El gusto, un proceso evolutivo

La importancia sensorial y gustativa de los sabores

23.08.2021 | 14:08
Lengua.

Es posible que a día de hoy sientas gusto y atracción por alimentos que antes no tenías. Sabores como el brócoli o el pescado son algunos de los más detestados por los niños.

Sin embargo, en nuestra etapa adulta tratamos de probar una variedad mayor de alimentos. No se trata de un engaño por parte de tu mente, tampoco es un cambio de las papilas gustativas, pero sí existe una explicación al respecto.

Es algo bastante común, y, que tiene que ver con nuestro proceso evolutivo. "Para entender el concepto del sabor", explica el productor Patrick Jones, "tenemos que entender primero cómo funciona".

Seguramente ya lo sepas, pero tu lengua tiene cuatro tipos de papilas gustativas y estas son un conjunto de receptores sensoriales o específicamente llamados receptores.

No obstante y dependiendo de su localización en la lengua tienen la habilidad de detectar mejor cierto tipo de estímulos o sabores y presentan una regeneración cada dos semanas.

Las papilas gustativas mandan señales a nuestro cerebro para que este procese el sabor del alimento.

Más de cuatro

Esta claro que los sabores se ciñen en cuatro vértices diferenciadores: salado, dulce, amargo y ácido. No obstante, la ciencia ha encontrado otro tipo de sensor del gusto: el umami.

Este está asociado con la degustación de quesos curados, como el parmesano, el jamón serrano o la peculiar salsa de soja.

Además, Patrick Jones nos advierte que se trata de un proceso conjunto, pues la garganta y las cavidades nasales también patrocinan este proceso de recepción gustativa.

Es por ello que en múltiples ocasiones la gente que no tolera ciertas comidas trata de taponar su nariz o comer el alimento de la forma más rápida, con el fin de no percibir apenas sabor ni olor alguno.

Ahora bien, según los expertos, este tipo de aceptaciones y rechazos por ciertos alimentos también tienen una parte psicológica y memorial.

Es decir, si alguna vez tomaste mucho café, por ejemplo, cuando estabas enfermo, puede que ya no quieras tomar más, puesto que tu organismo asocia el sabor de la cafeína a una dura enfermedad.

Por otro lado, también se dan en el lado positivo. Si probamos algo y nos gusta, nuestro cuerpo lo relaciona con un bienestar y por tanto una ingesta futura.

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