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Un problema que no deja de crecer en La Concha de Donostia - San Sebastián

Una acción que destapa un daño ambiental de magnitud que acaba llegando al mar

Un problema que no deja de crecer en La Concha de Donostia - San SebastiánJavier Colmenero

Quienes este sábado tomaron parte en el Colillatón de Surfrider tuvieron que sortear el importante número de bañistas que acudieron a la playa de La Concha. El sol y las altas temperaturas acompañaron la recogida de colillas en un arenal en el que ya este año, una vez se apruebe la nueva Ordenanza de Playas de Donostia (en el Pleno de junio o el de julio), ya no se podrá fumar.

Segunda cita en Donostia

La de este sábado fue la segunda convocatoria de Surfrider en San Sebastián, tras la celebrada el pasado 3 de junio en la playa de La Zurriola y los alrededores del paseo, cita en la que tomaron parte 45 personas voluntarias que lograron recoger 2.700 colillas en una hora.

El alto número de colillas recogidas, subrayó la responsable de Educación y Voluntariado de la ONGD, María Ballesteros, “evidenció la magnitud del problema, ya que muchas de ellas no solo se encontraban en la propia playa, sino también en los alrededores, donde habían quedado acumuladas o habían sido arrastradas por la lluvia y el viento”.

Acciones como la desarrollada este sábado pretendieron ser, asimismo, una llamada a la concienciación. De ahí que la iniciativa comenzara con una breve explicación sobre el impacto ambiental de las colillas.

Gran impacto en el medio ambiente

Y es que dicho impacto, recordó el coordinador de Surfrider España, Xavier Curto, es grande ya que las colillas “siguen siendo uno de los residuos más invisibilizados y, al mismo tiempo, más presentes en nuestros entornos urbanos y naturales”.

Cada año, 4,5 billones de colillas acaban abandonadas en la naturaleza, donde liberan más de 7.000 sustancias tóxicas.

Muchas de ellas acaban en los ríos, montes y océanos. Surfrider, con el Colillatón, quiso contribuir a retirar un buen número de estas colillas de esos lugares en los que se depositan, en este caso de las playas donostiarras.

La respuesta de la población de Donostia, destacó Ballesteros, estuvo siendo “muy positiva”, lo que “demostró que existe una creciente preocupación por el impacto de las colillas en nuestro entorno”.