La lucha del 'navarro' Pasang Sherpa para ayudar al castigado Himalaya

15.12.2020 | 09:24
Pasang Sherpa vivió unos años fundamentales en Navarra.

Su historia es ejemplo de superación y de lucha por los suyos. Tal vez recuerden su nombre y rostro. Pasang Sherpa (Lukla, 1990) fue concursante de la séptima edición de 'El conquistador del fin del mundo', espacio televisivo de ETB. De hecho, este joven natural de un valle nepalí del Everest, vivió casi una década en Navarra en el seno de la familia del guía de montaña Koldo Aldaz. Hoy, es una de las personas que más luchan en el municipio en el que nació por lograr medidas que palíen la ausencia de turismo desde el pasado marzo causada por el Covid-19.

Solicita atención y auxilio al "empático pueblo vasco", porque "he puesto en marcha con mi padre navarro un mecenazgo social a través de internet con bonos de ayuda, y otro proyecto que tengo es plantar 200.000 arbolitos que den trabajo a corto plazo a los sherpas del valle", urge.

Nació usted en el valle de la montaña más alta del mundo, el Everest. ¿Se siente un privilegiado?
Sí. El pueblo sherpa pensamos que es una montaña sagrada. Y nos da trabajo. Además, con el turismo siempre se aprenden cosas nuevas, la mayoría buenas. En mi caso, coincidí con Koldo Aldaz justo en un trekking hasta el campo base del Everest y ahí toda mi vida cambió, pero a bien encaminada.

Creció con sus abuelos. ¿Cómo le marcó siendo niño que su padre fuera alcohólico?
Me daban pena sobre todo mi hermano y mi madre, pero por suerte mis abuelos me cuidaron bien. Aquello me enseñó a estar vivo. Por otro lado, casi nos quedamos sin herencia mi hermano y yo, pero son cosas del pasado. Ahora estamos bien. Con la agencia de viaje y el albergue de Lukla intento ayudar en lo que pueda a las personas más necesitadas y siempre me pongo en el lugar de los débiles.

Nació en la Nochebuena para los católicos. ¿Usted abraza alguna religión?
Sigo el budismo, pero solo por la sociedad. La religión debe consistir en ayudar a las personas más necesitadas.

Con solo tres años ya iba a por agua potable a un pozo, cortaba hierba, madera€
Aquí en Nepal, en los pueblos, desde siempre, cada niño suele tener deberes familiares. Es normal, así se colabora para la familia. Yo al ser de aquí lo veo normal, pero a la gente del considerado primer mundo puede parecerle duro.

Con cuatro años su abuela le inscribió en la escuela del histórico Edmund Hillary, quien junto al sherpha Tenzing hollaron por primera vez el Everest. ¿Ser sherpa es un honor?
Sí. Fue un honor que Tenzing y Hillary hiciesen cima. A partir de ahí cambió muchísimo el valle, creció la economía y mejoró la vida de la gente. La llegada de los turistas posibilitó una mejor educación, sobre todo en higiene, y en el trato con la gente. Fue algo positivo.

¿Qué es para usted ser sherpa?
Somos un grupo de Nepal compuesto por más de 60 etnias con sus propios dialectos. Ser sherpa quiere decir que provenimos del Tíbet.

Con seis años ya comenzó a hacer trekkings. ¿Qué recuerda?
Que iba con mi abuelo detrás de nuestro yak, el animal autóctono de aquí que usamos como medio de transporte. Iba muy contento porque me daba muchísimo cariño. Era, según él, el nieto con más talento de la escuela y aparte ayudaba en casa.

Con 11 años llegó a su casa el grupo de Koldo Aldaz, que iba al campo base del Everest. Usted fue en chancletas y portando un petate de 20 kilos y le dio mal de altura.
Sí. Mi tío era el guía y yo quería ganar dinero. Entonces el salario de porteador era de 1,20 euros al día. Como era muy pequeño, mi tío no quería que me viesen los clientes para que no se enfadaran por mi edad. Yo subí lo más rápido posible. Hasta los 4.400 metros subí sin problema, pero cuando llegué a los 4.600 me empezó a doler la cabeza, vomité y me mareé. Desde entonces sé que en la montaña hay que andar despacio.

Aldaz propuso a su familia llevarle a Navarra. ¿Cómo fue subir a aquel avión en Katmandú?
¡Una ilusión enorme! En avioneta fui de Lukla a Katmandú y vi autobuses, taxis€ Pensé que los coches eran vacas muy grandes que andaban muy rápido.

