La composición del gobierno protagoniza el tramo final de las negociaciones en Navarra

El PSN trasladará este martes a Geroa Bai, Podemos e I-E una propuesta sobre la estructura del Ejecutivo, y si es en solitario o en coalición
Chivite deberá buscar después la abstención de Bildu

09.02.2020 | 19:46
Marisa de Simón, de I-E, Uxue Barkos, de Geroa Bai, Eduardo Santos, de Podemos, y María Chivite, PSN, tras cerrar el acuerdo programático en la reunión del pasado 5 de julio.

María Chivite deberá buscar después la abstención de Bildu.

Pamplona - Tras el parón sanferminero PSN, Geroa Bai, Podemos e Izquierda-Ezkerra retoman a partir del martes las negociaciones para la formación del nuevo gobierno. Cerrado el acuerdo programático, solo queda ya la estructura del próximo gabinete presidido por María Chivite. Un último escollo antes de una investidura que sin embargo seguirá dependiendo de la abstención de EH Bildu o de Navarra Suma para su viabilidad. Lo que deja por delante varios días de intensas negociaciones salpicadas por el complejo escenario político en Madrid, que también puede tener una incidencia directa en lo que pueda ocurrir en Navarra.

Pero vayamos por partes. Lo primero será cerrar la composición de Gobierno para la próxima legislatura. El acuerdo programático ha dejado buenas sensaciones en las cuatro fuerzas firmantes, PSN, Geroa Bai, Podemos e Izquierda-Ezkerra, que han logrado superar las desconfianzas abiertas en la conformación de los ayuntamientos y la elección de la Mesa del Parlamento para firmar un documento de 77 páginas y 479 medidas programáticas. Hay mimbres para el acuerdo, y hay voluntad, por lo que el último tramo no debería generar excesivas complicaciones. Aunque eso todavía está por ver.

El PSN ha citado este martes a sus tres socios para trasladarles una propuesta concreta sobre la estructura del Gobierno foral y su posible composición. Una reorganización de consejerías en la que no esperan grandes cambios, aunque sí podrían dividirse algunos departamentos de forma que se amplíe en número final de integrantes del Consejo de Gobierno.

Más dificultades puede tener su propia composición. Hay que decidir si es un gobierno exclusivamente socialista, como ha venido planteando algunos dirigentes del PSN, o si se abre a la presencia de miembros de las otras fuerzas. Ya sea en forma de coalición al uso, con un reparto proporcional a los escaños, o con un reparto de responsabilidades más centrado en las capacidades y preferencias de cada uno de los partidos que lo apoyan.

Por esta segunda opción se ha posicionado desde el principio Geroa Bai. Uxue Barkos ya ha avanzado que ella no estará en el Gobierno liderado por Chivite, y que pasará al Parlamento para dirigir desde allí la acción política de su coalición. Pero sí ha subrayado la voluntad de su partido por "compartir responsabilidades" dentro del Ejecutivo.

Por un lado, para mantener cierta visibilidad en un Gobierno que ya nace en minoría, por lo que los partidos que lo sustentan van a tener escaso margen de movimiento en el Parlamento. Pero también para garantizar tanto el cumplimiento del acuerdo programático como para evitar la tentación del PSN por buscar apoyos por la derecha.

Prueba de ello ha sido el cruce de declaraciones que socialistas y Geroa Bai han tenido la última semana. "La abstención no puede ser solo de EH Bildu, puede ser de Navarra Suma también", ha apuntado estos días María Chivite, que ha abierto la puerta a una reunión con la coalición derechista para buscar su apoyo. "El acuerdo programático no es una puerta falsa para pactar con Navarra Suma", replicó Geroa Bai, que ha invitado a los socialistas a "no hacer una lectura errónea del acuerdo". Dicho en otras palabras, la alianza debe mirar en el Parlamento a la izquierda, no a la derecha.

Es el escenario en el que se retoman unas negociaciones en las que tanto Izquierda-Ezkerra como Podemos también deberán fijar su posición respecto a la entrada o no en el Gobierno. En I-E hacen una lectura positiva de los últimos cuatro años, en los que han mantenido una colaboración estrecha con la vicepresidencia de derechos sociales que dirige Miguel Laparra, por lo que no se descarta repetir una fórmula similar.

Tampoco descarta Podemos reclamar la presencia activa dentro del Gobierno que ya rechazaron hace cuatro años, pero que ahora, con menor peso parlamentario, puede resultar políticamente más interesante. En cualquier caso, ambos partidos mantienen abierta todavía la reflexión interna, con opiniones a favor y en contra de entrar en el Gabinete de Chivite, que se deberán solventar en breve.

