Christophe Marsat y Emile Navarro

"La UE no tiene memoria y hoy trata a los refugiados igual que en 1939, como animales y mano de obra barata"

02.09.2020 | 01:06
Christophe Marsat y Emile Navarro, ayer en el hotel Maisonnave, antes de la proyección de sus dos documentales en Pamplona.

Tras sus obras hay cientos de documentos, decenas de entrevistas a republicanos que en 1939 se exiliaron en Francia, y dos años de convivencia con Lucio Urtubia

pamplona – Emile Navarro trabajaba en televisión con el yerno de Lucio Urtubia. Un día, él y su mujer, Juliette Urtubia, pusieron en contacto al documentalista francés y a la leyenda anarquista nacida en Cascante. Emile cuenta que se tutearon en la primera conversación telefónica. "Lucio ya tenía claro que debíamos hacer algo juntos; yo, leí su libro y me interesó, aunque vi que en España ya se había hecho una película de realidad-ficción sobre su vida", recuerda el entrevistador. Como no quería repetir la misma fórmula, plantó la cámara en casa del activista libertario. Tras un año, contactó con el realizador y productor freelance Christophe Marsat, para que le diera sentido a todo ese volúmen de vídeos que se agrandó en el año siguiente. "Aprecio mucho a Christophe porque su visión es la que me guía", reconoce, a lo que su socio le responde: "Admiro tu capacidad para perseguir un objetivo". El de Emile era reencontrarse con la cultura y la memoria perdida de sus padres, humildes jornaleros almerienses republicanos, exiliados en Francia en 1920. Así es como surgen los documentales De la retirada a la reconquista (codirigida por Aymone de Chantérac) y ¿Quién eres, Lucio? Por cierto, ese "eres" está bien empleado a pesar de que Urtubia falleciera el pasado 18 de agosto. Se trata de la prueba del mito, que sube a los cielos y se convierte en leyenda tras la muerte. Pero Lucio también era real y tan cercano que Emile se lleva las manos a la cabeza tras bajar él a la tierra y matizar: "Lucio es... era muy fuerte".

Tras 84 años, el Gobierno de Navarra está elaborando un censo de personas exiliadas a raíz del golpe de Estado de 1936. Preguntaría si es tarde, pero la respuesta resulta evidente.

Emile Navarro: –Está claro que en España nunca ha habido voluntad política para tratar la memoria histórica, que es un deber. Nosotros hemos calculado que unas 500.000 personas cruzaron los Pirineos tras la retirada del Bando Republicano. Pero no sabemos cuánta gente se exilió durante la Guerra Civil, ni tampoco cuánta se fue a América.

Christophe Marsat: –Los documentos que utilizamos fueron informes de la Cruz Roja o los registros de los campos de concentración franceses y alemanes a los que fueron a parar los españoles. Parecía que con la aún tibia Ley de Memoria Histórica de Zapatero, el Gobierno español podía hacer este tipo de investigaciones. Aunque si en 2020 todavía no ha querido hablar de su pasado, es que ni tiene intención de arreglarlo ni va a fomentar la convivencia.

¿Qué similitudes hay entre la ola de exiliados del franquismo y la actual crisis de refugiados que llegan a Europa?

E.N.: –Muchas. Europa no hace nada. Angela Merkel sí que ha acogido más refugiados en su país, pero porque sabe que pueden trabajar por muy poco dinero. Todo es una barbaridad.

C.M.: –Francia trató a los españoles como a inmigrantes de baja clase, prácticamente como a animales. En el mejor de los casos, los consideraba mano de obra barata. Esa misma es la utilidad que los países europeos les están dando a los refugiados de hoy: trabajos en condiciones infrahumanas, como ocurre en tantos campos de Andalucía.

Percibimos como ajena la realidad de la que huyen los refugiados de hoy. ¿Es porque no tenemos memoria histórica o porque seguimos manteniendo una mentalidad colonialista?

C.M.: –Las dos son consecuencias de la lógica capitalista, que no tiene memoria y los seres humanos solo interesan económicamente. Es más, actualmente se niega incluso el estatus de refugiado de guerra a los exiliados de la terrible guerra siria. Les dejan morir y les ponen concertinas.

E.N.: –Francia usó españoles como moneda de cambio con Alemania. La historia se repite: si a los estados no les interesa acoger refugiados debido a la crisis, los rechaza.

¿Francia, y París en particular, está en deuda con los exiliados del Estado español?

E.N.: –Sí. Cada año organizamos un reconocimiento a los brigadistas españoles que liberaron París. Ellos fueron los primeros que entraron en la ciudad, pero esto no se conocía hasta hace muy poco. Luego, el general de la Resistencia francesa, Philippe Leclerc, les traicionó porque no cumplió su promesa de ayudarles a echar a Franco.

