el fuego consume uno de los símbolos de francia

Lluvia de promesas multimillonarias sobre las cenizas de la catedral

Macron fija en cinco años el plazo para reconstruir Notre Dame “aún más bella”

09.02.2020 | 05:12
Los técnicos revisan los pináculos y las icónicas gárgolas de la catedral.

pamplona - No se habían apagado aún las cenizas del incendio en la catedral de Notre Dame y una lluvia de promesas de financiación, tanto de instituciones como de las mayores fortunas del país, ya trataba ayer de paliar la conmoción que sufren los franceses por uno de sus monumentos más queridos. Los anuncios llegaron sin pausa. A media tarde del martes, ya se contabilizaban hasta 750 millones de euros en compromisos de donación para la rehabilitación, que el presidente francés, Emmanuel Macron, fijó en cinco años el periodo para reconstruir "todavía más bella" la catedral de Notre Dame de París, un día después de que fuera parcialmente devastada por un incendio.

"Somos un pueblo de emprendedores. Tenemos mucho que reconstruir. Y la reconstruiremos. Más bella todavía", aseguró el presidente en una alocución solemne televisada a la nación desde el palacio del Elíseo. "Quiero que esté terminada en cinco años. Podemos hacerlo. Y para hacerlo nos movilizaremos", agregó Macron, que aseguró que en la tragedia hay una oportunidad de unir a Francia.

Macron se dirigió en el mismo formato y a la misma hora en el que tenía previsto hacerlo el martes para anunciar las grandes medidas de su política para los próximos años, como respuesta al descontento mostrado por los chalecos amarillos. Pero aquel discurso fue retrasado por el incendio, al que el presidente se dirigió para ver de primera mano sus consecuencias. "En nuestra historia, hemos construido ciudades, puertos e iglesias. Muchas veces se han quemado, han sido destruidas. Y cada vez las hemos reconstruido de nuevo", clamó.

Los primeros en responder a la llamada de Notre Dame fueron las grandes fortunas francesa. La familia de Bernard Arnault, la mayor fortuna de Francia y propietaria del grupo del lujo LVMH, realizará "una donación de 200 millones de euros al fondo dedicado a la reconstrucción de esta obra arquitectónica, que forma parte de la Historia de Francia".

El anuncio de los Arnault seguía al de la familia de François-Henri Pinault, otro de los grandes bolsillos de Francia, que cuando el incendio no había sido sofocado, se comprometió a aportar cien millones a través de su sociedad de inversiones Artemis. No quiso quedarse atrás otra de las familias señeras del dinero galo, los Bettencourt-Meyers, dueños de L'Oréal, que pondrán otros 200 millones.

Quizá para poner en contexto esta euforia dadivosa, el edil de Cultura de París, Christophe Girard, se aprestó a matizar que a esas donaciones habría que descontarles las pingües desgravaciones fiscales que acarrean. Y ese dinero, argumentó, serán los contribuyentes quienes lo aporten. El debate sobre las exenciones para quienes aporten a la reconstrucción ya se ha abierto. El ministro de Cultura, Franck Riester, baraja declarar Notre Dame Tesoro nacional lo que garantizaría reducciones de impuestos de más del 60% para empresas y particulares. Pero ni siquiera eso es seguro, ya que esa calificación se reserva normalmente para obras que corren riesgo de salir de Francia.

Con el fin de ordenar la previsible avalancha de contribuciones, la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, propuso convocar una "conferencia internacional de donantes". También se comprometió a que la institución que dirige contribuya con unos 50 millones de euros para los trabajos. A todo ello habrá que sumarle las cantidades que los ciudadanos deseen aportar de su bolsillo y como icono europeo y de la cristiandad, Notre Dame tendrá también ayuda desde fuera de Francia. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, instó a los Estados miembros de la UE a contribuir.

Pese a todos estos anuncios, es de prever que la parte del león en la financiación de las obras se la lleve el Estado francés, propietario de Notre Dame, con 13 millones de visitantes, y de otras 86 catedrales desde la ley del 9 de diciembre de 1905, que consagró la separación entre Iglesia y Estado. - D.N.