La frase Guardar el dinero bajo el colchón suena a otra época, a aquella en la que había personas mayores que preferían tener los ahorros a mano "por si acaso". Hoy ya casi nadie guarda el dinero en casa, pero el hábito de mantenerlo inmóvil en la cuenta corriente, aunque no vaya a hacer falta a corto plazo, es muy habitual y eso a veces supone un problema.
Es cierto que tener el dinero parado transmite tranquilidad, pero también tiene un coste invisible que no se aprecia en los extractos bancarios y es que, aunque la cantidad siga siendo la misma, cada año vale un poco menos. Esto se debe a la inflación.
¿Y en qué se traduce la inflación? Explicado de una forma sencilla es que, si los precios suben y el dinero en el banco no genera rentabilidad, se pierde poder adquisitivo. Si se tiene 10.000 euros en la cuenta corriente, cada año que pase se podrán comprar menos cosas con el mismo dinero.
Remuneración próxima al 0%
Según datos del Banco de España, los hogares españoles cerraron 2025 con más de 1,06 billones de euros en depósitos. De ellos, una parte muy importante son ahorros inmóviles que están en cuentas corrientes con remuneraciones cercanas al 0%.
Es cierto que los precios ya no crecen al ritmo desbocado de hace unos años. Después del 6,5% de inflación de 2021 y el 5,7% de 2022, el indicador se moderó al 3,1% en 2023, al 2,8% en 2024 y al 2,7% en 2025. Pero incluso con esas cifras más contenidas, el dinero seguirá perdiendo valor con el paso del tiempo.
Si seguimos con el ejemplo de los 10.000 euros quietos en una cuenta, con una inflación media que ronda el 3%, un año después esos ahorros tendrán un poder adquisitivo equivalente a unos 9.700 euros. En cinco años, aunque el saldo de la cuenta seguirá marcando 10.000 euros, el valor real bajaría hasta aproximadamente los 8.587 euros. Y ahí está precisamente el gran engaño del dinero parado, que la pérdida no se ve, pero existe.
Coste de oportunidad
Hay también otro coste aún menos visible que el dinero que se pierde y es el coste de oportunidad, es decir, el dinero que se deja de ganar por no mover los ahorros. No todo el mundo está dispuesto a invertir en productos de mucho riesgo, pero hablar de inversión no siempre significa jugarse los ahorros.
De hecho, para los perfiles más conservadores hay alternativas intermedias pensadas para evitar que el dinero pierda valor sin asumir sobresaltos. Las cuentas remuneradas, los depósitos a plazo, las letras del Tesoro o los fondos monetarios son algunas de las opciones más utilizadas por quienes buscan mantener liquidez y, al mismo tiempo, conseguir una rentabilidad moderada.
No hay que olvidar que la finalidad de una cuenta corriente es cubrir el día a día (cobrar la nómina, pagar recibos, tener dinero disponible…) y no proteger el patrimonio a largo plazo. Los usuarios acumulan en ellas sus ahorros durante años por pura inercia o por miedo a equivocarse y su temor es comprensible. Sin embargo, no hay que perder nunca de vista la máxima de que ahorrar no debe ser solo guardar dinero, sino también proteger el valor de ese dinero.