C.M.: –Francia ha querido pensar que todos sus ciudadanos fueron resistentes, cuando en realidad formaron parte del régimen colaboracionista de Vichy. Esto genera un cargo de conciencia que se gestiona obviando que los españoles liberaron un país que, además, se ha construido sobre movimientos migratorios. En los ochenta todavía había carteles en bares parisinos que decían: "Perros no, españoles tampoco".

No obstante, Lucio Urtubia sí que está más reconocido en Francia, sobre todo en París.

C.M.: –Porque él emigró en los años cincuenta. A partir de ahí, desarrolló toda su vida subversiva y sus hazañas en Francia.

E.N.: –Lucio era albañil por el día y falsificador por la noche junto con su mujer, Anne. Por esa labor empezó a ser famoso en los círculos anarquistas y fue estableciendo contactos en París.

¿Qué tipo de contactos?

C.M.: –Muchos eran políticos, incluso de altas esferas. Entre ellos, el secretario de Mitterrand y un exministro de Justicia, que fue abogado de Lucio en los 80.

E.N.: –También ayudó a grupos armados de extrema izquierda como Brigadas Rojas, ETA o Acción Directa, aunque nunca desveló ningún detalle al respecto. Sorprende la campaña que Acción Directa hizo a favor de la elección del ministro de Relaciones Exteriores socialista Roland Dumas.

¿Por qué?

C.M.: –Se trataba de un juego de intercambios. Por ejemplo: hoy te apoyo, y mañana reduces las penas de mis compañeros militantes.

E.N.: –Esas transacciones le permitieron hacerse un hueco y ser el intermediario en negociaciones entre grupos armados de extrema izquierda y gobiernos. En los 80, intentó impulsar procesos de paz y rebajar la violencia.

¿Qué hay de mito en la figura de Urtubia?

E.N.: –Tal vez no todo lo que cuente sea verdad y sé que me ha engañado muchas veces, pero le quiero muchísimo. Incluso después de dos años con él, se seguía enfadando conmigo porque me decía que parecía un policía con tantos interrogatorios. Cuando convives con Lucio, lo desmitificas un poco, pero no del todo. A veces le decía de broma si quería ir a la Iglesia para conocer al que le había enviado, porque él no paraba de preguntarse: "¿Por qué me ha tocado vivir todo esto a mí?" Yo he dado cinco vueltas al mundo visitando a gente importante e inteligentísima, pero nadie como Lucio. Es... era muy fuerte.

C.M.: –Una vez entrevistamos a una militante de Acción Directa que nos admitió que no nos podía desvelar todo: "No se lo cuento a la Policía, te lo voy a contar a ti...". Lucio inventaría algunas cosas, pero, ¿cuántos secretos se llevó a la tumba?

¿Como le definirían a Lucio Urtubia?

C.M.: –En dos palabras: idealista y tozudo.

E.N.: –Yo también voy a utilizar solo un par: Robin Hood.

Las experiencias que conforman la Utopía vivida, tal y como Lucio Urtubia calificó su vida en el título de una de sus dos autobiografías, está inevitablemente sujeta a un contexto histórico concreto. ¿Sería posible mantener ese compromiso con una determinada militancia hoy en día?

E.N.: –No, pero Lucio es idealista hasta para eso. Una vez fue a dar una charla a unos estudiantes de Diseño Gráfico, y les riñó. "¡Tenéis que dejar de beber y hacer el amor tanto! ¿No sois grafistas? ¡Pues haced falsificaciones!", les gritó. Solía hacer algo parecido con los grupos de un guía turístico que hacía una parada en su casa. Le llamaba a la puerta y decía: "¡Ah, eres tú!". A continuación se ponía a soltar arengas sobre el anarquismo a los turistas. Lucio era así, creía que podía convencer a todo el mundo para que fuera libertario.

C.M.: –Es imposible llevar a cabo hoy las acciones directas de hace 30 o más años. Hay mayor vigilancia policial y control social, por no se puede robar un banco o falsificar dinero así sin más. En realidad Lucio lo sabía, pero también era consciente de que la utopía no se alcanza nunca. Por eso su frase favorita era: "Hay que hacer".

CICLO DE PROYECCIONES

'Imágenes con memoria'. El Instituto Navarro de la Memoria inauguró ayer 'Imágenes con memoria', un ciclo de documentales en torno al exilio que se proyectan en Golem Baiona con entrada libre y gratuita hasta completar el aforo. Se trata de siete obras que hacen hincapié en historias de refugiados que salieron del Estado español tras la victoria franquista en la Guerra Civil española, pero con las que se pretende también

"reflexionar sobre los exilios de

hoy en día". Al evento acudirán los directores, además de algunos invitados especiales que han participado en su elaboración, como Lola Ruiz Ibárruri, nieta de la Pasionaria.