Lo que esta tarde ha arrancado como un fuego circunscrito a la parte alta del pinar de Oriz, entre Imárcoain y Beriáin, no tarda en ganar terreno hacia la N-121 y, desde ahí, hacia las fincas situadas al sur, en dirección a Campanas. En cuestión de minutos, lo que parecía un incendio forestal contenido en el monte pasa a convertirse en una emergencia que obliga a movilizar numerosos efectivos terrestres y aéreos, entre ellos varios helicópteros que realizan descargas de agua desde el embalse de la Morea, situado en las inmediaciones.

Un campo de girasol hace de contención durante los primeros compases, actuando casi como un cortafuegos natural, pero las llamas acaban saltando poco después hasta un terreno de cultivo pegado a la autopista, lo que obliga a intensificar las labores de extinción ante el riesgo de que el fuego afecte a esta vía de comunicación.

El alcalde del Valle de Elorz, Mikel Navarro, pone el foco en la reacción de los agricultores de la zona, que sin esperar instrucciones se lanzan a abrir cortafuegos con su propia maquinaria agrícola para ayudar a contener el avance del fuego mientras los bomberos de Navarra se ocupan de la extinción. El regidor califica de "magnífica" esa respuesta espontánea y remarca el papel de los vecinos en una jornada de emergencia, subrayando que la implicación inmediata del sector agrícola es clave para evitar males mayores mientras llegan más recursos.

El alcalde tampoco se olvida del resto de efectivos desplegados: Policía Municipal, Guardia Civil, Policía Foral y Protección Civil, cuyo trabajo coordinado sobre el terreno resulta determinante para atajar un incendio que, en sus primeros minutos, siembra cierta alarma por la velocidad con la que avanza hacia zonas de cultivo y su cercanía a vías como la N-121 y la autopista. Navarro insiste en que la coordinación entre todos los cuerpos, sumada a la rápida respuesta vecinal, permite controlar la situación antes de que el fuego alcance mayores proporciones o ponga en riesgo infraestructuras cercanas.

El incendio de Oriz, que también es visible desde el cercano embalse de la Morea —donde varios bañistas presencian con inquietud las llamas y el despliegue de los helicópteros—, queda finalmente controlado tras varias horas de trabajo conjunto entre medios terrestres y aéreos.