Pacientes UCI por covid-19: "Muchas gracias por devolverme la vida"

15.11.2020 | 02:27
Imágenes de los protagonistas

La covid-19 les llevó a la UCI –donde pasaron entre los cuatro un total de 184 días– y ahora, de baja, mientras se recuperan de los estragos que les causó el bicho, cuentan su experiencia agradecidos

madrugada del 1 de abril de 2020 en la UCI del Complejo Hospitalario de Navarra. "Luis, llama a tu pareja o a quien quieras para avisarles de que te dormimos. Llamé a mi chica: oye, que me van a dormir, pero como si me fuera a echar una siesta. No me planteé, ni pregunté, estaba tan agotado... Y al mes y medio me despertaron. En ese transcurso de tiempo, tres veces la llamaron para decirle que se acababa –recuerda sin poder evitar el llanto al pensarlo–. Hasta tres veces le dijeron que viniera a despedirse; una de ellas incluso pasó la noche, porque le indicaron que seguramente no iba a pasar de ese día, pero luego remontaba un poco. Aquello fue como una montaña rusa, para arriba, para abajo y, al final, salí gracias a todo: a los médicos, a la Medicina, a gente que rezó de diferentes creencias, de grupos energéticos, muchas personas mandándome energía positiva y ya desperté. Durante ese tiempo de sedación tuve muchísimas pesadillas, muy duras y muy reales, que tuve que ordenarlas un poco para discernir lo que era verdad de lo que no", pero "desperté, y más vale que volví al 100% de cabeza y de memoria", sostiene Luis José Santafé Dencausa. No obstante, cuando este pamplonés de 58 años regresó en sí, lo hizo "sin poder hablar, sin poder moverme nada, sólo los párpados y los ojos y, claro, piensas: tan duro ha sido esto como para que me hayan tenido que hacer traqueotomía, etc".

Luis es una de las 266 personas que, desde el inicio de la pandemia, han ingresado en puestos de críticos para superar la covid-19; lo que significa el 0,71% del total de pacientes diagnosticados. Ahora, cuando la situación de las UCI vuelve a ser "delicada" y "equiparable a la de marzo y abril", con 60 personas en esta situación, hablamos con tres hombres y una mujer sobre su experiencia en estas unidades y qué secuelas sufren tras haber vencido al bicho; una batalla para la que contaron con la atención, el cuidado, el cariño y la implicación de todos los profesionales sanitarios.


Luis José Santafé Dencausa

"La covid no ha acabado conmigo, pero me ha agrandado el corazón"

El primer día que Luis se sintió mal fue el 18 de marzo. "Tenía malestar, frío, como una gripe, luego ya empecé con fiebres altas y estuve como seis días en casa, cada vez más en la cama", señala. El día 26, prosigue, "ya no podía ni con un vaso de agua. No tenía fuerzas, con problemas de respiración y demás. Mi pareja, Elena, habló con mi hermana esa tarde-noche y decidieron llevarme a Urgencias. Yo no quería ir, soy de los que se hubieran muerto en casa –comenta con una sonrisa–, porque no me veía tan mal", a pesar de que presentaba una neumonía bilateral. Le ingresaron en planta y a los cinco días le llevaron a la UCI, donde permaneció dos meses y medio, de los cuales uno y medio estuvo en coma inducido.

Al despertar, explica, le tuvieron que "rehabilitar entero, desde el dedo pulgar de la mano derecha hasta todo el cuerpo", de manera que "lo último que queda son los pies equino". Reconoce que "el tema de la traqueo fue duro", porque encima le atacó "otra bacteria interhospitalaria, la pseudomona, que es muy jodida". Este comercial, que se encuentra de baja, agradece la implicación de "todos los profesionales médicos, enfermeras, auxiliares, fisioterapeutas, logopedas..." y, en este sentido, apunta que ha necesitado "ayuda de Logopedia hasta hace poco, sobre todo para tragar, porque he estado 6 meses sin comer ni beber, al principio con una sonda nasogástrica".

