Un equipo de investigadores del Instituto de Biodiversidad y Medioambiente BIOMA de la Universidad de Navarra ha publicado un nuevo estudio que arroja luz sobre cómo el aumento de dióxido de carbono (CO₂) en la atmósfera podría influir en el futuro de la agricultura y la seguridad alimentaria. El trabajo, liderado por el doctorando Mohammad Abdullah, cuenta también con la participación de los investigadores Nieves Goicoechea y Johann Martínez-Lüscher.

Publicado en Journal of the Science of Food and Agriculture, el trabajo analiza el comportamiento de dos tipos de lenteja Pardina -una variedad comercial y otra tradicional española- cultivadas en condiciones de CO₂ elevado, similares a las provocadas por el cambio climático. Los resultados muestran que ambas variedades responden positivamente al incremento de CO₂ aumentando su crecimiento y producción, aunque lo hacen de manera diferente.

Por un lado, el estudio corroboró que la variedad comercial produjo más semillas y mejoró su eficiencia en el uso del agua, lo que la convierte en una opción interesante desde el punto de vista productivo. En concreto, la producción de semillas aumentó hasta un 73% bajo condiciones de CO₂ elevado. Por otro lado, la variedad local mostró una respuesta más equilibrada en términos nutricionales. Aunque su aumento de producción fue menor, mejoró el contenido de algunos minerales esenciales como zinc, calcio o manganeso, nutrientes clave para la salud humana.

Diseñar estrategias agrícolas sostenibles

“Los resultados muestran que el aumento de CO₂ no tiene un efecto único sobre los cultivos: mientras que las variedades comerciales responden con mayores rendimientos, las locales conservan mejor su calidad nutricional. Este equilibrio entre cantidad y calidad será clave para diseñar estrategias agrícolas sostenibles en un contexto de cambio climático y garantizar una seguridad alimentaria real en el futuro”, asegura Mohammad Abdullah, autor principal del artículo.

El estudio también revela que el aumento de CO₂ incrementa el contenido de almidón en las semillas, lo que puede alterar su valor nutricional al reducir la proporción de proteínas respecto a los carbohidratos. Según los autores, estos resultados ponen de manifiesto la importancia de combinar productividad y calidad nutricional en los programas de mejora agrícola. Las variedades tradicionales, a menudo menos productivas, podrían desempeñar un papel clave como reservorio de genes beneficiosos frente a futuros escenarios climáticos.