Hace unos días, la revista Viajar hacía sabía a sus lectores que el municipios de Olite era, bajo su criterio, el pueblo de Navarra más bonito para 2026.

Olite, el pueblo más bonito de Navarra "para descubrir en 2026"

Un localidad a la que se referían de la siguiente manera: "No es una ciudad suiza ni un poblado perdido de Normandía. Estamos en Olite, un municipio con poco más de 3.000 habitantes que parece haberse escapado de entre las páginas de un cuento de los Hermanos Grimm. Sus calles empedradas y de tonos cálidos dan paso a nobles caserones con blasones, arcadas góticas, palacios renacentistas y barrocos, mientras la huella de la muralla romana recuerda su origen antiguo. Pero es el imponente Palacio Real, con torres picudas, jardines frondosos e interiores exuberantes, quien domina la escena".

El pueblo más bonito al que viajar en enero está a una hora de Pamplona, según National Geographic

A poco más de una hora de Pamplona, más concretamente a 101 kilómetros de la capital navarra, está, nada más y nada menos que, "el pueblo más bonito al que viajar en enero". Una villa de la Rioja Alavesa de las que "su multitud de cuevas subterráneas conectadas hacen imposible la circulación de vehículos por el centro histórico".

El pueblo en cuestión no es otro que Laguardia. Un lugar al que Mari Carmen Duarte, Periodista especializada en viajes y gastronomía, autora de la publicación de la prestigiosa revista National Geographic, se refiere así: "Para entrar a este pueblo del País Vasco hay que pisar sin prisa y con cuidado. Lo primero, porque su calma es contagiosa y merece la pena recorrerla sin premuras, más aún cuando el invierno la envuelve en una quietud casi suspendida. Lo segundo, porque bajo el empedrado su tamaño se dobla y una auténtica ciudad de más de 200 calados se teje bajo sus casas y calles. Cuando la escarcha blanquea los viñedos y el frío hace tiritar, esos calados se convierten en refugios cálidos donde el aroma a roble y mosto envuelve al visitante. Arriba, la gastronomía se vuelve más contundente, alubias de Tolosa, chuletones al sarmiento, guisos que reconfortan, y el pintxo pote pide un vino con cuerpo que caliente por dentro. A las afueras, los dólmenes emergen entre campos nevados como centinelas de otro tiempo, recordando que esta tierra ya era sagrada mucho antes de que brotara la primera cepa".