Como afirma, "la covid no ha acabado conmigo, pero lo que ha conseguido es agrandarme el corazón, porque es bestial la dedicación, la empatía, la profesionalidad de gente tan joven, también mayores lógicamente, pero los jovencicos, que te los imaginas en cualquier otro sitio menos en la UCI, me han dejado maravillado del mimo con el que tratan a los pacientes". Y, de hecho, confiesa que ha llorado "muchísimo de agradecimiento". El 18 de junio pasó a planta, donde también le trataron "súper bien", y el 8 de julio –seis días después de que un grupo de amigos y familiares acudiera al exterior del hospital con pancartas para darle ánimos– recibió el alta.

Una buena noticia, pero no por ello dejó de ser un periodo muy duro. "Yo era un dependiente para ducharme, para secarme, para vestirme, perdí 19 kilos, me quedé sin masa muscular... Es que es bestial el palo que te llega a dar, no sólo el bicho, sino el estar encamado tanto tiempo y demás". Ahora, cuando ya ha ganado 16 kilos y masa muscular, poco a poco se va recuperando, si bien lleva prótesis para los pies, tiene hormigueos en las piernas y luego está "el tema de los pulmones y el agotamiento", porque "a veces por cualquier cosa tienes dificultades para respirar". Luis, que era "un tío sano" –corría y hacía pádel–, se mantiene muy activo: "Cada día hago una serie de ejercicios, camino, subo escaleras –lo hace hasta un octavo, donde vive–, porque tan malo es abusar como no hacer nada", pero una de las cosas que más le pesa es la incertidumbre de no saber si volverá a ser el de antes.

Expresa su agradecimiento a todos los sanitarios y a su pareja a la primera, porque "se ha volcado" –tienen previsto casarse el año que viene–, pero también "a mi familia, mi hijo, su hijo, mis hermanas, todos los amigos, mis equipos de béisbol..." Mientras trabaja para recuperarse y "volver a ser el que era en todos los sentidos", vive en una montaña rusa emocional, con días de optimismo y otros en los que "bajas a los infiernos", porque "esto es duro y es real". Recomienda a las familias que estén ahora en esta situación que no pierdan la esperanza y pide a la sociedad "tomar todas las precauciones que se puedan", porque "nunca sabes a quién puede afectar de una manera o de otra; a mi y a todo mi entorno nos ha cambiado la vida".

Damián Roku-Epitíe Monreal

"Todo este tiempo me ha venido caído del cielo; lo han conseguido los médicos y el Señor"

Las vidas de Luis y de Damián Roku-Epitíe Monreal, de 53 años, se cruzaron en la UCI. El día que salió el primero de la unidad, pararon su cama en la puerta de la habitación del segundo. "Mucha fuerza, mucho ánimo, tú serás el siguiente. Yo casi no se lo oí, porque él hablaba muy bajito, pero ese fue el empujón que necesité para superar un tema. Me tenían que quitar la cánula, te la van reduciendo, luego tenía que estar cuarenta y tantas horas con un tapón y no lo soportaba. La salida de Luis fue el empujón final" que necesitaba para conseguirlo, relata Damián mientras paseamos por los alrededores de su casa, en Noáin. Y lo logró 4 días después.

El pasado 13 de abril este policía foral de la Brigada Asistencial, de padre guineano y madre fustiñanera, se aisló en su habitación y pidió hacerse una PCR en Refena tras registrarse varios casos en su grupo. "Estaba cansado, aunque lo achacaba al ritmo de trabajo, y tenía un poco de tos. Solicité la prueba y empecé a tener febrícula, pero me encontraba bien", rememora. Tras constatar con un pulsiosímetro que le bajaba la saturación, el día 14 llamó al teléfono de atención del coronavirus, que le indicó una serie de posturas para mejorar su estado y le informaron de que su centro de salud le iba a vigilar, porque estaba catalogado como paciente de riesgo por tener diabetes tipo 2, obesidad mórbida, asma... "A la mañana siguiente la saturación seguía bajando y llamamos al 112. Me mandaron la ambulancia y bajé solo, porque estaba bien. Recuerdo que, cuando me iba, me quedé mirando a mi mujer y mis hijas, que estaban en la ventana. Cuando llegamos a Urgencias, vieron la posibilidad de covid y las placas mostraron una posible infección respiratoria incipiente", por lo que Damián, de 51 años, se sintió "aliviado" de haberla "pillado a tiempo".

