“La impunidad en carretera es pequeña. En la mayoría de los casos somos capaces de determinar con bastante certeza qué ocurrió”. Además de su formación y experiencia, los agentes de la Brigada de Atestados de la Policía Foral, especializados en la investigación de accidentes de tráfico, disponen actualmente de herramientas que hace apenas una década eran impensables, como escáneres de reproducción tridimensional, análisis de registradores de datos de vehículo, conocidos como EDR, y ortofotos aéreas tomadas con drones, con los que pueden reconstruir con precisión milimétrica cómo se produjo un siniestro.

El objetivo es siempre el mismo: determinar la causa eficiente que lo desencadenó y, a partir de ahí, las responsabilidades. “Los accidentes son fenómenos físicos. Nosotros reconstruimos y recopilamos datos sobre esa evolución, cómo se ha producido ese hecho”, explica uno de los agentes responsables de estas investigaciones, Egoi Beperet. “Partimos de la posición final del siniestro e intentamos llegar al inicio mediante las deducciones que realizamos en base a las evidencias en el lugar”, añade.

EDR

El elemento que más ha transformado el trabajo de la unidad es el Registrador de Datos de Eventos (EDR), obligatorio en todos los vehículos fabricados desde 2014. A diferencia de una caja negra aeronáutica, el EDR registra únicamente los cinco últimos segundos antes de que se produzca un “evento” –una colisión, por ejemplo–, pero lo hace con una granularidad de 30 milisegundos. Los datos obtenidos incluyen la velocidad en cada instante, si el conductor frenó o no, el ángulo del volante, el sentido de la aceleración y si los airbags se desplegaron. “Es una mejora sustancial en la investigación de accidentes”, reconocen los agentes.

Si alguien no ha frenado, puede ser un despiste, puede haberse quedado dormido. Si ha frenado, se ha dado cuenta y ha intentado una maniobra evasiva. Son detalles que al final sirven para hacer el puzzle.” Un caso ejemplar fue un accidente en una salida de Tudela en el que un vehículo circulaba a 190 kilómetros por hora y que se saldó con dos personas fallecidas en Ribaforada. El siniestro generó tres eventos distintos en el EDR, lo que permitió reconstruir cada fase del impacto.

RECONSTRUCCIÓN EN 3D

En todos los accidentes con fallecidos, la unidad despliega un escáner de alta precisión que reproduce el escenario en tres dimensiones. Esa información se traslada a un ordenador donde, cruzada con los datos del EDR, las huellas de frenada, las marcas de arrastre en el asfalto –el llamado “gubiazo”, la señal que deja el punto de impacto en la calzada– y los testimonios de implicados y testigos, se elabora una reconstrucción dinámica del accidente, “como si fuera una película”.

Escáner de alta precisión que sirve para capturar el escenario de un accidente en 3D. Iñaki Porto

En los casos más graves, el Grupo de Apoyo Tecnológico de la Policía Foral interviene con drones para realizar ortofotos a escala del lugar del siniestro, imágenes aéreas que funcionan como un plano métrico de la escena. “Si tenemos los vehículos en la posición final, eso nos facilita luego mucho la reconstrucción”, resaltan los investigadores. Cuando los vehículos implicados son pesados, los tacógrafos aportan datos adicionales que los especialistas en transporte de la unidad incorporan al atestado. Y para siniestros anteriores al año 2014, los investigadores recurren a métodos tradicionales: cálculo de velocidades mediante deformaciones de carrocería, análisis de restos en la calzada y, cuando existe, grabación de vídeo de cámaras de tráfico o de establecimientos próximos.

Más allá de la reconstrucción técnica, la unidad ha afrontado casos de investigación criminal vinculados a accidentes. Uno de los más complejos en los últimos años fue el atropello de una menor en el nudo de Zizur por un conductor que se dio a la fuga. La investigación incluyó geoposicionamiento del teléfono móvil del sospechoso, inspección ocular del vehículo, análisis de la Policía Científica –que detectó restos biológicos– y una reconstrucción in situ. Sobre el uso del móvil al volante, los investigadores reconocen las limitaciones actuales. “Nosotros en muchos casos acercamos a una distracción del conductor, pero no la podemos definir con exactitud”, exponen. El tráfico de datos de un teléfono no es prueba de que estuviera siendo manipulado. En este sentido, los agentes valoran positivamente los debates en curso sobre la limitación de las grandes pantallas táctiles en los vehículos cuando están en movimiento.