Así vive Pamplona las nuevas restricciones

19.08.2020 | 00:00
Marí Carmen López y María Ángeles Parra, fumando a varios metros de distancia de la terraza donde tomaban algo con sus maridos, en la Plaza del Castillo.

Las limitaciones horarias y de tabaco y alcohol han sentado mal a hostelería o estancos. Los fumadores no terminan de entender los motivos y se buscan la vida

Ayer fue el primer día en el que las nuevas restricciones aprobadas por Gobierno de Navarra con el fin de contener la pandemia de covid-19 entraban en vigor. No se puede fumar sin mantener dos metros de distancia, no se puede beber en la calle y los bares deben cerrar a la una. Los ciudadanos y ciudadanas de Pamplona, por lo general, acatan las normas, pero no todos comprenden el motivo de tan estrictas medidas al ocio o a prácticas individuales como beber o fumar.

Alfonso Landibar regenta el estanco de la calle San Saturnino de Iruña. Recuerda que ya su abuela comentaba que el negocio se acabaría pero asegura haber aguantado anteriores limitaciones y, de la misma forma, lo hará ahora. Denunció que "evidentemente nos afecta en la venta del tabaco, tanto por los compradores de diario como por el ocio nocturno, porque vendemos a la hostelería". "Esto afecta al bolsillo y nosotros al final no somos más que recaudadores de impuestos", afirmó. Considera que la prohibición de fumar en la calle es un recurso que no atiende a nada lógico, y concluye que "se prohíbe porque es incompatible con la mascarilla, pero el que quiere comer pipas tampoco debería poder".

Jaione Ziritza se encontraba fumando con su amiga Sara Rodríguez en frente del estanco, en la calle Campana, alejadas de los viandantes de las calles concurridas. Aseguró ponerse la mascarilla y no fumar cuando pasa gente, pero también comentó que "yo estoy alejada, pero la gente que se acerca no suele mantener la distancia". Ziritza añadió que "no me parece mal, sobre todo por la gente que no fuma". Fermín, que se encontraba con ellas, no lo ve con buenos ojos, cree que se está estigmatizando al fumador y considera que con la medida "se pasa la pelota a la sociedad".

Todavía más escéptico fue Miguel de los Santos, que salía del estanco tras comprar dos paquetes. "Es un vicio, no se puede evitar", afirmó, y mencionó el ser escandaloso o comer: "No se puede prohibir todo lo que molesta a la gente". No se cree que la medida tenga que ver con el control de la pandemia y sugiere que "van a por el más débil". "Estamos locos, nos están sangrando", zanjó.

Pero no todo son quejas. Mari Carmen López y María Ángeles Parra fueron a Iruña de la Ribera a pasar el día y se encontraban a varios metros de la terraza fumando, donde las esperaban sus maridos. Se tomaron la situación con humor: "Es lo que toca".

En la misma Plaza del Castillo se encontraban tomando algo Rocío Fernández y Darío Larosa. Si hubiesen tenido gente alrededor no habrían podido fumar, pero "independientemente de que no esté claro si evita contagios, no cuesta nada y todo lo que tranquilice a la gente me parece bien", comentó Fernández, y Larosa añadió que estaba de acuerdo "si evita que volvamos al principio". Al igual que el resto de fumadores que hablaron con este periódico, no creen que la prohibición sirva de excusa para dejar de fumar.

Hostelería La hostelería considera que las nuevas restricciones supondrán una repercusión negativa y varios locales aseguran que "habrá que cambiar el modelo de negocio e ir más hacia bares de día". Algunos bares de Iruña ya se están reuniendo entre ellos con el fin de buscar alternativas a las nuevas medidas. Por su parte el bar Niza ha buscado variables al respecto y se sienten "afortunados de poder trabajar de día y así me olvido de la noche, evitamos poner música porque si lo hacemos, no podemos controlar", aseguró Gustavo Lure, uno de los responsables del local.

"La 1 hubiese sido una hora en la que te hacen daño, pero no tanto, pero las 12 de la noche si que se va a notar, lo que no trabajes de día apaga y vámonos", se reafirmó Lure. El responsable del Niza considera que las medidas restrictivas son una preparación para lo que vendrá y que suponen quitarle a la gente las ganas de salir, "es quitarte la libertad antes de quitártela del todo, es una desescalada al revés" concluyó.

Las ganas de no salir a tomar algo pueden convertirse en reuniones de amigos y familias en domicilios, lo que supone que "vamos a terminar en casas bebiendo y fumando y juntándonos. Creo que la hostelería notara bastante bajón", afirmó Nerea, la joven pamplonesa de 23 años. En su opinión, "la restricción en cierta medida es contraproducente" y considera que la reducción de horarios en la bares supondrá más contagios intrafamiliares por juntarse en casas.

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