¿Cuándo se convierte en un problema de salud tener excesiva sed?

Beber más de lo que parece razonable o más de lo que se ha hecho regularmente sin una causa que lo explique puede ser señal de que algo no va bien en nuestro cuerpo

02.02.2022 | 23:43
El agua es un elemento básico para la vida, pero puede que no sea bueno beberla más allá de lo razonable.

Es de todos sabido que beber agua es necesario para mantenerse correctamente hidratado y poder gozar de una salud inmejorable. De hecho es básico para no morir.

Lo habitual es beber cuando se tiene sed, señal de que el cuerpo necesita líquidos para recuperar su propio equilibrio interno. A veces se bebe sin sed por diversos motivos, como que estás de fiesta, de celebración, o prevés una situación de calor fuerte o de sobreesfuerzo que haga sudar más de lo habitual y optas por una sobrehidratación preventiva para no tener problemas.

El fuerte calor aumenta la necesidad de beber más agua de lo habitual. Foto: Pixabay

Pero, ¿puede darse el caso de sufrir unas ganas de beber que no se pasen por mucho que líquido que se ingiera? ¿Beber mucho, demasiado, puede ser un problema?

Sí. Es posible y se llama polidipsia. Es tener una sed excesiva. Y todavía hay un nivel más, la potomanía, que es la obsesión por beber agua y está considerado un trastorno alimentario.

Sed excesiva o polidipsia

Esta situación es una sensación anormal de requerir siempre el consumo de líquidos y llama la atención cuando no hay una causa aparente o no se consigue satisfacer de forma normal. En sí misma, la sed excesiva no es una enfermedad, pero es una señal de alteración o síntoma de que algo no va bien en el cuerpo. 

Por esto se clasifican dos tipos de polidipsias. La primaria, que respondería a razones normales, fácilmente identificables. Beber más agua de los habitual en verano, por ejemplo, se considera normal porque hace más calor y se eliminan más líquidos, principalmente por sudoración. Hacerlo tras un rato de ejercicio intenso también entraría en esta categoría.

La secundaria se da cuando por más líquido que se se beba esa sed no disminuye o en seguida vuelve. Por regla general suele estar relacionada con una enfermedad o una alteración fisiológica. Son muchas las que tiene la sed como síntoma común.

Variedad de causas

Los motivos por los que una persona se ve impulsada a beber mucho son variadas y de diferente origen.

1. Comida muy salada o muy condimentada. Ingerir alimentos con mucha sal produce sed. Ademas de una sequedad en la boca producida por esa sal que lleva a volver a dar un sorbo (¿se entiende ahora los de los cacahuetes o los aperitivos salados gratis en algunos bares?). Pero además, esa sal de más tiene que se eliminada por el organismo, generalmente por la orina, lo que hace que los riñones necesiten agua. También el te y el café provocan que vayamos más al baño al hacer que se generen menos hormonas antidiuréticas. Hay que reponer líquidos que han salido del cuerpo. Sin alarmismos, lo normal es que suceda cuando se toman más de cinco tazas diarias.

Vivir agarrado a una botella de agua puede ser señal de un problema de salud grave. Foto: Pixabay

2. Pérdida de líquidos por sudoración. El sudor es un regulador de la temperatura corporal. Es líquido que sale al exterior de la piel y al evaporarse enfría el cuerpo. En los hombres, la testosterona hace que suden más, por lo que tienden a necesitar más líquido que las mujeres, en las , los estrógenos hacen que su temperatura corporal sea más baja. Cuando se hace ejercicio también se suda con más profusión y más rápidamente, por lo que se después, la necesidad de reponerlos es mayor.

3. Dormir con la boca abierta. Respirar por la boca reseca mucho las mucosas de interior, de la nariz y de la garganta. Es un problema habitual de las personas que roncan. Atención a este detalle porque puede ser un indicador de posibles ápneas del sueños o de mala calidad del descanso. La causa puede estar en alergias, estrés, pólipos o una desviación del tabique. Tras un primer vaso recién levantado, o tras la ducha suele desaparecer la sed.

4. Pérdida de líquidos corporales. Hemorragias que causen una pérdida significativas del volumen de sangre; infecciones graves o grandes quemaduras que impiden la correcta irrigación de los tejidos también aumentan la necesidad de beber para conseguir reponer lo que no llega.

5. Enfermedades varias. Ciertas enfermedades, como el hipertiroidismo, la tuberculosis, algún cáncer pueden hacer que el nivel de calcio en la sangre aumente, elemento que debe ser eliminado por la orina. Se repite el mecanismo que se activa con el exceso de sal: los riñones necesitan trabajar más y expulsan más líquidos, que deben ser repuestos. Antes de alarmarse controlar el uso y abuso de antiácidos o de suplementos de vitamina D ya que hacen aumentar la absorción de calcio. Además, en el caso de una enfermedad habría otros síntomas físicos.

Aunque la causa es otra, un exceso de glucosa hace que la sed aumente y sería una señal de alarma que indique una diabetes. Como en el caso anterior, también iría acompañada de otros síntomas, como cansancio muy acusado o pérdida de peso a pesar de comer algo más o una cicatrización de heroidas más lenta. Por ello, lo mejor es acudir al médico.

6. Medicamentos. Algunas medicinas también puede tener como efecto secundario un exceso de sed. Algunos de ellos serían los anticolinérgicos, los diuréticos, la demeclociclina y las fenotiazinas

7. La potomanía. Este trastorno alimentario también puede estar detrá de la polidipsia, que en este caso sería psicógena y recibe el nombre de potomanía. Es un TANE (trastorno alimentario no especifico) que puede hacer que la persona afectada sufra una obsesión por beber agua que le lleve a ingerir más de 6 litros diarios. Además de el problema en sí mismo, puede provocar otro también muy grave, la pérdida de sodio al expulsa del cuerpo todo ese líquido de más. Las consecuencias van desde un simple dolor de cabeza o algunos calambres hasta confusión mental, convulsiones, pérdida de conocimiento o, en casos extremos, caer en coma.

Cómo calmar la sed o prevenirla

Habría algunas pautas que siguiéndolas, se puede conseguir calmar esa sed. Aunque lo mejor es consultar primero a un médico para que detecte a qué se debe.

  1. Disminuir la ingesta de sal
  2. Calmar la sed con trozos de fruta congelada, chupando pequeños trozos de hielo en lugar de consumir de golpe vasos de agua.
  3. Enjuagarse la boca, refrescarla. Comer caramelos o masticar chicles de menta sin azúcar puede ayudar.
  4. Acciones prácticas: Pasar al contraataque y adelantarse buscando lugares frescos, a la sombra lejos del sol y del calor. Evitar beber por aburrimiento y coger la costumbre de hacerlo para evitar que se convierta en una compulsión

En cualquier caso, lo ya dicho, contactar con el médico. Y con hacerlo más urgencia si la sed es continua e inexplicable; si hay otros síntomas tales como visión borrosa o fatiga; si el volumen diario de orina supere los 4 litros.

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