Estados Unidos e Israel lanzan un ataque de forma conjunta contra Irán
Entre los objetivos estaban el líder supremo de la República Islámica y Teherán responde con el lanzamiento de misiles
Ocho meses después de la última guerra y tras múltiples amenazas, Estados Unidos e Israel decidieron ayer que la cuenta atrás había terminado. A las 08.00 de la mañana, hora local, el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, anunció un “ataque preventivo para eliminar las amenazas al Estado de Israel”. Poco después, fuentes de ambos países confirmaron que se trataba de una operación conjunta largamente preparada, pese a las negociaciones abiertas entre Washington y Teherán.
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Las imágenes difundidas por televisiones internacionales mostraban columnas de humo en distintos puntos de Irán. En Teherán, las explosiones sacudieron el barrio de Pasteur, donde se ubica el complejo que alberga la residencia y la oficina del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei. Las agencias semioficiales Tasnim y Fars confirmaron impactos de al menos siete misiles en la zona, sin ofrecer aún balance de daños o víctimas. El canal Channel 12 informó además de ataques contra instalaciones de los ministerios de Defensa e Inteligencia iraníes, acompañados de ciberofensivas que tumbaron la web de IRNA. Según NetBlocks, la conectividad del país cayó al 54% de su nivel habitual.
El presidente estadounidense, Donald Trump, compareció horas después para poner palabras a la ofensiva. Anunció el inicio de “una gran operación de combate” destinada a “eliminar la amenaza que representa el régimen iraní” y, en último término, forzar su caída. Habló de rendición total del Ejército y la Policía iraníes, prometió amnistía a quienes depongan las armas y lanzó un mensaje directo a la población: “La hora de su libertad está a su alcance”. A las fuerzas de seguridad les advirtió con crudeza: inmunidad o “muerte segura”.
Tras décadas de guerra encubierta –ciberataques, asesinatos selectivos de científicos nucleares y choques a través de milicias aliadas– el mundo asiste al cuarto enfrentamiento directo con Irán en apenas dos años. Y, esta vez, sin apariencia de tablas. Un dirigente israelí admitió a la televisión pública que el ejército no se limita a infraestructuras o lanzaderas de misiles: también apunta a dirigentes iraníes. El primer ministro, Benjamín Netanyahu, no ha ocultado su intención de aprovechar la debilidad interna y externa del régimen de los ayatolás y de sus aliados regionales, en especial Hezbolá, para intentar un cambio de régimen.
Respuesta de Irán
En Israel, la población se enteró por el ulular de las sirenas y un mensaje de emergencia en los móviles. No era un aviso de impacto inminente, sino una advertencia ante la previsible represalia iraní, que respondió con bombardeos contra Israel y las bases estadounidenses en Oriente Próximo. Las Fuerzas de Defensa de Israel activaron el protocolo de máxima alerta y modificaron las pautas del Comando del Frente Interno: suspensión de clases, prohibición de reuniones y cierre de centros de trabajo salvo sectores esenciales y se clausuró también el espacio aéreo.
Israel llevaba meses en coordinación estrecha con Washington. La llegada esta semana de doce F-22 –cazas furtivos estadounidenses de quinta generación– reforzó esa sensación de inminencia. Su presencia, inusual en suelo israelí, se sumó a la de aviones de reabastecimiento y carga en Ben Gurión. La industria militar aceleraba desde agosto la producción de interceptores Arrow 3, el sistema antimisiles más empleado en la guerra de 12 días que estalló en junio pasado, cuando EE UU acabó bombardeando plantas nucleares iraníes.
Aquel conflicto dejó más de 30 muertos en Israel y una tasa de interceptación del 86% frente a 550 misiles balísticos iraníes, cifras que el estamento militar consideró un éxito pese a los “agujeros letales” en su defensa. El ejército exhibió superioridad aérea, con más de 200 drones en su ataque inicial sin ser interceptados y hasta 50 cazas sobre los cielos de Teherán dos días después.
Ahora, con Netanyahu mirando a las urnas de octubre y Trump prometiendo una oportunidad “única durante generaciones” para derrocar al régimen iraní, Oriente Medio vuelve a situarse ante una encrucijada. La incógnita es si la apuesta por la fuerza precipitará la caída de la República Islámica o abrirá una guerra prolongada en la que, como advierten algunos analistas, el riesgo y el caos podrían multiplicarse. De momento, las columnas de humo en Teherán y las sirenas en Israel son el único dato incontestable de una nueva fase que ya ha comenzado.
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