Julio Alberto Moreno: "Las drogas son una condena perpetua para muchas personas"
El exfutbolista del Atlético de Madrid y del Barça, lo perdió todo por su adicción, pero contó con apoyos para su recuperación
Julio Alberto Moreno, una exestrella del fútbol que jugó en el Atlético de Madrid, el Barça y con la selección española, fue un niño que lo hizo todo por su familia cuando apenas tenían dinero para vivir.
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Por eso, cuando tenía 14 años y vivía junto con su madre y sus hermanos en una pensión, trabajó como botones de un hotel, sacaba a perros a pasear a la calle, descargaba cajas, etc. Hasta que, un día, leyó el periódico y vio que había dos anuncios del Real Madrid y del Atlético de Madrid. "Recé de todo para que me llamaran de alguno de los equipos y, poco después, me llamaron del Atlético", relata. A partir de este momento, cuando empezó a destacar y le dieron todas las facilidades del mundo para vivir bien, empezaron los problemas.
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De la gloria al abismo
"Me fue muy bien el el primer equipo, me hice con un bien puesto y estuve hasta que el Barça se fijó en mí. Tuve tanto éxito que sufrí un cambio personal muy brusco porque crecieron tanto mi ego como mi prepotencia", confiesa durante el final de las jornadas de la segunda edición del Circuito Relife. "Me olvidé de estar con mi familia, quienes eran la razón por la que había luchado tanto", dice.
En 1991 se retira del fútbol "con mucho dinero", pero sin gente a su lado. Y él, desencantado con su vida y solo, empezó a juguetear con la cocaína. Y se enganchó, sufrió una sobredosis, estuvo en coma, se encontró tirado en la calle. "No podía más, pero tampoco podía salir de ahí. Me había convertido en un monstruo que no salía de casa. Me miraba en el espejo y me odiaba por haber fallado a mi familia. Las drogas son una condena perpetua para mucha gente", se lamenta. Por suerte, él se dio cuenta a tiempo, pidió ayuda y vio que su familia y amigos seguían ahí. "Me prometí a mí mismo no volver a fallar, no volver a equivocarme y pude tener una relación fabulosa con mi familia". Así, después de un relato crudo, pero bello y con un final muy tierno que dejará un poco en los chavales, termina diciendo que desea que se acuerden en un futuro de lo que ha contado. "Tenéis una vida preciosa que no podéis desperdiciar. Lo que yo he aprendido en todo este tiempo es que es necesario que estemos enamorados de la vida".
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