Nueve navarros viajaban en el Hondius antes de la alerta sanitaria internacional
El grupo, ya en España, no ha presentado problemas de salud relacionados con el brote
El brote de hantavirus detectado a bordo del crucero MV Hondius ha activado una alerta sanitaria internacional que mantiene confinados a pasajeros y tripulación a la espera de una evacuación segura. La situación, que ya ha causado tres fallecimientos, será gestionada en España cuando la embarcación atraque en Tenerife en los próximos días. Allí, los afectados recibirán atención médica especializada en el hospital de La Candelaria, en cumplimiento de los protocolos internacionales y a petición de la Organización Mundial de la Salud.
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Sin embargo, lejos del foco actual de preocupación, un grupo de antiguos pasajeros navarros que formaron parte de la travesía semanas atrás observa la situación con calma. Entre ellos se encuentran nueve navarros que desembarcaron en Ushuaia a comienzos de abril, tras completar parte de una expedición de mes y medio que incluyó inmersiones en la Antártida.
Uno de ellos es Luis Gorricho, experimentado buceador e instructor ya retirado, con una larga trayectoria en expediciones marítimas por todo el mundo. “Nosotros hicimos la expedición a la Antártida y parte del grupo pudimos bucear allí. El día 1 desembarcamos casi todos los pasajeros, incluida parte de la tripulación. El barco continuó su ruta hacia el sur de África”, explica.
Más de un mes después de su regreso, asegura en declaraciones recogidas por RNE que ninguno de los integrantes del grupo ha presentado síntomas ni problemas de salud relacionados con el virus. Esta circunstancia refuerza su sensación de tranquilidad, aunque lamenta que ni las autoridades sanitarias ni la empresa responsable del crucero se hayan puesto en contacto con ellos para hacer seguimiento.
Gorricho también destaca las estrictas condiciones higiénicas que se mantenían a bordo. Según su testimonio, el control sobre equipajes y vestimenta era riguroso, acompañado de constantes procesos de desinfección. Hasta elementos aparentemente insignificantes, como el velcro de las prendas, eran revisados con detenimiento para eliminar cualquier resto de suciedad o materia orgánica. Incluso señala que pudo visitar la sala de máquinas, donde le sorprendió el alto nivel de limpieza y orden, así como las medidas preventivas para evitar la entrada de roedores.
Además, cada embarque y desembarque implicaba protocolos de desinfección con rodillos, bandejas con líquidos sanitizantes y controles sistemáticos del material utilizado por los pasajeros.
Hantavirus: el miedo tiene memoria
El origen del contagio sigue siendo un interrogante. En un entorno sometido a controles tan estrictos, la aparición de casos ha generado desconcierto entre los pasajeros.
Gorricho reconoce que entre quienes vivieron la travesía se barajan distintas hipótesis, aunque ninguna concluyente.
“Nosotros nos inclinamos más a pensar que pudo entrar alguien ya contagiado”, explica, subrayando que las condiciones de limpieza del barco hacían poco probable una transmisión derivada del propio entorno.
El buceador también menciona medidas adicionales de seguridad a bordo, como sistemas antirroedores en los cabos de amarre, diseñados para evitar la entrada de ratas a través de las cuerdas, un problema histórico en la navegación marítima.
La expedición, organizada con años de antelación y un coste elevado, se transformó en una experiencia agridulce. Para los pasajeros, la incertidumbre sobre lo ocurrido tras su desembarco añade una capa de inquietud a lo que debía ser un viaje inolvidable.
“Ahora lo ves con perspectiva y piensas que te podría haber tocado durante el viaje y haberte arruinado la experiencia”, reconoce Gorricho.
Sin embargo, todos los miembros del grupo con los que ha mantenido contacto aseguran encontrarse en buen estado de salud, sin síntomas relacionados con el brote, algo que les ha aportado cierta tranquilidad tras la noticia. Uno de los aspectos que más sorprende a los pasajeros es la falta de comunicación posterior tanto por parte de las autoridades sanitarias como de la propia compañía naviera.
“Nadie se ha puesto en contacto con nosotros”, afirma Gorricho, quien señala que no han recibido ninguna indicación ni seguimiento oficial tras su regreso.
El testimonio del buceador incluye además una anécdota que ilustra la naturaleza impredecible de la vida en el mar. En una expedición anterior, tras desembarcar, el barco en el que viajaba sufrió un incendio y terminó hundiéndose en la siguiente travesía, un episodio ocurrido en aguas de Indonesia.
“Son cosas que te hacen ver lo imprevisible que puede ser este mundo”, comenta. La historia del Hondius deja abiertas muchas preguntas, tanto sobre el origen del brote como sobre la vulnerabilidad de los entornos cerrados en grandes expediciones marítimas. Para los pasajeros navarros queda el recuerdo de una experiencia única en la Antártida, pero también la inquietud de un episodio sanitario aún sin respuestas claras.
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