Piedad Bonnett / escritora

"Al principio pensamos con liviandad: 'Es cosa de chinos'. Y resultó un virus igualador como en épocas antiguas. De ahí el miedo"

11.05.2020 | 00:53
La escritora colombiana Piedad Bonnett, durante una entrevista. Foto: Efe

A la escritora colombiana le cuesta creer que esta crisis sanitaria vaya a derivar en una sociedad más igualitaria; más bien al contrario, teme que algunos se aprovechen

Bogotá (colombia) – La escritora colombiana Piedad Bonnett cree que se menospreció el peligro de la pandemia del coronavirus y que se pensó que era "una cosa de chinos"; sin embargo, ha resultado "un virus igualador como en épocas antiguas" y por ello hay un miedo generalizado que ha confinado a gran parte de la población del planeta.

Bonnett (1951), que ya ha narrado en sus novelas y poemas los miedos y el dolor profundo desde una agitada Colombia, se muestra escéptica sobre los efectos positivos de la crisis del COVID-19 y duda de que la dura experiencia vaya a mejorar nuestras sociedades. Más bien teme que algunos políticos aprovechen esta crisis "para lograr réditos a cualquier costo".

Refugiada en el campo desde el inicio de la cuarentena a finales de marzo, la autora de Lo que no tiene nombre trata de escribir sobre "el confinamiento" mientras advierte sobre esta crisis que sufrirán "los que siempre han sufrido pobreza", sobre todo en Latinoamérica.

La crisis del coronavirus recuerda el final de su poema Tránsito: "De repente la noche cayó sobre mi frente/y fui un hombre descalzo en medio del camino". ¿Esta pandemia va a provocar un cambio hacia algo desconocido? ¿Un tránsito?

–Creo que a muchos nos cambiará individualmente. Pero soy escéptica en relación con cambios más definitivos en el sistema capitalista. De todos modos, habrá perdedores en el grupo de dirigentes políticos que no han sabido enfrentar la pandemia. Y pienso que habrá mucha más conciencia en relación con el cambio climáticos. Volveremos, creo, a lo conocido pero sin duda cambiados por la experiencia.

La tragedia es evidente y dolorosa en muchos casos. A los supervivientes ¿nos va a hacer mejores?, ¿peores?

–Durante un tiempo, por lo menos, habrá una valoración de lo esencial. Del valor de la libertad, de la salud, del contacto con los que amamos. Pero eso no quiere decir que vayamos a ser mejores. De hecho, así como la pandemia ha permitido que aflore la solidaridad de muchos, también ha puesto en evidencia racismo, xenofobia, mezquindad, egoísmo. Quizá aprendamos, sí, a manejar mejor las pandemias.

Entonces, ¿considera que la sociedad aprenderá algo de esta crisis?

–Creo que indefectiblemente volveremos al mismo lugar: al de la acumulación de riqueza de unos pocos, al del consumo desaforado, la banalidad farandulera, la inversión de valores y la indiferencia frente a la pobreza.

En algún sentido, ¿no cree que el mundo ha reaccionado con un pánico desmesurado ante el virus?

–Las redes han contribuido a generar pánico pero también a informarse y a cuidarse. Y no creo que haya habido desmesura: por el contrario, el coronavirus resultó afectando a grupos que menospreciaron su peligro, como el de los jóvenes. Al principio pensamos, con liviandad, "es cosa de chinos", como cuando el ébola pensamos "eso solo afecta a los africanos". Y resultó un virus igualador como en épocas antiguas. De ahí el miedo generalizado.

Ante este miedo se vuelve a reivindicar los Estados fuertes ¿puede ser un arma de doble filo? Esto es especialmente preocupante en Latinoamérica.

–Una cosa es la presencia de un Estado eficaz y firme, y otra la tentación autoritaria que lleva a un clima de guerra, punitivo y dictatorial. Las fallas de décadas de malos Gobiernos y corrupción no se reparan en semanas. Pero una crisis de esta magnitud puede servir tanto para ver los errores cometidos, en cuestiones de salud y desigualdad, por ejemplo, como para hacer de esta una oportunidad de buen gobierno.

Ahora mismo vemos imágenes de Europa y Estados Unidos y nos alarmamos. Sin embargo, el impacto del COVID-19 en Latinoamérica puede ser brutal ¿estamos ante una catástrofe para los más débiles?

–Por supuesto. Los que más sufrirán en estos países serán los que siempre han sufrido de pobreza y falta de oportunidades.

Usted que conoce bien Colombia, la enfermedad, ¿ha llegado en el peor momento? ¿Sin liderazgo? ¿Sin una salida al proceso de paz?

–Sí, ha llegado en momentos de un Gobierno débil, errático, lastrado por escándalos de corrupción. Afortunadamente, el presidente Iván Duque ha sabido reaccionar bastante bien frente a la pandemia. Sin embargo, la falta de apoyo de CD (Centro Democrático, el partido del Gobierno) al proceso de paz sigue causando horrores, ahora desafortunadamente menos visibles: asesinatos sistemáticos de líderes y excombatientes.

¿No teme que la pandemia amenace aún más a la democracia y dé nuevo impulso a los populistas?

–Esa es una posibilidad y ya se está viendo en ciertos países. Los políticos aprovechan estas coyunturas para lograr réditos a cualquier costo.

¿Como escritora qué puede contar de lo que está pasando?

–Todavía es pronto, pero hay que mantener la mirada afinada, reflexiva, tomar nota, estar muy vivos. Yo he pasado por varios estados anímicos, sobre todo por no poder ver a mis padres ancianísimos (de 94 y 97) e imaginar que enferman o mueren durante la cuarentena. Pero leer y escribir le han dado sentido a mis días. Estoy escribiendo sobre la experiencia del confinamiento, tomando apuntes a partir de los retazos de una realidad extrema que logro unir y de los vaivenes de mis emociones. Ha sido también una posibilidad de introspección, de escribir memorias.

¿La literatura puede ser una de las tablas de salvación ante esta angustia que nos ha supuesto esta pandemia, cuyo mensaje, quizá, es que no hay futuro?

–Por supuesto. La literatura desdibuja los muros que nos encierran y suscitan reflexiones iluminadoras.

¿Qué autores recomienda para estos días? ¿Es el momento de la poesía con mayúsculas?

–Es el momento de la poesía. Ella siempre revela, acompaña, nos muestra la posibilidad de salirse del lugar común, del poder de decir del lenguaje. Creo que es también el tiempo de leer a ciertos filósofos como Berardi o Byung Chul Han. O leer ensayistas como Harari y muchos otros.

En su poema La Muy Perra, nos dice que "En ciertas ocasiones/la vida nos demanda mezquindad". Viendo cómo los ciudadanos se llevaban papel higiénico de los supermercados y hacían acopio de alcohol ¿son tiempos mezquinos? ¿Tenemos que escoger, como dice en su poema, entre la bilis negra y la soberbia?

–Momentos así sacan a la luz lo mejor y lo peor de lo humano. Mezquindad, egoísmo, xenofobia, racismo. Pero también aflora la solidaridad y la generosidad. Por fortuna, no hay que escoger, necesariamente, entre la bilis negra y la soberbia.

"A muchos el virus nos cambiará individualmente, pero soy escéptica en relación con cambios definitivos en el sistema capitalista"

"Una crisis de esta magnitud puede servir tanto para ver los errores cometidos, en salud y desigualdad, como para una oportunidad de buen gobierno"

"La pandemia ha hecho aflorar la solidaridad, pero también ha puesto en evidencia xenofobia, racismo, mezquindad, egoísmo. Por suerte no hay que elegir"