Etxekoandres de lo social

Cuarenta personas de la fundación Peñascal preparan 1.000 menús cada día para atender a las personas confinadas en polideportivos y albergues

03.05.2020 | 17:14
Cocineras y cocineros solidarios en plena faena

Sesenta kilos de arroz, 80 de verduras, 200 kilos de merluza, más kilos de frutas, centenares de yogures 750 barras de pan€ Es la lista de la compra de un día para preparar la comida de las 500 personas a las que desde la fundación Peñascal se les atiende desde que se decretó el estado de alarma. Son los etxekoandres sociales, un equipo de cuarenta personas que se preocupan cada día de poner los fogones en marcha y preparar comidas atendiendo incluso a las necesidades específicas de las personas ya sea por enfermedad, alergia o religión, como ocurre estos días con el Ramadán.

El trajín en la gran cocina del pabellón del Peñascal ya se nota a las 7.30 de la mañana, que es cuando el equipo comienza todos los preparativos. Los hornos industriales de Salva se ponen en marcha para preparar el pan, uno de los alimentos que curiosamente más piden. Unos cortan la verdura, otros pelan patatas, sartén, aceite€ tienen que preparar el avituallamiento para una gran familia. Durante cuatro horas no paran hasta tener todo en marcha porque luego llega empaquetar, meter en las furgonetas y distribuir.

Desde hace 45 días cuando se decretó el estado de alarma y los comedores sociales se vieron obligados a cerrar igual que otros tantos servicios, en el Peñascal se afanan en responder a una población especial. La mayoría son personas que antes vivían, dormían y pasaban sus días en la calle a falta de un techo donde reposar o resguardarse del frío. La pandemia también ha cambiado sus hábitos, y muy a su pesar, porque se encuentran confinados con otras personas en polideportivos sin poder salir. Antes no tenían techo y ahora paradójicamente se les cae encima como decía recientemente una de estas personas en estas páginas. Es el peaje que paga toda la sociedad en sus casas. Pero en su caso, su casa es la calle y también han tenido que abandonarla.

Son más de 500 personas muy diferentes, que ahora están obligadas a convivir y a compartir mantel. La fundación Peñascal se preocupa de atenderles a diario poniendo mimo en cada plato que preparan.

La entidad de iniciativa social, sin ánimo de lucro y declarada de utilidad pública desde 1986 tiene como propósito central integrar en la sociedad a personas que están en situación o en riesgo de exclusión por diversas circunstancias personales, académicas o sociales.

Promueven una cualificación profesional, con valores y actitudes de responsabilidad y solidaridad, para que las personas sean soberanas y protagonistas activas, en sus propias vidas y en la sociedad.

Estos días, como reconoce Alberto Sánchez, responsable de Hostelería del Peñascal, cumplen una doble función porque a la vez que responden a las necesidades de una población vulnerable ven cómo gracias a su formación pueden labrarse un futuro que les aleje de la marginalidad. Así el equipo que se reúne desde primera hora de la mañana alrededor de los hornos que fabrica la empresa familiar guipuzcoana, Salva; y los fogones industriales trabaja sin descanso para que la comida llegue a su hora a los cinco polideportivos de Bilbao en los que el Ayuntamiento ha acogido a las personas sin techo que antes de la alarma sanitarias vivían en las calles de la capital. Alberto Sánchez explica que tienen sus proveedores habituales que cada día les suministran de los productos para preparar los menús. Hoy para cenar toca hojaldres de espinacas y queso. Curiosamente el pan es el producto estrella.

UNA FAMILIA DE 500 PERSONAS

Por lo general el trajín comienza mucho antes que en una casa normal, porque ellos cocinan para una gran familia de 500 personas así que todo se multiplica. A las siete de la mañana delantal, gorro y mascarilla comienzan los preparativos.

Los aromas se mezclan, se cruzan las peladuras de patatas€. Sumergidos en la cocina la dinámica hace olvidar durante un momento la crisis sanitaria que vivimos desde hace 45 días. Todo tiene que estar preparado para las 11.30 horas porque es el momento en el que los menús se envasan y llevan a las furgonetas los repartan hasta los diferentes polideportivos y albergues. Llega el tiempo para que ellos también puedan comer y descansar un poco porque enseguida comienzan las cenas. Desde que hace una semana se inició el Ramadán el horario es continuo, según explica Alberto Sánchez. A las cuatro de la mañana reparten los desayunos porque luego están todo el día sin comer hasta la hora de la cena. Cocinar en cantidades industriales no les ha costado especialmente porque ya daban de comer a gran escala, hacen lunch, catering y en otro comedor abierto pero con precios reducidos. Han aumentado las cantidades pero no les ha costado mucho hacer los cálculos. Eso sí han extremado las medidas de higiene pero "estamos muy contentos de dar este servicio". Para los chavales, "es una oportunidad laboral y una foto de adonde no quieren llegar".