El 2 de abril leemos en la web de Chile y Argentina que el paso fronterizo de Jama se cerrará debido al mal tiempo hasta nuevo aviso. Ir en bici 160km sin abastecimiento ni casas, con un puerto de 30km al 7% a 4.800msnm, es para nuestra capacidad, imposible. Nos vemos obligados a comprar un billete y salir de San Pedro de Atacama un día antes.
Al día siguiente, a las 8:00 de la mañana cruzamos los dedos para que nos dejen meter las bicis en el maletero. Los autobuses de dos pisos llevan más gente y tienen menos espacio. El bodeguero está por la labor y configura un tetris con las maletas para que nuestras bicis quepan. Un sol radiante y un ascenso lento para fijar cada piedra del desierto y observar a las llamas comiendo las pocas hierbas que sobreviven. La cabeza se queja, hay que beber mucha agua, algunos mastican hojas de coca, otros cierran los ojos y los que no aguantan, vomitan. Llegamos al tercer paso fronterizo más alto del mundo. Toca sellar pasaportes, pero sobre todo descargar todo el equipaje, pasarlo por el scanner y volver a encajar ese quilombo (desorden) de maletas. Descargamos las bicis en una esplanada de tierra en Susques. Es un lugar donde confluyen varios ríos, ahora el fondo son cantos rodados y un línea verde de vegetación se dibuja con el único hilo de agua que queda.
Estamos a más de 3.600msnm. Varias calles tiradas con escuadra y cartabón, de casas de una planta, de chapa y hormigón, polvorientas. Es hora de siesta, las pocas personas que hay caminan lentamente, con ropa colorida, abrigados. Son bajitos, tienen rasgos andinos, tez morena, ojos rasgados y un acento cerrado que cuesta entender, nada tienen que ver con los argentinos del resto del país. Encontramos un alojamiento para viajeros, miles de pegatinas de moteros tapan los cristales, estamos en plena ruta 40. Los cuartos parecen de convento y la altitud, los nervios fronterizos o el cansancio acumulado, meten a Sheila en la cama dos días.
El sol luce para arrancar el país 28 del viaje, las rampas no son duras, pero a esa altura el cuerpo no responde igual. Sheila masca hojas de coca y parece que funciona. Desde el primer momento las llamas son parte del paisaje sobre todo en el Angosto de las burras, una especie de garganta de tierra roja con cactus a los lados, donde un rebaño nos espera en mitad de la carretera y posan para nosotros.
Pedaleamos por un paisaje montañoso, seco, luminoso. Esta región está dentro del triángulo del litio, aquí está el 50% de las reservas mundiales. Es el motor económico de la zona, pero a la vez su tumba. Desvían el agua y el resto de acuíferos los contamina. Vanesa, una chica que regenta un comedor en Aguadita de Cerro negro nos cuenta preocupada que cada vez hay menos agua. Nos muestra el pozo que han excavado, pero anticipa un futuro complicado. Nos llevamos su contacto y sentimos que un futuro proyecto lo haremos con ella. Esa noche dormimos en un centro de salud, Eli, la enfermera nos deja poner el colchón en el suelo.
Al día siguiente queremos salir temprano, pero el comienzo de las clases nos clava al otro lado de la valla para ver como izan la bandera y cantan el himno. Imagen que repetiremos en todas las escuelas que vemos. Cerca está Salina Grande, referente turístico del norte del país, que da trabajo a mucha gente. Desde ahí comienza la subida al alto de Lipán, por la parte “suave”, 15km hasta los 4.170msnm, techo de nuestro viaje. Los últimos 6km han sido sufridos, pero nos acompaña el viento y el sol. Con lo que la foto es placentera, calmada y desde el alto afrontamos una de las bajadas más increíbles del viaje. 32km hasta Pumamarca. De camino conocemos a Pepi y Gisela, una pareja que viaja en moto y con la que la conversación termina con una noche pagada por ellos en donde están alojados. Compartimos cena y buenas conversaciones, dos amigos que volveremos a ver por nuestra tierra.
De Pumamarca a Salta el escenario cambia tanto que si te durmieras al comienzo del viaje y despertaras al final, pensarías que has viajado días y no sólo 150km. Comenzamos con un paisaje que se formó hace millones de años llamado El cerro de los siete colores, según la hora del día, las rocas muestran diferentes tonalidades. En pocos kilómetros aparece un paisaje jurásico lleno de vegetación por donde baja el río Grande hasta San Salvador de Jujuy. Desde ahí seguimos la 9 hasta Salta por una carretera famosa para ciclistas y moteros, llena de curvas, pero sobre todo fascinante porque parece una jungla. A veces un viaje en bici te da etapas llanas y anodinas por las rectas de Namibia y otras en cuatro etapas has vivido cuatro mundos, cuatro regalos que hubieras preferido salpicarlos a lo largo del viaje.
