Juan Torres López, catedrático de economía aplicada

Juan Torres López: "El cambio de modelo en China y la inseguridad y desequilibrios de la globalización nos condenaban a terremotos, quiebras y fracturas"

01.11.2021 | 19:58
Juan Torres López

Ha perdido la cuenta del número de libros que ha publicado. En su último ensayo denuncia que la economía está plagada de falsedades muy influyentes

No salimos de una y parece que entramos en otra. La preocupación por la economía ha vuelto a la primera línea informativa en cuestión de semanas, con la inflación y los problemas en la cadena de suministro apuntando como graves amenazas. Momento propicio para hablar con un catedrático de Economía, Juan Torres López (Granada, 1954) que acaba de sacar nuevo libro: Econofakes (Deusto).

Su ensayo aborda la existencia de "10 grandes mentiras económicas de nuestro tiempo y cómo condicionan nuestra vida".

–He procurado de manera muy clara y didáctica analizar lo que creo que son una serie de afirmaciones que se vierten casi diariamente y que son falsas, mentiras económicas que tienen un impacto muy importante en nuestra vida diaria.

Lo cual es tremendo.

–Sí, una cosa es el debate, y las posiciones diferentes entre personas, y otra cosa es la mentira, que es una afirmación que contradice la realidad. En el libro tomo 10 afirmaciones y demuestro que son falsas. No es que sean opinables ni que respondan a una preferencia, es que son mentira.

Por ejemplo, en torno a unas pensiones supuestamente impagables.

–Yo lo que digo es que afirmar que el envejecimiento de la población impide financiarlas es mentira, se mire por donde se mire, porque su financiación depende de otra serie de variables añadidas al problema demográfico.

¿Cuáles son esas variables, además de las políticas?

–Aparte de que la sociedad tome la decisión de financiarlas, lo que hace que haya más o menos recursos para las pensiones y otros bienes públicos, es el tamaño de la tarta de financiación. El volumen de ingresos de que dispone una sociedad no solo depende del número de gente que trabaje, sino de la productividad, del salario que tenga, del crecimiento que registre el propio producto. Esas son las variables que hay que tomar en consideración, todas ellas pueden hacer que haya más o menos recursos, y por lo tanto que se condicione de una manera o de otra la decisión política sobre la financiación de las pensiones. No solo el envejecimiento de la población.

En otro capítulo refuta la máxima de que el capitalismo sea un sistema económico basado en la competencia y el libre mercado.

–Me refiero a la competencia de las empresas en los mercados. Se asocia el capitalismo a los mercados de competencia, y no es verdad, basta mirar a nuestro alrededor para comprobar que en la inmensa mayoría de los mercados, unas pocas empresas controlan la inmensa mayoría de la actividad. Por lo tanto no hay competencia, sino oligopolios, de empresas que terminan fusionándose, y que tienen como principal estrategia conseguir la posición más dominante posible en el mercado.

Otra de las ideas que desmiente es que bajar salarios aumente la oferta de trabajo.

–Yo demuestro que es mentira que para crear empleo haya que bajar salarios. Comprobando lo que ocurre en las economías a lo largo del tiempo se constata que se crea empleo precisamente cuando hay más salarios y cuando las empresas venden más. Las empresas crean empleo si tienen beneficios vendiendo, y para que puedan vender necesitan clientes en sus puertas, y son en buena parte la gente que recibe salarios. Así que no se puede decir que el empleo dependa exclusivamente de los salarios, sino de más razones. De la productividad del trabajo, de que haya demanda de los bienes que produce una empresa.

La pandemia ha recordado la importancia de los servicios públicos. Pero la tentación del sálvese quien pueda ha hecho mella a medida de que avanzaba la crisis.

–La pandemia ha puesto de relieve que si se hubieran tomado las medidas que los ultraliberales vienen proponiendo, el mundo habría colapsado. Han tenido que ser tomadas medidas de intervención, de incremento del gasto, de apoyo de los servicios públicos, de cooperación y solidaridad que contradicen de plano ese credo liberal que supuestamente proporciona mejores resultados a la gente.

Ahora preocupa la inflación y los problemas de suministros. De nuevo, notamos una fragilidad estructural encima de nuestras cabezas.

–Sí, es que eso es justamente lo que tenemos en nuestras economías, una fragilidad muy profunda. A mí no me sorprende para nada, porque desde el principio de la pandemia dije que si no se tomaban las medidas adecuadas, que no se han tomado, esto iba a pasar.

¿Y cuáles son esas medidas? Parecía que se había tomado nota de la crisis anterior respondiendo en clave socialdemócrata.

–La Unión Europea ha respondido de una manera diferente, pero con carácter tardío, insuficiente, y sin corregir defectos que venían de antes. No solo eso, hay muchas costuras que están saltando desde hace mucho tiempo. Ahora la energética, que ya se sabía que antes o después iba a saltar, porque el mercado eléctrico en Europa está mal diseñado y regulado, para favorecer a los grandes oligopolios. Son muchos descosidos los que hay en la economía de nuestro tiempo, y como no se afrontan con decisión, antes o después la situación se va resintiendo. Es inevitable que eso ocurra, porque esas debilidades estructurales, esos defectos profundos que tiene la economía internacional, no están bien cosidos, ni corregidos.