Tras confirmarse el positivo, le ingresaron en la cuarta planta del antiguo Virgen del Camino, donde "fui deteriorándome, tenía la respiración cada vez peor y no tenía fuerzas. Mi cama estaba al lado del baño, a tres metros, y no tenía fuerzas para llegar sin las gafas de oxígeno", por lo que le pusieron una alargadera. Comenzó a notar una obstrucción al respirar y el día 20 por la mañana, al ir al baño, se soltó la alargadera al quedarse pillada por la puerta. Damián se quedó sin oxígeno, cayó al suelo y su compañero de habitación pidió ayuda. Tras hacerle una valoración, lo bajaron a la UCI, a donde fue "con lágrimas en los ojos. Estaba mal, sabía dónde iba, pero a la vez tenía confianza en los sanitarios. No iba con miedo de morir, tampoco tuve tiempo de pensarlo –sonríe, como lo hace sin parar a lo largo del relato, porque se centra en lo positivo y no quiere vivirlo como un drama–; iba confiado, pues van a hacer lo que hay que hacer". Mientras el doctor le daba explicaciones, se durmió. Estuvo 37 días en coma inducido.

"Desde las primeras horas en la UCI necesité la ventilación mecánica", explica Damián, que menciona que esa misma mañana "ya le dijeron a mi familia que me estaba muriendo". Además, "al principio respondía a la posición de prono–boca abajo–", pero dejó de funcionar y entonces decidieron utilizar el ECMO –que es una membrana de oxigenación externa que, para los pacientes con esta infección, hace las funciones de pulmón–. Este recurso estaba contraindicado para él por la obesidad mórbida, pero "es que era el recurso", recalca. El Complejo dispone de dos de estos aparatos, que estaban ocupados, pero justo el día anterior acabó su terapia una paciente. Por giros como este, Damián, que es muy creyente, ve también "la mano de Dios" en su curación. Le pusieron el ECMO, que "era el ultimísimo recurso", pero "no funcionó conmigo. Siguieron dándole vueltas y pensaron en cambiar su configuración" y, de este modo, funcionó.

Así, este gran hombre empezó a remontar, pero "aparte hubo infecciones, hemorragias, transfusiones, me hicieron una traqueotomía y hubo problemas con la cánula", por lo que le tuvieron que operar de urgencia; una cirugía en la que, gracias a la intervención de un anestesista, volvieron a salvarle la vida, como "llevaban haciéndolo todos los días", apunta mientras paramos la marcha para coger aire. En ese momento, reconoce, no era consciente, pero "mi cuerpo estaba sufriendo todo el rato, dando guerra, remontando y luchando".

Respecto a la fase de despertar tras el coma, afirma que "tampoco es como en las películas, que de repente están tan pinchos. Por ejemplo, yo no hablaba, pero no lo sabía. Yo no sabía que sólo emitía ruidos y pensaba son todos tontos y no me entiende nadie; y eso me llevaba a la frustración". Además, rememora, que en "esa confusión, con quien me puse desagradable fue con mi mujer, mi hermana y mi prima, que habían venido a verme". Por eso, pide a los familiares que no tengan en cuenta lo que el paciente diga en esa fase porque "probablemente está muy confundido". Él, por ejemplo, no recordaba que tenía hijas e, incluso, llegó a ver doble. Así, cuando empezó a ser consciente de la realidad, se percató de que "movía el cuello y poco más, que no podía hacer nada, ni siquiera girarme, y que tenía la traqueotomía hecha". No obstante, estando en la UCI también hubo momentos de satisfacción, como cuando consiguió ponerse en pie después de tres semanas de rehabilitación: "Grité como si hubiera levantado una piedra inmensa".

