El año comienza con un terremoto político en el Palacio de Navarra. La presidenta María Chivite se dispone a acometer una profunda remodelación de su Ejecutivo en uno de los momentos más delicados de la legislatura y cuando resta menos de año y medio para la celebración de las próximas elecciones forales. No se trata de un simple reajuste técnico ni de un relevo puntual, sino de la primera gran crisis de Gobierno que Chivite afronta en las dos legislaturas que lleva al frente de la Comunidad Foral.
Los cambios afectan directamente al núcleo duro del ala socialista del Ejecutivo y se traducen en la salida de, al menos, dos de las figuras con mayor visibilidad política e institucional: el vicepresidente primero del Gobierno y la portavoz, Félix Taberna y Amparo López. Ambos cargos no solo concentran una enorme proyección pública, sino que desempeñan un papel clave en la dirección política y en la comunicación de la acción del Gobierno.
La presidenta comparecerá ante los medios este jueves para explicar los motivos de estos cambios y anunciar los sustitutos, aunque algunas fuentes no descartan que también pudiera haber algún cambio en la cartera de Derechos Sociales. Tampoco se descarta que Chivite pudiera recuperar a Javier Remírez, quien fuera vicepresidente primero y portavoz del Ejecutivo en la pasada legislatura, hoy en el Senado.
Uno de los movimientos más significativos es el cese de Félix Taberna, hasta ahora vicepresidente primero y consejero de Presidencia e Igualdad. Su salida supone un golpe directo al corazón del Gobierno, tanto por el rango del cargo como por el papel que había desempeñado en los últimos años como uno de los principales apoyos políticos de la presidenta. Chivite lo había promovido a la vicepresidencia —en la legislatura anterior ejerció como asesor— y, desde esa posición, Taberna se había convertido en uno de sus principales apoyos políticos dentro del Gobierno.
No obstante, su salida habría sido, en cierta medida, consensuada. Taberna es una figura independiente dentro del Ejecutivo: forma parte de la cuota socialista, pero no tiene ningún cargo orgánico en el PSN. Procede además del entorno de Izquierda Unida, formación de la que se ha ido distanciando con el paso de los años. Este perfil le colocó en una posición cada vez más incómoda tras el estallido del caso Cerdán, al verse obligado a dar explicaciones públicas sobre asuntos vinculados al Partido Socialista, algo que no encajaba con su trayectoria ni con su rol político.
Junto a Taberna, también abandona su cargo Amparo López, portavoz del Gobierno y consejera de Interior, Función Pública y Justicia. Su salida también tiene una fuerte carga simbólica, ya que implica prescindir de la voz oficial del Gobierno foral, una de las figuras más reconocibles por ser quien explica la acción del Ejecutivo semanalmente ante los medios de comunicación. A diferencia de Taberna, la trayectoria de López dentro del Ejecutivo había estado marcada por algunas diferencias internas con otros miembros del Gobierno, según explican a este periódico.
Una reconfiguración con mensaje político
La salida simultánea del vicepresidente primero y de la portavoz del Gobierno convierte esta remodelación en la más relevante desde que Chivite accedió a la presidencia. No solo se reorganizan áreas de gestión, sino que se envía un mensaje político claro: la presidenta está dispuesta a echar el resto y afrontar con un nuevo equipo la recta final de la legislatura, en un momento de máxima tensión política con una oposición que lucha sin cuartel por tumbar al Ejecutivo.
Se trata, además, del tercer cambio en el consejo de Gobierno desde su reelección en agosto de 2023. El primero se produjo en diciembre de ese año, cuando Juan Cruz Cigudosa abandonó el Departamento de Universidad, Innovación y Transformación Digital para incorporarse al Gobierno de España como secretario de Estado de Ciencia, en el Ministerio encabezado por Diana Morant. Su sustituta, Patricia Fanlo, fue cesada apenas un año después —el Gobierno no llegó a explicar abiertamente los motivos del despido fulminante—, en enero de 2025, y relevada por Juan Luis García Martín.
Este nuevo reajuste, ya en el inicio de 2026, es muy diferente a los anteriores: tiene un carácter claramente político por el perfil de los cesados y por el contexto en el que se produce. Con él, María Chivite busca recomponer su Ejecutivo, reforzar su liderazgo y llegar con mayor estabilidad al final de una legislatura marcada por la crisis interna, la presión de la oposición y el desgaste acumulado.
El contexto más complicado de la presidenta
Hasta hace apenas un año, la legislatura avanzaba con relativa calma para María Chivite. El Gobierno foral funcionaba sin sobresaltos de calado y la presidenta había logrado consolidar su liderazgo tanto institucional como orgánico. De hecho, fue reelegida secretaria general del PSN en un contexto político especialmente favorable, una auténtica balsa de aceite. La estabilidad parlamentaria, la ausencia de grandes conflictos internos y el control del partido reforzaban la posición de la presidenta y dibujaban un horizonte de legislatura sin sobresaltos.
Sin embargo, ese escenario de tranquilidad se vio bruscamente truncado tras la publicación del informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, que vinculaba a Santos Cerdán, secretario de Organización del PSOE y persona de máxima confianza de Chivite, su “compañero de partido y amigo” —tal y como lo calificó ella misma el día que se conoció el informe policial, el más difícil en la carrera política de la presidenta—, con una presunta trama de corrupción. A esta situación se sumó la salida forzada de Ramón Alzórriz, hasta entonces vicesecretario general del PSN y portavoz parlamentario, tras hacerse pública la relación laboral de su pareja con Servinabar. Los dos pilares de Chivite ya no estaban.
El huracán que supuso el caso Cerdán no fue fácil de digerir. La presidenta necesitó tiempo para recomponerse y reordenar su estrategia en un escenario que había cambiado de forma abrupta. Aun así, afrontó la vuelta de las vacaciones de verano con la determinación expresa de continuar al frente del Gobierno y agotar la legislatura. Esa voluntad de seguir parece haberse reforzado tras el paréntesis navideño. Con el inicio de 2026, Chivite ha recuperado la iniciativa política y ha optado por tomar decisiones de calado, como el cese de dos personas clave de su Ejecutivo, en un movimiento que busca marcar un nuevo tiempo en la legislatura.