Desde Salta viajamos a Corrientes, nos quitamos en bus una recta interminable y plana del gran Chaco. Afrontamos ocho etapas hasta Iguazú. La bici se puede resumir en un bloque plano y otro de toboganes. Pero lo esencial de las provincias de Corrientes y Misiones han sido las personas. Cada día ha sido una experiencia humana que nos muestra la calidad que tienen. El primer día es Armando, que nos deja dormir en una capilla, el segundo, Jerónimo, un chico rehabilitado de la droga, que me corta el pelo en su cuarto, el tercero Marta nos hace precio para dormir en su cabaña, el cuarto, Néstor y Rossy nos acogen en su casa, el quinto compartimos un día muy bonito con Bernardo y Gisela en Posadas, el sexto y séptimo Gloria y Juan, dos directores, nos permiten dormir en sus aulas, el octavo, Manuel nos regala comida y nos consigue alojamiento en Iguazú. Una traca solidaria para terminar Argentina que nos hace crecer muchos centímetros.
Cuando uno planifica un viaje y más uno tan largo, pone varias chinchetas en ese mapa mental. Este tramo tenía una en Atacama, otra en Salta y la tercera en una de las siete maravillas del mundo, las cataratas de Iguazú. Las hay más altas, con más caudal, pero la complejidad de saltos, 275, en casi 3km, le otorga el título de maravilla. Caminamos 20km ese día y cada centímetro ha merecido la pena. Cada año la visitan más de un millón y medio de personas y creo que tenemos suerte, porque podemos verlas sin grandes aglomeraciones. Esa noche mirando los lugares más visitados del mundo, me quedo atónito, este lugar está muy lejos de los siete millones de la torre Eiffel, los diez de la muralla china y sobre todo de los cincuenta de Times Square en Nueva York.
El 21 de abril cruzamos la frontera al país 29, Brasil, todo está cerrado, es una fiesta nacional, “El tiradentes”, en honor a Joaquím da Silva Xavier, un dentista que lideró la revolución contra el dominio portugués en 1792. Orgulloso del tocayo, pero no encontramos nada para poder comprar comida. Al terminar la etapa en Missal, dos mujeres, Carla y Martha, sin dudarlo nos hacen seguirlas hasta su casa. Pasamos una tarde buenísima con madre, hija y nietas. Carla es profesora y surge otra charla en su colegio al día siguiente. Nos cuidan como si fuéramos de la familia y en la escuela, Carla se emociona al presentarnos y de lo afortunada que ha sido de conocernos. Entramos en Brasil con alfombra roja, ya que en la siguiente ciudad, es la prima de Carla la que nos acoge. Aquí la experiencia es peculiar. Una pareja acomodada, dentistas y que nos recibe en una casa del tamaño de un hotel. La casualidad surge porque es cuarta feira (miércoles), Valdir, el marido, tiene cena de amigos, Loiva, la mujer, tiene reunión de amigas. Así que nos separan. Yo voy al club de tenis a los miércoles de carne y vino con un grupo de hombres de diferentes edades y que podrían pagar muchas de las escuelas que estamos haciendo, pero que la conversación se inclina más hacia el partido del corintians que televisan. Disfruto de la carne mientras Sheila acude a la reunión de una logia masónica de mujeres. Dos veladas muy diferentes entre nosotros y sobre todo, de la vivida el día anterior con Carla y su familia.
Al día siguiente sobre la bici cada uno comenta su cena, su experiencia y mundos muy alejados del nuestro y de las realidades hacia las que pedaleamos. En Brasil, casi un tercio del país, el cuarto más grande del mundo, se dedica a la ganadería y la agricultura. Brasil es de los mayores exportadores de determinados productos. El agro brasileño es el 25% de su PIB y sus empresas tienen gran influencia en el gobierno. Lo peor es la deforestación amazónica para estos intereses. Hay que recordar que la Amazonía contiene la quinta parte del agua dulce del mundo, fija mucho carbono, regula el clima y su biodiversidad es gigante. Los lobbys agropecuarios y mineros están acabando con ello. Las extensiones son tan grandes que el mayor terrateniente histórico en todo el mundo, es brasileño, José Julio de Andrade llegó a poseer 30.000km2, tres veces Navarra.
Por todo esto, pedaleamos por llanuras donde el maíz, la soja y los pastos con vacas son la rutina visual. Cuando no llueve, hace mucho calor y el clima es húmedo, en zonas de plantaciones favorece la aparición de unas moscas, sírfidos, que se mimetizan con abejas para evitar depredadores y sobre todo, que hacen que las paradas sean un infierno. Las bicis se llenan de moscas y se meten por las rendijas del casco. Te empujan a rodar por la carretera para que el viento se las lleve.
Pasamos de la región de Paraná a la de Mato Grosso do sul por el puente Ayrton Senna, 3,5km estrechos con el foco puesto en Punta Porá. Desde aquí lindamos constantemente con Paraguay, en cada paso fronterizo hay colas interminables de coches, venden producto importado barato por los bajos impuestos.