Tras 62 días en la unidad de críticos, pasó a planta, donde "tenía muchas horas para pensar y llegaron los miedos. Estaba todo el rato asustado de volver a la UCI, de que se contagiara mi familia... Era maravilloso mirar por la ventana, pero también veía a personas en la parada de autobús sin mascarilla y pensaba la gente no se está cuidando". Estando allá, le costó otros diez días poder andar e ir al baño de la planta. El 14 de julio, por fin, le dieron el alta; una salida del hospital en la que estuvo arropado por sus compañeros de la Policía Foral y por sus vecinos. Llegó a casa con 30 kilos menos y abrumado por el cariño de la gente. Estuvo 14 días más aislado en la habitación de su casa, llorando a diario, porque "tenía mucho miedo de contagiar". Por ello, el 28 de julio, cuando le anunciaron que era negativo, lo celebró con su familia. A partir de ahí, los paseos de una hora en la habitación de su casa dieron paso a las salidas, acompañado por su mujer, que ha estado con él en todo momento como "una campeona". Ahora, tras tres meses, "he conseguido hacer seis kilómetros en dos horas, puedo hacer algún recado todavía, pero después ya me quedo sin fuerzas". La mano izquierda no la ha recuperado, tiene "unas yemas dormidas" y no puede "doblar la última falange del dedo índice, con lo cual no puedo hacer bien la pinza", pero "como soy diestro, me manejo". Sostiene que "lo peor es la debilidad física, porque es lo que me impide todo" y, a pesar de esta experiencia, Damián contagia alegría porque ni siquiera la mascarilla impide que se intuya la gran sonrisa de la que hace gala a lo largo de la conversación. "Desde la UCI, me he centrado en lo positivo. No tengo tiempo para lo que resta, porque estoy de prestado", explica. Y es que considera que "ha vuelto a nacer. Todo este tiempo me ha venido caído del cielo, regalado, lo han conseguido los médicos y el Señor, pero mi cuerpo ahí se acababa. Fue volver a nacer".

Destaca el "increíble" trato recibido, "no solo profesional, sino humano" de todo el personal sanitario. "Todo son ánimos, todo son fuerzas, todo es ayudar, se están desviviendo por la gente ahí todos los días, están dándolo todo y echándose todo el peso de esto a la espalda". Y, de alguna forma, también por ellos ha creado un canal de YouTube en el que cuenta su experiencia "para concienciar, para dar esperanza, porque he estado muy mal y estoy muy bien. Tengo mis problemas por esto, pero firmo por estar así y con que alguien cambie su actitud o me diga que le han ayudado mis vídeos, me doy por satisfecho, y ya me lo han dicho; objetivo cumplido –ríe–".

Por todo ello, pide a la ciudadanía que "cumpla las medidas de protección, que son medidas solidarias. No es sólo por uno, es por los demás, por las personas, por su salud, por los trabajos, por la economía, de respeto hacia los fallecidos". En su trabajo, da charlas a jóvenes sobre la violencia de género y ahora se ofrece para concienciarles sobre el virus y así recalcarles que "si quieren recuperar la vida, cumplan las medidas de protección para que esto dure lo menos posible".

De todo este proceso, Damián saca "cosas positivas: me he reconciliado conmigo mismo, tengo mucha paz interior y muchas ganas de hacer cosas por los demás". Recuerda a aquellas personas que estén pasando ahora por una situación similar que "esto es una carrera de fondo, hay que evitar pensar como en un sprint. Se puede mejorar y se avanza, pero hay que ser positivo todo el rato; no cabe la opción de rendirse". Su próxima meta: "Juntarnos un grupo de enfermos de la covid-19 y subir un monte para demostrarles a los que están empezando y piensan que no van a poder hacer nada que se puede", finaliza emocionado.

José Ángel Vidaurre Alli

"Tengo que volver a dar las gracias a las personas detrás de esos ojos"

El propio José Ángel Vidaurre Alli, nacido en Pamplona y criado en Valtierra, se siente "dentro de la gravedad, uno de los afortunados", ya que, a pesar de que estuvo diez días en la UCI, permaneció consciente y no requirió ser intubado. "Lo único que me queda es la neumonía bilateral. No le hago mucho caso, pero, en cuanto veo un banco, me tiro", explica sin perder el humor que le caracteriza.

De las personas que participan en este reportaje, José Ángel, que trabaja en un banco, fue el que más tarde enfermó. No sabe exactamente dónde se produjo el contagio, pero "lo cogimos dos compañeros". Al respecto, explica que se estaba poniendo implantes. "Te dan antibiótico y eso me dejó débil. Cogí hongos y dejé de comer. A su vez, se pusieron de obras en el portal donde trabajo y para que me escuchasen los clientes, porque con los ruidos no te oyen porque estás con tu mascarilla, tu pantalla y con tu todo, sales, les chillas a la oreja y ahora es cuando te estás enterando que en el metro, en el autobús, no hay que hablar, porque aún así sale".

