Gestionar en la era de la urgencia permanenteCedida
La profesión de administrador de fincas atraviesa uno de sus momentos más exigentes. En los últimos años, la carga de trabajo se ha incrementado de forma notable, no solo en volumen, sino también en complejidad y en nivel de responsabilidad. A las funciones tradicionales de gestión económica, mantenimiento de edificios y atención a los propietarios, se han sumado nuevas obligaciones administrativas, técnicas y legales que han transformado por completo el día a día de la profesión, tal y como viene advirtiendo el Colegio de Administradores de Fincas.
Hoy gestionamos certificados energéticos, subvenciones de rehabilitación, instalaciones cada vez más complejas —como aerotermia, puntos de recarga o sistemas centralizados—, notificaciones electrónicas obligatorias, plataformas digitales de distintas administraciones y normativas en constante cambio. Todo ello en plazos cada vez más ajustados y bajo una presión creciente.
A este escenario se añade la cultura de la inmediatez. Correos, llamadas, mensajes… todo es urgente y todo parece requerir respuesta inmediata, independientemente del canal o del momento del día. La digitalización ha facilitado muchos procesos, pero también ha generado una expectativa de disponibilidad permanente que resulta difícilmente sostenible. Esta presión constante está llevando al límite a muchas administraciones de fincas.
Y, sin embargo, la esencia de la profesión sigue siendo la misma: el trato humano. Escuchar a los vecinos, mediar en conflictos, acompañar decisiones importantes, gestionar incidencias urgentes y mantener la convivencia en comunidades cada vez más diversas y complejas. Esa parte invisible del trabajo no solo no ha disminuido, sino que se ha intensificado.
El resultado es claro: saturación, desgaste y profesionales exhaustos. Cada vez menos personas optan por dedicarse a esta profesión, no por falta de vocación, sino porque el nivel de exigencia actual hace que sea difícilmente sostenible. A menudo, el único criterio de elección sigue siendo el precio, sin valorar la dedicación, la formación continua y la responsabilidad que conlleva una gestión de calidad.
Conviene reflexionar sobre este modelo. La administración de fincas es una labor esencial para el buen funcionamiento de los edificios y la convivencia vecinal, pero sigue siendo poco visible y poco comprendida. Detrás de cada incidencia hay un profesional gestionando, coordinando y respondiendo. Y esa labor necesita tiempo, reconocimiento y límites.
Poner en valor la figura del administrador de fincas no es solo una cuestión corporativa: es una inversión directa en la calidad de vida de nuestras comunidades.
Adelantar las Juntas de Propietarios: conciliación, corresponsabilidad y adaptación
Adelantar las Juntas de Propietarios: conciliación, corresponsabilidad y adaptación
El Colegio de Administradores de Fincas ha planteado la conveniencia de adelantar el horario habitual de las Juntas de Propietarios a primera hora de la tarde, una iniciativa que busca dar respuesta a una realidad profesional y social que no puede seguir ignorándose.
La administración de fincas es una labor compleja que exige dedicación continua en los ámbitos técnico, jurídico y económico. A esta actividad diaria se suma la asistencia a múltiples juntas semanales que, tradicionalmente, se celebran a última hora del día. Esta circunstancia alarga de forma sistemática la jornada laboral de los administradores y dificulta seriamente la conciliación entre el trabajo y la vida personal.
Adelantar el horario de las juntas es una medida razonable que no perjudica a los propietarios y que, de hecho, puede redundar en un mejor desarrollo de las reuniones. No obstante, para que esta iniciativa sea viable, resulta imprescindible una respuesta positiva y corresponsable por parte de los propios propietarios. La convivencia en comunidad implica también adaptarse a nuevas fórmulas organizativas que beneficien al conjunto y permitan una gestión más eficaz.
Existen, además, dificultades prácticas que deben tenerse en cuenta. En muchas ocasiones, las comunidades dependen de salas situadas en centros públicos, locales municipales o espacios cedidos, cuya disponibilidad horaria es limitada y no siempre se ajusta a las necesidades reales de las comunidades. Superar estas limitaciones requiere flexibilidad, planificación y, en algunos casos, la colaboración de las administraciones públicas para facilitar espacios adecuados en horarios más tempranos.
La conciliación no es una cuestión exclusiva del profesional, sino un objetivo compartido. Un administrador que puede desarrollar su trabajo en condiciones razonables es un profesional más atento, más eficiente y más comprometido con el buen funcionamiento de la comunidad.
Desde el Colegio de Administradores de Fincas se defiende esta iniciativa como un paso necesario hacia la modernización de las costumbres, la dignificación de la profesión y la mejora de la calidad en la gestión de las comunidades de propietarios, siempre desde el diálogo y la colaboración entre todas las partes implicadas.