'Querido papá', por Irene y Ana, hijas de Tomás Yerro

26.04.2021 | 12:25
Tomás Yerro

Querido papá,

Se canta lo que se pierde. Bien lo sabías tú. Y hoy te escribimos esta carta, muy a nuestro pesar, porque te hemos perdido. Llevabas años intentado prepararnos, con esa serenidad que solo tienen quienes se sienten en paz consigo mismos y con el mundo, para este momento. Pero mira por donde, en este terreno y seguramente en algunos otros, no hemos sido muy buenas alumnas. Por sabida, tu marcha no ha resultado menos dolorosa.

Navarra ha perdido a un referente del mundo de la educación y la cultura. Nosotras, mucho menos importantes que tú, hemos perdido a nuestro padre. El que mientras escribía la memoria de su acceso a cátedras en su antigua máquina de escribir acunaba al mismo tiempo a su hija recién nacida. Aquel que de niñas nos hizo ser, mediante ese juego de entrevistas que tanto practicábamos, la cantante Madonna, el personaje televisivo Espinete y tantos otros. Aquel que narraba, mientras nosotras nos disfrazábamos y hacíamos de jóvenes modelos, esos desfiles tan divertidos. El que nos enseñó que pasar las mañanas de domingo en la librería el Bibliófilo eligiendo libros podía ser tanto o más divertido que estar en el parque. El que nos daba la cena mientras mamá impartía clases en nocturno y nos arropaba relatándonos mil y una historias. Quien, en la intimidad familiar, contaba unos chistes desternillantes y poseía un sentido del humor envidiable.

Hacía tiempo que ya no viajábamos juntos. Las vacaciones que hicimos con mamá y contigo a Venecia, a Atenas, a París€ siempre aprendiendo del profesor y disfrutando del padre. Tú, ligero de equipaje y cargado de libros. Las mil y una anécdotas cuando Pitina y tú veníais a vernos a Viena en la época en que ambas coincidimos viviendo allí. En el primer viaje ya te hiciste amigo del bibliotecario del Instituto Cervantes –tu refugio español en Austria- y en el siguiente, aún no sabemos cómo, el embajador español te trajo en su coche oficial a casa. Seguro que todos vieron en ti lo que nosotras: a un hombre discreto y afable, enamorado perdidamente de las letras y de su tierra.

No te sorprenderá saber que tus cuatro nietos, a quienes tantísimo querías y a quienes les contabas con devoción las míticas historias de tu amigo Julianín, están llevando tu partida con entereza, naturalidad y, por supuesto, tristeza. Supieron despedirse de ti y cada uno, a su manera, te sigue recordando. Han dejado galletas delante de una de tus fotos, "porque al lito le gustaban". Saben que, en el terreno culinario, su abuelo no podía resistirse a un arroz con leche o a un buen dulce. Cuando crezcan les recordaremos que tampoco sabías decir que no a cualquier escritor que necesitara de un consejo, de una corrección, de un prólogo€ Sabrán que su (abue) lito siempre denunció como una de las más graves formas de injusticia la falta de educación y de cultura, y que por eso dedicó su vida de manera solidaria y altruista a ayudar a los más desfavorecidos. Destacaremos que en tu escala de valores los ancianos ocupaban, muy a contracorriente en estos días, un puesto de honor. Recordarán que Lerín fue tu particular patio de recreo hasta tus últimos días. No olvidarán, en fin, que era casi imposible conocerte y no quererte.

Nos despedimos, papi. Como ves, hemos ido sobre seguro: el género epistolar era uno de tus favoritos y no hemos querido arriesgar. Dignas hijas de su padre, que diría mamá.

Te queremos, por siempre,
Irene y Ana Yerro Vela