Denuncia en la Policía Foral que sufrió abusos en Salesianos de Urnieta en 1973

Un vecino de Tierra Estella de 58 años relata tocamientos de un religioso en la cama

03.01.2020 | 08:32
Vista lejana del edificio de Salesianos en Urnieta.

PAMPLONA. Un vecino de Tierra Estella de 58 años y exalumno del colegio de Salesianos en Urnieta (Gipuzkoa) en el curso 1972-73 ha denunciado en la Policía Foral de Estella los abusos sexuales sufridos cuando tenía entre 11 y 12 años por parte de un religioso del centro.

Ya lo había denunciado meses antes en la comisaría de la Ertzaintza de Laguardia. Un juzgado de San Sebastián ha comunicado estas Navidades al interesado el sobreseimiento y archivo de la causa al haber prescrito los hechos. Este denunciante relata que cuando dormía en un barracón común destinado a todos los internos, en el que habría un centenar de dormitorios, uno de los encargados de vigilar la estancia se posaba en su cama y, para observar si había tenido alguna micción nocturna (el denunciante se solía orinar por las noches hasta esa edad), le sometía a reiterados tocamientos en sus partes íntimas. El salesiano en cuestión, que podía ejercer como coadjutor y no celebraba misa, viene identificado en la denuncia, pero el denunciante J.A.B., nacido en Pamplona y vecino de una localidad de Tierra Estella, estudió en Urnieta dos cursos, 5º y 6º de EGB, entre 1971 y 1973. Pertenece a la primera generación que estrenó la Educación General Básica. Acudió allí quizás también por la influencia de que uno de sus hermanos se estaba formando como fraile, aunque después acabara dejando la sotana colgada en la percha. No pudo contarle nada de aquello que sufrió porque "de niño no tienes malicia, ni eres consciente de aquello, y además mi hermano me pasaba muchos años y murió joven. Para cuando me di cuenta de que podía ser víctima de abusos, ya había transcurrido tiempo", recuerda el denunciante, ahora ateo y apóstata después de haber sido de "rosario diario" por influencia materna e incluso monaguillo en la niñez.

El hombre recuerda que en su primer año como interno en Urnieta no tuvo problemas en la convivencia, pero en el segundo curso se le echó la noche encima. "Nada más llegar, uno de los curas me soltó una hostia en la cara y me dijo a ver si este año me portaba bien. Fue como un anticipo. Luego, lo que ocurrió es que dormíamos en un pabellón gigante, en el que había camas y armarios como en la mili, sin paredes ni tabiques. En cada esquina dormía un fraile y ese segundo año a mí me tocó dormir justo al lado de la esquina. Él (el denunciado) se levantaba de la cama, corría la cortina y lo primero que se encontraba era mi cama. Así que le resultaba muy fácil llegar a mí con la excusa además de que me podía orinar a las noches. Y de aquello no se enteraba nadie. Y yo tampoco lo hablé con nadie. Después, conforme me hice mayor, lo he contado en todos los sitios. Porque esto merece saberse y corregirse. Yo era un niño que no le daba importancia a aquello y, por ello, y porque no fue a nada más grave, aunque fueran tocamientos reiterados, conviene recordarlo y sacarlo a la luz. Creo que no estoy muy traumatizado por ello, pero ya sabes que el subconsciente es muy traicionero y cualquiera sabe. Han pasado 46 años y tengo grabada esa escena, y tengo grabado su rostro y su nombre. Pero creo que tengo que hacer esto porque hay gente que 40 años después sigue con un trauma dentro, siguen igual de afectados y eso no se puede permitir y no se les puede dejar solos. Para mí esta es la manera de apoyarles, denunciando y contando mi caso".

El exalumno de Salesianos, que luego siguió estudiando Formación Profesional en Estella, recuerda que aquel hombre que le tocaba y que solo le decía "vamos a ver si te has meado esta noche encima", "trataba de ser agradable y Recuerdo que siempre utilizaba la excusa de si me había orinado encima, se arrodillaba en la cama y me metía la mano. Pero obviamente era algo que podía hacer sin necesidad de eso, me podía pedir que me levantara y ya está". Este navarro recuerda que el hecho de escuchar los testimonios de víctimas anteriores, en Puente la Reina y el Puy de Estella, fue lo que le animó a acercarse a la Policía. "Incluso recopilé datos antes de ir a denunciar y leí varios casos, y me indignó el hecho de que incluso el arzobispo pidiera a uno de ellos la carta que había escrito su hermano muerto para guardarla en un cajón. Lo que me fastidia es que haya habido casos más graves que nunca lleguen a saberse para hacer Justicia". E.C.