Formarse y aprender en un centro penitenciario es posible gracias al programa de estudios universitarios en centros penitenciarios, en el que UNED Pamplona participa desde hace tres años impartiendo clases del Curso de Acceso a la Universidad en la prisión de Pamplona. Además de este programa, este centro asociado oferta desde este año dos talleres formativos: Pensar para qué y El derecho en nuestras vidas, impartidos, de forma voluntaria, por los profesores del centro Francisco Javier Blázquez Ruiz y Arancha Yuste Jordán.

Aitziber Aldabe, coordinadora académica del centro, hace un balance muy positivo de esta iniciativa. “Se trata de aportar a las personas privadas de libertad otra formación en formato taller que no sea reglada, ya que hay muchas personas que participan en estos cursos sin tener otros estudios de acceso o grado. Se trata de llegar a más personas”, explica. Además, como se consensúa el contenido y formato con la prisión “te aseguras que desde su experiencia el taller vaya a tener mejor acogida y esté adaptado a sus necesidades y ritmos”.

Francisco Javier Blázquez: “Es muy gratificante, creo mucho en el voluntariado”

Francisco Javier Blázquez tiene 70 años y lleva toda su vida ligado a la universidad. Este curso se jubila y acaba su etapa como docente, aunque seguirá vinculado a la universidad porque “es una forma de vida”.

Catedrático de Filosofía del Derecho, Blázquez es profesor de la UPNA y de UNED Pamplona, donde imparte clases de Ética y Filosofía en los Grados de Filosofía y Antropología Social. Además de la docencia, este cuatrimestre ha impartido por primera vez el curso Pensar para qué a 13 mujeres internas del centro penitenciario . “Ha sido una experiencia personal muy enriquecedora. Ha habido respeto, sinceridad y correspondencia con todas las alumnas. Tienen mucha motivación y transmiten mucho interés e ilusión. Me siento igual que si estuviera dando clases de Ética en la UNED. Es muy gratificante”, señala.

La iniciativa ha sido tan satisfactoria que asegura que el próximo curso le gustaría ampliar la duración del curso y hacerlo durante dos cuatrimestres. “Quiero fomentar la escritura desde un punto de vista epistolar, que escriban cartas a sus familiares y amigos porque escribir es muy importante. Que lean y reflexionen. En la cárcel tienen tiempo y lo pueden aprovechar bien pensando, escribiendo, preparándose y enriqueciéndose”.

“El primer día de clase les regalé mi libro El señor del foulard y lo hemos comentado junto a artículos que suelo escribir. Han sido sesiones de 2 horas de preguntas y respuestas sin descanso que se nos han pasado muy rápido”, explica Blázquez, que considera que este tipo de iniciativas son muy positivas en los centros penitenciarios para que “las personas internas tomen buenas decisiones en la vida, piensen, analicen, controlen con la razón las emociones y pasiones”. “La clave es que son personas que están privadas de libertad por un delito que han cometido, pero siguen siendo personas con emociones, sentimientos, temores, inquietudes. Imagínate la salida. Después de haber pagado, sales y sigues pagando porque estás estigmatizado. El objetivo es hacerles pensar, compartir el conocimiento que tengo de la ética para que sean mejores personas, más libres, más autónomas y busquen en su interior respuestas a preguntas y dificultades”, explica Blázquez y añade “intuía que iba a ser muy gratificante y quiero seguir. Creo mucho en el voluntariado. Es de justicia”.

Arancha Yuste Jordán: “Se sentían orgullosos de lo que iban aprendiendo”

Arancha Yuste Jordán es profesora de Derecho financiero y tributario en el Grado de Derecho en UNED Pamplona, donde sustituyó a Pedro Ugalde. Además, imparte clases del programa UNED Senior y cursos de Extensión Universitaria.

Este año ha vivido su primera experiencia como profesora en el centro penitenciario, donde este cuatrimestre ha impartido el taller El derecho en nuestras vidas a 15 personas internas: trece hombres y dos mujeres. “Me parece una iniciativa muy enriquecedora y gratificante. Se puede despertar en ellos la inquietud de crecer en la vida. Es una manera de que se formen y aprovechen el tiempo, señala. “Al principio, algunos parecía que venían obligados y les costó, pero luego les daba pena si no podían ir a clase. Estaban muy interesados y han participado mucho en las sesiones. Al final del curso querían ampliar conocimientos y dar más clases. Tienen mucho mérito”, explica Yuste.

El curso abordó qué es el Derecho, las ramas del Derecho y temas que interesaban a las alumnas. “Hemos trabajado temas muy útiles en su vida ordinaria. Se sentían orgullosos de lo que estaban aprendiendo. Lo más importante es romper el hielo en el menor tiempo. Tienes que demostrarles que te importan. Les animaba a participar y pronto empezaron a mostrar mucho interés. Una vez que conectas todo es avanzar”, señala.

Además de estos cursos, en la cárcel se organizan otras muchas actividades. “Tienen muchos medios para que cuando salgan de allí tengan una segunda oportunidad y poder cambiar y reinsertarse en la sociedad. Hay actividades enriquecedoras, pero muchos tienen que cambiar la mentalidad e intentar aprovechar el tiempo en prisión”, asegura Yuste, quien tilda la experiencia de muy enriquecedora. “Te haces preguntas. ¿Y si yo estuviese aquí? Nunca sabes la vida a dónde te puede llevar”, concluye.