La confianza, el acompañamiento y la formación constituyen las claves que Navarra ha propuesto en su compromiso para que los alumnos aprovechen la tecnología en su aprendizaje y para que esta funcione como una vía hacia una ciudadanía plena, crítica y participativa. Así se planteó ayer en la II Jornada de Competencia Digital Educativa, celebrada en el Palacio de Congresos y Auditorio Baluarte de Pamplona y organizada por el Departamento de Educación del Gobierno de Navarra. Al encuentro asistieron más de 250 profesionales del ámbito educativo, que debatieron sobre el avance hacia una digitalización responsable en las aulas.
María Chivite, que participó en la inauguración de las jornadas, aseguró que la principal responsabilidad de la educación no es formar usuarios de tecnología, sino “personas capaces de comprender la realidad que les rodea, analizarla con criterio propio y ejercer una ciudadanía libre, responsable y comprometida. La clave nunca ha sido cuánta tecnología se utiliza”, incidió, “sino para qué, cómo y quién dirige ese proceso”. Junto a Chivite asistieron el consejero de Educación, Carlos Gimeno, y el director del Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado (INTEF), Julio Albalad, que después participó en una de las mesas de debate de la jornada junto a Nacho Guadix, responsable de Educación y Derechos Digitales de la Infancia en UNICEF España, y Luis Calatayud, director general de Infraestructuras, Digitalización y Servicios Educativos del Gobierno de Navarra.
La normativa educativa vigente obliga a trabajar la competencia digital en las aulas desde su implantación en 2021, con el horizonte de que los alumnos alcancen una competencia digital plena a los 16 años. A ello se suma que buena parte de los fondos europeos destinados a digitalización se ha dirigido a la formación del profesorado, una apuesta que los ponentes señalaron como clave para que los centros puedan acompañar a los menores en un uso responsable de la tecnología.
Usuarios y ciudadanos digitales
Guadix defendió durante el debate que lo digital debe entenderse como una extensión de los derechos de la infancia y no solo como un riesgo que vigilar. “Necesitamos una escuela que dé competencias digitales y que las sume a las competencias ciudadanas”, explicó, antes de reclamar que cada agente implicado –familias, centros educativos y administración— asuma su parte de responsabilidad: “cuando cada uno ofrece lo que le corresponde, la solución está más cerca”. Calatayud coincidió en que la confianza en la infancia y el acompañamiento docente son la única vía para que los centros funcionen como espacios de uso responsable de la tecnología, y recordó que gran parte de los fondos europeos destinados a digitalización se dirigió a la formación del profesorado.
Un debate mal planteado
Calatayud insistió en que la discusión no debería centrarse en si se usan pantallas en el aula, sino en “para qué, cómo y por qué” se utilizan. Albalad fue más allá al calificar el debate social como “injustamente planteado”, ya que un alumno pasa en torno al 30% de su tiempo en el instituto y el resto fuera de él, por lo que el reto no está tanto en la exposición a la tecnología en la escuela como en lo que ocurre en el resto de su vida digital.
Riesgos contrastados: acoso, datos y bienestar emocional
Guadix pidió no señalar a la tecnología como única responsable del malestar adolescente, pero sí abordar con rigor la seguridad de los datos y los riesgos contrastados: el acceso a contenido inadecuado, los discursos de odio, el contacto con desconocidos o el ciberacoso. Según explicó, los datos disponibles mostraban que el ciberacoso había descendido en los últimos años mientras el acoso en general había aumentado, lo que evidenciaba que los menores se mueven en un entorno violento que después se traslada también al ámbito digital. El representante de UNICEF advirtió de que, si la respuesta se limita al marco escolar sin implicar también a las familias, “la solución es parcial”.
el reto de la ia en las aulas
Calatayud defendió la inteligencia artificial como una herramienta para mejorar los procesos de enseñanza y reducir brechas, y explicó que en Navarra se trabaja en espacios colaborativos en red para compartir avances entre docentes. Albalad señaló que el 85% del profesorado ya utiliza IA en su práctica diaria. Guadix, sin embargo, llamó a la cautela: profesores y alumnos llegaron “al mismo punto el mismo día” frente a una tecnología que está en muy pocas manos, con sesgos importantes y usos que generan preocupación, como su empleo para pedir consejo sobre salud mental o relaciones personales sin saber quién hay detrás de las respuestas. En definitiva, los ponentes coincidieron en que las nuevas tecnologías, bien acompañadas, deben servir para construir una ciudadanía libre, responsable y comprometida.