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Dos estudiantes premiadas con el premio extraordinario de FP en Navarra: “Sacar buena nota me ha costado muchos cafés y muchos lloros”

Raquel Barrios y Amaya Lizalde terminaron sus grados con una media de 9,5 y expresan su orgullo por formar parte de los 42 galardonados

Dos estudiantes premiadas con el premio extraordinario de FP en Navarra: “Sacar buena nota me ha costado muchos cafés y muchos lloros”I. Díaz

Raquel Barrios y Amaya Lizalde terminaron sus grados de Formación Profesional con un 9,5. Las dos son de Iruña, cambiaron de rumbo en algún momento y las dos tienen menos claro el futuro de lo que sugiere esa nota. Pero lejos de ser un problema, parece una señal de que han elegido bien. De eso están seguras.

Raquel tiene 23 años y ha terminado Grabado y Técnicas de Estampación en la Escuela de Artes. Antes estudiaba Biomedicina en la universidad. Lo dejó, se metió en el grado superior sin saber muy bien qué era el grabado, y le encantó. Lo que la convenció fue verlo en una jornada de puertas abiertas: todo taller, todo manual, sin ordenadores por medio. "Me gustaba mucho más lo manual", explica. "Tuve suerte de que mis padres me dejaran cambiar", añade. Hoy en día trabaja como profesora en una academia con niños pequeños y estudia Bellas Artes en paralelo, con varias asignaturas convalidadas gracias al grado. Y cuando se le pregunta por el futuro no fuerza la respuesta: museos, quizás. Seguir en la enseñanza, quizás. Descubrir en la carrera qué es lo que de verdad le tira. A los 23, con ese expediente, todavía se puede permitir no saberlo.

Elegir lo que uno ama

Por su parte, Amaya Lizalde tiene 18 años y viene de Noáin. Terminó Confección y Moda con una nota similar, aunque cuando se lo preguntan contesta "por ahí, creo", con una imprecisión que tiene algo de honesta. También pensó en Bellas Artes porque se pasa el día dibujando y siempre pensó que era lo suyo, pero lo descartó porque "si trabajo de lo que más me gusta, acabo quemada". Eligió la moda como forma de expresarse desde otro sitio. "La gente te mira por la calle y dice algo de ti sin que tú hayas abierto la boca", explica.

El segundo curso fue el duro. En su casa nadie cose, así que tuvo que aprender a buscarse la vida. "Muchos cafés de máquina, muchos lloros", resume. Lo que la sostuvo fue tener compañeras pasando exactamente por lo mismo, todas cargando con proyectos que nadie en casa podía ayudarles a resolver. Terminó sus prácticas en una empresa de vestidos de novia y descubrió que le gustaba bastante. Ahora espera que el siguiente paso lo marque lo que encuentren por el camino. Y en ambos casos, las dos apostaron por lo que les apasionaba, sobrevivieron al intento y salieron con un 9,5.