Marta es conductora de Lurraldebus desde julio y el miércoles estuvo a centímetros de empotrarse contra el camión que arrolló a cinco policías forales de Navarra en la AP-8 a la altura de Elgoibar. Ella y sus 63 pasajeros. Solo de pensarlo, impresiona. Este jueves volvió a trabajar y este viernes cerrará una semana dura, pero ni se le ha pasado por la cabeza coger la baja.

Marta es siempre de las primeras en llegar al trabajo. "Me gusta mucho ir con tiempo, preparar el autobús, sin prisas. Dicen que soy un poco exagerada", reconoce. Vive en Castro Urdiales y para llegar a las cocheras de Bilbao a las siete de la mañana tiene que salir de casa antes de que amanezca.

Antes de entrar en Lurraldebus, había trabajado en "Castro y en Bizkaibus". Admite que “no son muchos años” los que lleva en el oficio —antes fue profesora de baile—, pero sí los suficientes para saber lo que hace. La línea Donostia-Bilbao es la suya. "Me encanta", dice sin dudar un instante. La conoce de memoria.

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El grave accidente de tráfico en Elgoibar en el que han muerto cinco policías forales Javi Colmenero/EFE

El miércoles estaba completando su segundo trayecto de la jornada. Había salido de Bilbao a las siete, había llegado a Donostia, y a las ocho y media regresaba hacia Bilbao cargada con pasajeros de la estación de Atotxa. El autobús iba lleno: 63 pasajeros, más ella. Pleno. "Siempre lleno; es raro que vayan asientos vacíos", dice. La Donostia-Bilbao es una de las líneas de mayor tránsito.

Un instante

Y ya, sin tiempo para pensar, “de repente me vi ahí: mierda, mierda, mierda. Sabes de eso que dices: no frena, que no frena, que no frena". A Marta le salió. Primero el retardador —“lo retardé abajo”—, luego el freno. La secuencia exacta, en el orden exacto. Y se encomendó a la mecánica: “Cuando pare, paró”. Y paró: "Es un Volvo además que frena súper bien", reconoce. Pero aún así se quedó "muy muy cerca" de vivir una desgracia inimaginable.

Los cascotes llegaron a golpear el morro, aunque sin dañar el autobús. Dentro, “las mochilas salieron disparadas”. Un pasajero que viajaba con los cascos puestos se despertó de golpe con el frenazo. Marta lo cuenta y saca una conclusión: "Luego la gente se cabrea con nosotros cuando decimos que los instrumentos musicales, al maletero. Fíjate si ayer sale volando alguno y le da a alguien en la cabeza." No siempre los pasajeros entienden esas normas. “Hasta que pasa algo”.

“Les vi”

Marta vio "todo, todo, todo": la maniobra de la furgoneta, que en primer lugar parecía querer tomar la bifurcación de la AP-1 por los dos carriles de la derecha, la corrección posterior para intentar continuar por la AP-8, el golpe con la mediana y el caos. Un “choque tremendo”, “el coche de un lado para otro, los cascotes, el polvo blanco”. Y la imagen del camión de frente, ocupando su carril, es la que no se le va de la cabeza.

Luego el instante de silencio antes de reaccionar. Salió del autobús. “Había una enfermera entre los pasajeros, que se acercó enseguida al camionero”. El conductor estaba consciente, sangraba en la mano y tenía una herida en el párpado, pero estaba bien —ya está dado de alta—. Los de la furgoneta, no. "Siento pena, sobre todo pena. Acordarme de los chicos, encima que les vi", lamenta.

¿Qué habría pasado con un autobús viejo? "Lo estábamos contando, o un día como hoy lloviendo (por este jueves)..." Con el asfalto mojado y la calzada resbaladiza. "Mejor no pensarlo", reconoce. Los mismos 63 pasajeros, el mismo camión en el mismo punto. El resultado podría haber sido completamente distinto. Marta cumplirá 50 años el próximo 25 de junio y lleva el tiempo suficiente al volante para saber que, a veces, un detalle lo cambia todo.

“Como flotando”

Hoy le pesa más, dice, porque ayer estaba como "flotando", sin terminar de ser consciente de lo que había vivido. "Sin darte cuenta. No soy consciente, pero juro que tengo lagunas, que no me acuerdo de cosas". Pero aún así, no se le ha pasado por la cabeza coger la baja. "Ni loca, porque tampoco quiero cogerle miedo" al volante. "Me encanta mi trabajo", repite. Y cree que estar ocupada le hace bien.

La han felicitado sus compañeros y los pasajeros ayer mismo. Son prácticamente los mismos cada día, aunque no siempre completa la misma línea ni el mismo turno. Tres viajes al día: salir de Bilbao a Donostia a las siete, hacer el trayecto de vuelta, y de nuevo hacia Donostia, donde al final de su jornada coge el mismo autobús -esta vez conducido por un compañero- y regresa a casa.