Dijo en una ocasión que Aldaz es "un guía de alta montaña con un corazón muy grande y abierto que cambió mi vida".
Sí, es enorme para mí y mi familia. A raíz de eso a día de hoy puedo ayudar a mi comunidad. Aparte de Aldaz, su mujer Bárbara, Ana, Karlos y otros que conocí durante mi estancia en Navarra son muy positivos para mí. No tengo suficientes palabras de agradecimiento. Con Koldo he aprendido ayudar a la gente más necesitada y esas ayudas siempre permiten cambiar muchas cosas en otras vidas.

¿Cuál es la costumbre que más le extraña cuando llegó al valle de Ollo a vivir con solo 12 años?
Partiendo de mi forma de ser sherpa, los vascos son algo introvertidos, poco abiertos, pero siempre tienen un gran corazón. Son un poco bruscos en sus acciones, pero muy buena gente.

Su vida dio un giro de 180 grados. ¿Cómo asimilaba todo al meterse a la cama en Eguillor?
Sí, la verdad es que me cambió mucho y en Eguillor pensaba que era el niño más feliz del mundo, por eso en casa siempre intentaba ayudar en lo que podía. No me gustaba estar parado. Quería aportar algo.

Pero no todo en la vida es material, su corazón seguía de algún modo en Nepal.
Si no me equivoco, Koldo me preguntó a los 16 años qué quería hacer. Le dije que quería formarme allí para luego volver a Nepal. Era lo más lógico para mí. Volviendo a Lukla tenía ya muchísimas posibilidades de trabajar como guía en castellano y de abrir una agencia de viajes, y de ese modo podría dar trabajo a mi gente.

Mientras tanto, mendizales que habían estado en Nepal le visitaban y le enseñaban a escalar en rocódromo y a aprender más en el Pirineo. ¿Agradecido?
La escalada no es lo mío. A mí me gusta más organizar, pero siempre se agradece a todos los maestros que te enseñen cosas.

Y pasan los años cursando sus estudios en Iruñea. ¿Cómo le iba lo académico?
El primer año estuve en tercero de la ESO. Sabía lo básico del idioma castellano. En clase, como no entendía nada, me ponía muy nervioso porque no quería repetir curso. Aparte, en Nepal era siempre el primero de la clase y en alguna ocasión el alumno más ilustre de toda la escuela. Por ese motivo sufrí hasta una úlcera, pero bueno, como no repetí curso, al final todo salió bien y estuve contento. Algunos me llamaban Chino Cudeiro y me molestaba, pero son cosas del pasado.

Y de pronto, un día Aldaz le dice que hay un casting sobre un reality llamado El conquistador del fin de mundo, en ETB. ¡Tenía 18 años y no dudó en apuntarse!
Sí, hablé con un amigo de Lakuntza pero él se rajó y yo seguí adelante. Tuve mucha suerte de participar, pero por motivos personales abandoné el programa. Desde aquí pido disculpas a todos que se quedaron fuera y podían haber entrado de mi parte.

Nakor Markez ganó aquella séptima edición, en la que tras 26 días en la Patagonia con Oiarzabal, usted decidió abandonar el programa junto al saharaui Jandú. Argumentó que "tenía mis razones". ¿Las ha explicado alguna vez?
No, y eso me lo guardo para mí.

Con 21 años vuelve a Lukla y se vuelca en un proyecto: SOS Himalaya.
Sí, abrimos una sede en Katmandú. Construimos tres escuelas en el distrito de Sidupalchowk de la Fundación Iñaki Ochoa de Olza. Yo fui el profesor de Iñaki de idioma nepalí, un hermano para mí. Él me pagaba por las clases y me daba calcetines: aún los guardo con cariño.

¿Qué sintió al saber que murió en el Annapurna en 2008?
Mucha tristeza. Fueron siete días de mucha tensión sabiendo que estaba a 7.400 metros.

¿Cuántos idiomas habla?
Seis: castellano, inglés, hindú, sherpa, nepalí tibetano... y euskera pixka bat (risas).

¿Sigue SOS Himalaya activo?
Muy activo, ayudando muchísimo en zonas rurales. Ya no trabajo para ellos pero estoy pensado en crear mi propia ONG. Tras el terremoto y ahora con el Covid veo muchísimos problemas. Para ello debo conseguir alguna asociación o fundación de Euskadi o España. Quiero ser coordinador en proyectos solidarios.

