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La vivienda, el problema que agrava la desigualdad

Expertos alertan de un desajuste entre formas de vida actuales, mercado residencial y políticas públicas

La vivienda, el problema que agrava la desigualdadUnai Beroiz

"¿Qué es exactamente el problema de la vivienda?" La pregunta, planteada por Javier Burón Cuadrado, no fue un mero recurso retórico, sino el punto de partida de un diagnóstico colectivo en el I Foro Interuniversitario de Vivienda: Miradas al problema de la vivienda, una aproximación, que tuvo lugar entre la Universidad de Navarra y la UPNA. Lejos de una respuesta única, lo que emergió fue un retrato complejo: la vivienda como eje donde confluyen desigualdad, transformación social, rigidez institucional y desajustes estructurales.

En la mesa redonda participaron Juan José Villalón Oyagar, decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED; Luis A. Camarero Rioja, catedrático e investigador en dinámicas socioterritoriales; Víctor Sánchez Salmerón, profesor de la Universidad Pública de Navarra; Asier Santas Torres, arquitecto y profesor en la Universidad de Navarra; y Israel Nagore Setién. La conversación, moderada por Burón, situó la aportación académica en el centro del debate y subrayó la necesidad de reforzar la colaboración entre universidad y administración.

Desde el inicio, una idea se impuso con fuerza: la vivienda ya no puede entenderse como un problema estrictamente material. “No estamos ante un problema material, de tener un techo, sino que es un tema eminentemente social”, señaló Víctor Sánchez, que situó el fenómeno en el terreno de la desigualdad social. En su intervención, describió cómo el acceso a la vivienda ha derivado en una “competencia de clase entre la población joven y con menos recursos” que tensiona la cohesión social. A esta dimensión visible se suma otra más silenciosa: hogares que logran mantenerse en su vivienda a costa de deteriorar sus condiciones de vida, una realidad que, según apuntó, apenas aparece en el debate público.

Mirada social y perspectiva territorial

Esa mirada social se complementó con una perspectiva territorial. Luis Camarero advirtió de un desajuste profundo entre el parque de vivienda existente y las formas de vida actuales. “Tenemos en grandes líneas un parque de vivienda inmovilizado”, afirmó, en referencia a una estructura residencial poco flexible frente a cambios como el aumento de los hogares unipersonales, la movilidad o el envejecimiento de la población. “Nuestros estilos de vida y tamaño de hogar han cambiado en los últimos 40 años”, añadió, apuntando a la necesidad de adaptar, rehabilitar y conectar las viviendas con servicios, más que limitarse a construir nuevas unidades bajo esquemas heredados.

En esa misma línea, Juan José Villalón situó la vivienda en el núcleo de la vida social. “La vivienda es el lugar donde desarrollamos nuestros proyectos vitales y relaciones más íntimas”, recordó, antes de describir un “desajuste sistémico” entre las aspiraciones de vida y los medios disponibles. Este desequilibrio se traduce, a su juicio, en precarización residencial, segregación socioespacial y desigualdades intergeneracionales. “El problema de la vivienda es el problema central de la desigualdad”, sostuvo, advirtiendo además del riesgo de una progresiva fragilización de los vínculos sociales.

El análisis se amplió con la intervención de Asier Santas, que introdujo una dimensión histórica al definir la situación como “una inadecuación crónica del mercado de la vivienda respecto de la demanda”. Un problema persistente que, sin embargo, se ha visto agravado por el desfase entre los instrumentos disponibles y la realidad actual. “No solucionamos nada porque las soluciones que se están usando pertenecen al siglo XX”, afirmó, señalando la necesidad de actualizar las políticas de vivienda y los marcos normativos.

En ese punto, la responsabilidad institucional emergió como una cuestión clave. Israel Nagore sintetizó una de las principales barreras: “Hay herramientas, pero hay que legislarlo de alguna manera; la pelota está en el tejado de la administración pública”. Camarero, por su parte, puso el foco en los ayuntamientos, a menudo olvidados en el diseño de políticas de vivienda pese a su papel potencialmente decisivo. Muchos consistorios, explicó, cuentan con recursos como vivienda pública o capacidad de mediación, pero carecen de medios técnicos y administrativos para gestionarlos, lo que limita su impacto en el territorio.

A lo largo del debate, también se cuestionó el enfoque excesivamente técnico que suele dominar la discusión pública. Víctor Sánchez reclamó “más sociología de la vivienda” para entender que no es lo mismo “una ciudad destinada al consumo que una ciudad para vivir”, mientras que Israel Nagore planteó la necesidad de incorporar a los propios habitantes en el diseño de sus entornos: “Diseñamos barrios enteros y entran personas que no han tomado ninguna decisión sobre el territorio habitable”. La participación ciudadana, en este sentido, se perfila como una vía para ajustar mejor la vivienda a las necesidades reales.

La colaboración multidisciplinar apareció finalmente como uno de los consensos más claros. “Todo aquello que se relaciona con la realidad tiene que ser multidisciplinar”, defendió Villalón. Sin embargo, esa cooperación se enfrenta a una limitación fundamental: la falta de datos. “Nos faltan muchos datos”, reconoció Camarero, que advirtió de la existencia de “procesos sociales en la sombra estadística”. La creación de sistemas de información compartidos entre administraciones, universidad y agentes sociales se plantea así como un paso imprescindible para diseñar políticas de vivienda más eficaces.