Una de las noches, en Iguatemi dormimos bajo un techo de un parque municipal. Por la tarde las familias juegan a vóley, fútbol y al anochecer, Maria y Cezar, que nos han visto a la tarde, vienen con un táper lleno de arroz con carne. Esa noche el cielo se rompe y diluvia durante horas. Esa etapa la pasamos plastificados con los chubasqueros hasta Tacuru y no queda otra que buscar un hotel para secar todo. Las carreteras de cultivos nos llevan hasta Amambai donde Mario, un coordinador de la iglesia local, nos deja dormir en una casa de acogida en la que vive un padre con sus dos hijos. Aceptamos el ofrecimiento y esa noche compartimos el espacio con ellos y nos abre los ojos un poquito más sobre realidades ajenas por la suerte que tenemos. Nuevos proyectos que se escriben en mi bloc de notas mental para el futuro. Es muy difícil ponerse en la piel de un padre con hijos que no tienen casa y esto ayuda a empatizar un poco más.
Desde ahí, hacemos la última etapa en Brasil y celebramos muchas cosas, doscientas etapas, 14.000km y sobre todo un año desde que salimos de casa. Han pasado tantos paisajes, personas y proyectos que parecen distintos viajes. Recordamos ese 28 de abril de 2025, Europa se apagaba y nosotros iniciábamos un viaje con todas las expectativas por cumplir. Ahora muchas de ellas son una realidad y las hemos superado con creces.
Punta Porá es una frontera seca con Pedro Juán Caballero. Quiere decir que no hay una frontera como tal. La ciudad se divide en dos, en una calle los carteles están en brasileño y en la de en frente te hablan en castellano. En una son las 15:00 de la tarde y en la de en frente, las 16:00. Es un lugar curioso para experimentar. Es nuestro último día, sellamos pasaportes, hacemos compras y lavamos ropa, pero todo con precaución. Esta zona es uno de los lugares más sensibles e importantes del narcotráfico de todo Sudamérica. Por aquí se han llegado a incautar hasta 120 toneladas de cocaína en un año. La Cocaína boliviana y peruana, sumada a la marihuana paraguaya, genera mucho trabajo, cada día pasan cientos de muleros por esta frontera que lo favorece. Brasil es un gran consumidor, pero es el paso hacia Europa. El PCC, Primer Comando de Capital, es la banda que controla todo. Hay mucho dinero en juego que soborna a las autoridades y la violencia entre bandas es habitual. En esta ciudad ocurren un tercio de los asesinatos de todo Paraguay. Por todos estos datos, caminamos de día, por lugares seguros y sobre todo pasamos el resto del tiempo en el hotel para despedir Brasil y este mes de viaje. Cada vez más cerca del cuarto proyecto en Bolivia y con nuestro objetivo económico paralizado hace tiempo. Confiamos que este último tercio del viaje sea el empujón definitivo y que nuestras pedaladas se vean recompensadas a final de viaje.
PERSONAJE E HISTORIA
La Batalla de Tucumán, fue un enfrentamiento clave de la independencia de Argentina. El 24 de septiembre de 1812, el ejército patriota, comandado por Manuel Belgrano, decidió desobedecer órdenes de retirada para enfrentar a los realistas. El ejército español buscaba avanzar desde el Alto Perú hacia el sur. Las fuerzas patriotas eran inferiores en número y recursos, pero contaban con el apoyo de la población local. Varios factores llevaron a la derrota española y su retirada. Manuel destacó en el campo de batalla y también por sus ideas sobre educación, desarrollo y organización del nuevo país. Uno de sus mayores legados fue la creación de la Bandera de Argentina en 1812. Esta batalla marcó el camino hacia la independencia el 9 de julio de 1816 en el Congreso de Tucumán.
Volviendo a la batalla, la victoria fue posible gracias al apoyo local. Destacó en grupo de mujeres llamadas “Las bomberas de Tucumán”. Ellas participaban activamente y atendían los heridos. Una de las más destacadas fue María Remedios del Valle. Fue herida en múltiples ocasiones demostrando una gran resistencia y compromiso.
Belgrano reconoció su valor y la nombró capitana, algo excepcional para la época. Por eso se la considera una figura clave: simboliza la participación femenina y afrodescendiente en la independencia, muchas veces invisibilizada en la historia tradicional.
Otra mujer fue, Martina Silva de Gurruchaga, destacada en la lucha por la independencia argentina. De familia influyente, puso sus recursos personales al servicio de la causa patriota. Ayudó a sostener la moral de los soldados y a articular la participación de la población local, algo clave en momentos críticos como la campaña que llevó a la Batalla de Tucumán. Se la considera una figura importante porque muestra que la independencia no fue solo una lucha militar, sino también social, donde civiles (en especial mujeres) tuvieron un rol fundamental, aunque muchas veces poco reconocido.
PARA SABER MÁS
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