrir a analogías como que este eclipse es una “lotería astronómica”. Y aunque los expertos recordaron que los eclipses no son fenómenos aleatorios, él insiste: “Nos ha tocado el Gordo de la lotería astronómica porque para que un eclipse total vuelva a producirse en un mismo lugar suelen pasar unos 400 años de diferencia”.

La ciencia bajo la sombra

El eclipse también tendrá valor científico. Al ocultarse el disco solar, la luz tenue de la corona solar se vuelve visible y permite estudiar zonas que, de normal, permanecen ocultas. “Habrá telescopios terrestres y espaciales que recogerán datos de manera simultánea para observar un campo magnético bastante misterioso porque sabemos que los polos solares se invierten cada once años pero no sabemos por qué ocurre”, expresó Cazzoli. Pero mientras eso sucede, la tarea inmediata –y general– es aprender a observarlo bien. La recomendación principal es usar gafas homologadas para eclipses para proteger la vista. Asimismo, también conviene prepararse con tiempo y “no dejarse llevar por la emoción”.

Porque el eclipse será también un acontecimiento social de gran escala en el Estado español, ya que es el único país europeo desde el que podrá verse con garantía. En ese sentido, Doménech aseguró que este fenómeno es “el eclipse de la España vaciada” porque muchas de las mejores condiciones de observación se darán en zonas rurales con horizontes más despejados. Y quizá ahí resida una pequeña lección para estos tiempos de ruido informativo. Frente a bulos, recuerdos inventados o advertencias sin fundamento, el eclipse llegará de manera puntual, previsible y silenciosa, sin que existan bulos, realidades alternativas o relatos enfrentados. Tan solo una verdad astronómica y una manera de contarlo.