Tras estudiar electricidad en Navarra obtiene el título de guía en Nepal.
Quería ganar dinero cuanto antes para mi madre, por eso hice Formación Profesional, aunque mi idea era ser médico, pero en la vida todo lo que piensas no te llega. Ahora estoy feliz porque al final sirvo a la gente. Y los guías somos como embajadores del país.

Está casado y tiene dos hijos...
Sí, una hija y un hijo. Les trato bien y siempre quiero estar con ellos para su buena educación y ser como Koldo Aldaz o Karlos Delas.

No para. Coordina un albergue impulsado por una asociación navarra, el hospedaje Lukla Lodge que ha recibido dos reveses: el terremoto y el coronavirus.
No me gusta estar parado, quiero trabajar para mí y para mi pueblo. Lo del terremoto fue un susto, pero como pasó solo en Nepal llegaron bastantes ayudas internacionales.

¿Y ahora con el Covid-19?
Ahora es más duro, porque ya llevamos dos temporadas sin ver turistas. Desde marzo. Y no sabemos si en primavera habrá. Nosotros, que vivimos cien por cien del turismo, tanto los albergues como hoteles, agencias de viaje, guías, porteadores... está todo parado y nos está afectando muchísimo. Por parte del gobierno hay cero ayudas. Y si no hay turistas hasta los que cultivan patatas o verduras no pueden venderlas.

Como medida de ayuda ha abierto un crowfunding con Aldaz.
Sí, en la plataforma Gofunme. Se llama Ayuda al Pueblo Sherpa de Nepal. La idea es sacar unos bonos desde 50 euros que permitan ayudar ahora y luego recuperar en el caso de que quieras viajar a Nepal, o simplemente ayudar con una donación a partir de 1 euro. El dinero del bono que compres se descontará de cualquier trekking, expedición, tour de ciudad u otra actividad que contrates con Dream Carrier Treks And Expedition en los próximos cuatro años.

¿A quiénes ayudaremos?
A porteadores y guías que se han quedado sin trabajo. Queremos distribuir 200 euros a más de 200 familias sin recursos para que puedan vivir hasta que llegue el turismo. 

Y tiene otro proyecto: plantar 200.000 árboles que den trabajo al valle.
Con la contaminación global hay que cuidar el medio ambiente. Aquí, con el emergente turismo de montañeros está creciendo la oferta y se están cortando muchísimos árboles. Ahí surge el problema de derrumbes de tierra en días de monzón, crecimiento del río y a veces incluso peleas entre los vecinos por la madera.

¿Por eso lo que primero quiere crear es un semillero?
Sí, si consigo alguna financiación. Sería un semillero de unos 240.000 arbolitos que en tres o cuatro años podamos plantar. Así damos trabajo, tanto para construirlo y gestionarlo, a unas 30 personas.

Se preocupa mucho por las personas. ¿Mantiene contacto con sus compañeros de El Conquis?
Sí, siempre que puedo con Nakor, Maider y Jandu.

¿Qué le pide al futuro?
Tener muchos clientes y muchos proyectos solidarios para todo Nepal. En definitiva: salud, fortuna, felicidad y buena educación. 

PERSONAL
Nombre: Pasang Chhiring Sherpa.
Día de nacimiento: 25 de diciembre de 1990.
Familia: Está casado con Mingma Chhamjee Sherpa y tienen una hija, Chhiring Dolma Sherpa, y un hijo, Tenzing Chhosang Sherpa.
Lugar de nacimiento: Lukla, ciudad situada a 2.860 metros de altura desde la que arrancan la mayoría de aventuras en el Himalaya nepalí. Se podría decir que es el valle de la montaña más alta del mundo, el Everest.
Lugar histórico: Cuando el sherpa Tenzin Norgay y el estadounidense Edmund Hillary realizaron su famosa primera ascensión al monte Everest en 1953 partieron de esta zona, en la que impulsaron una escuela. 
Profesión: Director de agencia de viajes, coordinador de proyectos solidarios, profesor de castellano y guarda de Lukla Albergue, el hospedaje de una asociación navarra.
Contacto: Por correo electrónico: pasanglukla@gmail.com y por Whatsapp: +977-9849047423. "Respondo seguido", dice.
Campañas: Tiene una en marcha para luchar contra el empobrecimiento por el coronavirus, buscando por internet, en Gofundme, el proyecto Ayuda al Pueblo Sherpa de Nepal por Covid-19. lantur.
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