Con lo cual, ¿augura una inflación que ha venido para quedarse durante bastante tiempo?

–Creo que va a haber una tendencia a la subida de precios, no solamente por los problemas de la energía, que en realidad quizás son los más coyunturales, sino porque hay un problema de oferta en toda la economía internacional, que ya se había empezado a producir antes de la pandemia. Las bases en las que se había establecido la localización industrial en todo el planeta se estaban resquebrajando, porque China está cambiando de modelo, y la globalización que hemos vivido está creando muchas inseguridades y falta de equilibrio en amplias zonas del planeta. Por lo tanto estábamos condenados a tener terremotos, quiebras y fracturas, como algunos economistas habíamos anticipado.

¿China está cambiando de modelo o nos está cambiando a todo el mundo el modelo? ¿Estamos en los albores de una nueva era?

–China está cambiando de ser un país netamente exportador a ser un modelo en mayor medida impulsado por la demanda interna. Eso va a frenar durante algún tiempo a la economía china, es natural, y este país está cambiando el modelo productivo para tratar de generar un poco más de equilibrio ambiental y mayor equidad en el seno de su sociedad. Al cambiar eso, lógicamente nos afecta profundamente al resto del planeta, que estábamos viviendo de un flujo casi permanente de productos que venían de allí. China también está preparándose para hacer frente a un cambio de estrategia en Estados Unidos, que empieza a diseñar una nueva guerra fría, o caliente, ya veremos. Los chinos aprendieron la lección de la antigua Unión Soviética, y no creo que sea tan fácil para Estados Unidos generar una estrategia destructiva como la de entonces. Todo ello son cambios que provocan una perturbación muy grande en la economía internacional.

Cuando dos elefantes se pelean es la hierba la que sufre, afirma el dicho. ¿En qué queda el proyecto europeo, en un sandwich?

–Desgraciadamente Europa no termina de ser algo más que un acuerdo preferentemente orientado a satisfacer intereses comerciales, y no desarrolla con fuerza su protagonismo político y un liderazgo incluso diría que moral en el planeta. Tiene tantas tensiones internas, tanta incapacidad para hacer frente a su diversidad, que yo veo muy difícil que Europa pueda pasar a ser un actor potente en el nuevo escenario en el que vamos a entrar.

Por cierto: ¿Cree que la figura de Merkel se ha idealizado?

–Siempre cuando un líder importante desaparece, se tiende a ver lo positivo de su mandato, pero en los años de Merkel Europa ha sufrido mucho, se han cometido errores históricos y se ha destruido el proyecto europeo en gran medida. Merkel es responsable de atroces medidas contra la equidad y la sensatez en Europa. No podemos olvidarnos de eso.

Hace años se criticaba que uno de los errores de la política española era la inmediatez. Ahora que este Gobierno mira a 2050. Vivimos en esa contradicción.

–Hay que poner luces largas para saber dónde va uno, pero creo que esas luces las tiene que poner la sociedad, no un Gobierno, que al fin y al cabo está de paso. La desgracia es que los gobiernos, sean de la tendencia que sean, no conciten ese tipo de acuerdos sociales y de espacios en donde la sociedad, con independencia del día a día, marque esas directrices estratégicas a largo plazo. Un Gobierno, por definición, no puede estar mirando a 2050, primero porque en 2050 nadie sabe lo que va a pasar. Eso es una quimera.

Hablamos de tres décadas por delante, tampoco de tres siglos.

–Sí, pero en 2006 no sabíamos lo que iba a pasar hasta hoy. Un Gobierno, por definición, tiene como tarea actuar en los 4 próximos años, porque se le ha elegido para eso, no puede ser largoplacista. Hace falta entonces que la sociedad se dote de instituciones capaces de contemplar el largo plazo. No es fácil, pero sería lo deseable.

Usted fue asesor de Podemos en sus inicios. ¿Cómo ve la evolución de esta formación, ahora parte del Gobierno español donde puede influir en la política económica?

–Estrictamente hablando, la política económica es competencia del Ministerio, un gobierno así es la coalición de dos fuerzas políticas distintas para poner en marcha un mismo proyecto, que coordina y dirige el presidente del Gobierno.

Pero se habla de ejercer una vigilancia sobre el Ministerio de Trabajo de Díaz, y no sobre Nadia Calviño, por ejemplo.

–Quien diga eso desconoce la Constitución y da por hecho que Pedro Sánchez está haciendo dejación de funciones, porque la tarea de coordinar y dirigir al Ejecutivo le corresponde a él. Y yo no puedo creer ni por asomo que el presidente del Gobierno haya dejado de ejercer esas funciones.

Sobre la polémica de la derogación de la reforma laboral, ¿cuál es su posición como experto?

–A mí me pareció bien el documento que firmaron el PSOE y Unidas Podemos para formar la coalición, creo que era un texto comedido, sensato y bien hecho, y espero que los dos partidos con el presidente a la cabeza saquen adelante lo que estaba escrito. 

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