Hablan las víctimas, se estremece el auditorio

16.02.2020 | 01:10
Mesa redonda con victimas de abusos en la jofrnada Centros Religiosos y Pederastia.

Con un nudo en la garganta y el corazón encogido, una representación de aquellos niños que fueron abusados hace décadas en Navarra en centros religiosos abrocharon el viernes la jornada académica en Civican, con el Arzobispado ausente.

C on permiso, el poeta lo canta tal que así: "Somos el lamento de una vieja herida. He gastado días persiguiendo el viento, he perdido el mapa, he dado la vida". La brecha, la cicatriz, la secuela, el trauma, el dolor, el lamento, la mirada atrás, la mochila cargada, el desnorte del mapa vital, la vida desbrujulada por aquello. Cuando ellas hablan, uno se encoge en el asiento, trata de ser chiquito para no molestar y enjugarse los ojos. Las víctimas de abusos sexuales en la Iglesia en centros religiosos de Navarra coronaron la tarde del pasado viernes en Civican, con un auditorio repleto y estremecido, la histórica cita que organizaron con la colaboración de la Universidad Pública de Navarra y de la consejería de Justicia del Gobierno Foral. La jornada de Centros religiosos y pederastia: Búsqueda de la verdad, la justicia y la reparación en los abusos sexuales resultó un éxito de público y de abordaje de la problemática desde el ámbito académico, histórico, mediático, multidisciplinar al fin y al cabo.

Ahora, en esto, la voz es de ellos. Koldo, pamplonés de 63 años, decidió erigirse en el anomimato ficcionado de Andoni que había elegido hasta hace poco tiempo. Él fue alumno del colegio Maristas Santa María la Real y su recuerdo es espantoso. Allí sufrió abusos cuando tenía entre 12 y 14 años de hasta tres hermanos –Braulio, que finalmente fue expulsado de la orden en 1970 y ahora vive en Burgos y cuenta con 80 años, Pedro y Amigot–. Koldo recordó que "hasta el año pasado nadie sabía lo que me había ocurrido. Lo he tenido oculto más de 50 años". Lo desveló en una visita a la feria de Arco que realizaba con parte de su familia. Pararon el paso ante el cuadro de un cura con un niño que le llegaba a la altura de sus partes. Alguien hizo una broma y entonces fue cuando Koldo se vino abajo. La imagen le removió muy adentro y empezó a soltar aquello que tenía tan a cobijo. Koldo respira entrecortado. No ha vuelto a ver desde niño una película de los hermanos Marx, porque la primera vez que sufrió abusos veía en el cine Más madera. Se recompone en el sillón y Koldo, que es pura emoción, dice sincero: "No cuento nada de esto para abrir más heridas, no quiero hacerlo, quiero reivindicarlo para que no se repita. Mi obligación era estar aquí con mis compañeros y exigir que se conozca qué hicieron los pederastas, adónde les enviaron, quién sabía aquello y qué sabían", clama Koldo.

Su testimonio deja paso a la voz de José Luis Pérez, el primer denunciante de esta oleada de abusos que ha canalizado hasta 30 testimonios en este periódico de abusos cometidos en siete colegios distintos. Cuando perdió a su hermano, José Luis conoció que la historia de ambos en el colegio de los Padres Reparadores de Puente la Reina había sido escrita con igual desgracia. Su hermano le dejó una carta para que leyera una vez que había fallecido. Y José Luis, víctima del padre Senosiáin en la enfermería del centro, acudió con aquella misiva al Arzobispado, donde Francisco Pérez le ofreció guardar ese relato en una urna. Enterrar el dolor para no escribir la historia como se debe. "Nos lo habíamos callado toda la vida y ahí fue cuando siempre pensé qué hubiera pasado si hubiera hablado a tiempo, si lo podía haber salvado de aquello. Eso lo tendré en mi corazón toda la vida". Su hermano le invitaba a José Luis a no quedarse quieto con la carta, a encontrar el cauce oportuno para usarla. Y así se convirtió en uno de los portavoces de este colectivo, con una decena de asociados en Navarra elegidos por puro infortunio. José Luis se envalentona al ver el tendido lleno y las reacciones destempladas de la Iglesia. "Mi experiencia con el responsable de Reparadores fue mala, pero cada vez somos más fuertes. Esta jornada, o el hecho de haber acudido al Parlamento, es para mí un sueño. Los tenemos acojonados. Si no, no actuarían como lo hacen", dice.

El que toma el relevo es el presidente de la asociación, Jesús Zudaire, primer denunciante del depredador José San Julián Luna, fundador y primer director del colegio diocesano El Puy de Estella entre 1960 y 1973. Zudaire recuerda que tras 18 años de terapia decidió que ya era hora de hablar. "Llevaba tiempo queriendo sacar de mí esa mochila de lo que me había pasado. Me lo recomendó la psicóloga. Lo hice y ahora estamos aquí, en esta especie de terapia de grupo porque todos hemos pasado por lo mismo y las secuelas quedan para toda la vida. Yo, por ejemplo, sufro y me encuentro mal porque no puedo llorar". Zudaire y Marcos Leyún, alumno abusado en Maristas en 1958 por el hermano Julián, acudieron a una reunión con el Arzobispado en diciembre para intentar allanar el camino de la reparación y sembrar el diálogo. "Allí ni pidió perdón, ni manifestó ninguna intención de investigar lo ocurrido. Somos historia, somos pasado. Y ahora ponen en marcha una comisión para atender a menores y personas vulnerables víctimas de delitos así en cualquier ámbito de la sociedad. Ponen en marcha un ventilador en lugar de barrer la casa. Nos han dejado de lado, pero nos tendrán enfrente. Y el muro caerá", concluye Marcos. De no ser así, quedará el poeta: "Papá, cuéntame otra vez...".