Demandas que no obstante van a depender también del planteamiento que presente el PSN, que ha priorizado cerrar el acuerdo programático y que afirma que en cuanto a la conformación del Gobierno no tiene "posturas inflexibles". Pero que van a condicionar una negociación que podría acabar encallada por este motivo, tal y como está ocurriendo en Madrid. De alguna forma, la propuesta que el PSN traslade a sus socios este martes será un buen termómetro para conocer si el Gobierno de María Chivite es cuestión de días... o de semanas.

Los plazos Será difícil en cualquier caso que el proceso negociador culmine en un pleno de investidura antes de que termine julio. En el mejor de los casos, el acuerdo acabará concretado a lo largo de la semana entrante, como confían los más optimista. En ese caso, las cuatro fuerzas tienen previsto abrir un periodo de consultas internas para validar el acuerdo, que al menos en el caso de PSN y Podemos se va a determinar con votaciones vinculantes y abiertas a toda su militancia, lo que alargará el proceso algunos días, en los que el presidente del Parlamento deberá celebrar además su propia ronda de consultas.

Todo hace indicar así que la negociación se va solapar en el tiempo con el pleno de investidura de Pedro Sánchez en Madrid, previsto entre los días 22 y 25 de julio. Un escenario difícil en el que el candidato socialista todavía no tiene los apoyos suficientes, y para el que el PSOE no quiere interferencias. Así que, según fuentes socialistas, lo más probable es que el pleno de investidura de María Chivite quede para la semana del 29 de julio al 2 de agosto.

Falta por ver qué efecto tiene en Navarra, si es que lo tiene, el proceso de investidura de Pedro Sánchez. Y si una derrota en la votación por falta de acuerdo con Podemos deriva en la búsqueda de nuevas alianzas en Madrid, o en una nueva convocatoria electoral. Un escenario que no descartan los socios del PSN en Navarra, que temen que lo que ocurra en el Congreso pueda acabar modificando todo el mapa político de España.

La abstención de EH Bildu Porque Navarra va a seguir en el centro del foco mediático. Así lo han puesto en evidencia tanto PP como Ciudadanos los últimos días, en los que han aprovechado la ronda de contactos de Pedro Sánchez para poner el foco en la Comunidad Foral y reclamar al PSOE un cambio de actitud como condición previa para cualquier acuerdo en el futuro.

Los socialistas hasta el momento han aguantado bien la presión, y tanto el PSN como el PSOE han reafirmado su apuesta por un gobierno progresista en Navarra. Para ello sin embargo han tratado de marcar distancias lo más públicamente posible con EH Bildu, hasta el punto de que los dirigentes del PSOE en Madrid presumen de que en Pamplona hay un alcalde de derechas "gracias al partido socialista".

Lo ocurrido en los ayuntamientos donde la izquierda abertzale ha perdido las alcaldías por el apoyo indirecto del PSN a Navarra Suma, así como la permanente actitud de veto hacia su formación, ha generado gran malestar entre los simpatizantes de EH Bildu. "Lo que ocurra en Navarra lo decidirán las bases", avanzan en la formación soberanista, que públicamente muestra una posición posibilista, partidaria de facilitar gobiernos que impidan la llegada de la derecha al poder, tanto en Navarra como en Madrid.

Pero la última palabra la tendrán las asambleas locales y de barrio de EH Bildu en una consulta que será vinculante. Algunas ya se han reunido para hacer un primer análisis del resultado electoral y debatir la estrategia para el futuro. Y aunque todavía no se ha sometido nada a votación, el rechazo es evidente entre buena parte de los simpatizantes, muchos de los cuales se oponen a facilitar un Gobierno de María Chivite. Y no será fácil hacerles cambiar de opinión si no hay un gesto de distensión por parte del PSN.

Nada es definitivo, pero es una muestra más de que será necesaria más mano izquierda por parte del socialismo navarro hacia la formación soberanista si quiere lograr la abstención de sus siete escaños en el Parlamento. Un gesto que los socialistas han dejado para el final, posiblemente para evitar la tensión externa que llega desde Madrid y facilitar la negociación con el resto de fuerzas. Pero que en algún momento deberá llegar, de forma pública o privada, para evitar una situación de bloqueo que lleve a Navarra a una repetición electoral. La partida entra ya en su fase definitiva.