Tras una semana aislado en casa, haciendo reposo y siguiendo las indicaciones de su médico, la noche del 23 de septiembre no encontraba postura para dormir. Llamaron al 112 y bajó a la ambulancia. Cuando entró a Urgencias, se sorprendió cuando le dijeron "estás muy mal a lo que José Ángel respondió– Cómo que estoy muy mal, si he bajado andando. Directamente a la UCI, me pusieron el oxígeno, no me había tocado nunca que me lo pusieran a tanta potencia, me pidieron el teléfono de casa y llamaron a mi mujer". Le amenazaron con intubarle y sedarle, pero él no se dejó, "igual porque no era consciente de lo que tenía", reconoce ahora. Le indicaron que se tumbara boca abajo con la postura de natación –levanta un brazo hacia arriba–. "A las 7.00 horas me sacaban un tubito de sangre. ¿Qué tal la saturación? Mejor. Era para ver cómo ibas de oxígeno. ¿Te damos media vuelta? Sí. Venían otra vez. Estás todavía flojo, te vamos a intubar. Ponme cabeza abajo. Así, todos los días", recuerda los diálogos.

José Ángel, que era persona de riesgo por la diabetes y por tener 60 años, guarda un recuerdo "todo positivo" de su estancia en la UCI y agradece, además de la atención sanitaria, el cariño del personal. En este sentido, pone de ejemplo que el primer día una profesional le comentó que el fin de semana no iba a ir porque operaban a su madre de cáncer de colon. A los tres días, volvió y le preguntó si se acordaba de ella. Él le respondió que no podía distinguirlas porque "no veo más que los ojos". Ella se identificó y, entonces, José Ángel le preguntó por su madre. "Se me caía el alma a los pies. Yo te tengo que curar, te tengo que cuidar, pero darte esos ánimos y estar encima tuya... El día que me fui, me fui emocionado de la UCI. Dije: aquí tengo que volver a dar las gracias a las personas que hay detrás de esos ojos", sostiene mientras camina por Yamaguchi, porque "yo seré un número, pero para mí son mis salvadores".

Valora "el trato recibido, el esfuerzo que hacen y el trabajo que tienen", que "es vocacional". Por ello, se muestra partidario de "haber sacado más imágenes de la labor que están realizando" para que se viera. "Vuestros actos tienen estas consecuencias. Puede ser tu padre, tu vecino...", advierte.

En su caso, le dieron el alta de la UCI dos días antes de lo previsto porque necesitaban su cama, refiere, y tras cinco días en planta regresó a su casa siendo negativo y con anticuerpos. "Ese primer día fui a la farmacia –su mujer estaba confinada por positivo– y me puse a hacer los ejercicios que me habían recomendado. Estuve toda la tarde en el sofá muerto. Luego te das cuenta de que debes hacer caso al cuerpo". Sobre su estado actual, explica que "la gente me ve bien físicamente, pero al respirar se nota. Claro, la procesión va por dentro. Tengo los dos pulmones tocados y me tienen que hacer una placa para ver cómo voy recuperando". Un objetivo, el de volver a estar bien, para el que ha peleado y por el que se esfuerza: "Sé que tengo que dar 100 pasos, voy a dar 105, a ver cómo me encuentro".

Mitxi Rivera Benavente

"Estuve dos veces a punto de morir"

Con la experiencia de estos últimos meses, Mitxi Rivera Benavente, conductora de villavesas y vecina de Noáin de 40 años, ha aprendido "a valorar la vida cada segundo y que las pequeñeces no importan. Está claro que hoy estamos aquí, pero dentro de unas horas igual no" y, por ello, significan mucho para ella sus hijos, su familia y toda la gente que le quiere, que, como ha constatado, es mucha.

A mediados de marzo, cuando estaba embarazada de ocho meses, empezó "que no podía respirar bien, con un poco de fiebre, unas décimas, y con mucho moco y tos", explica con un hilo de voz. Quince días antes su expareja había estado "malísimo, con una gripe muy rara y fiebre alta". El 13 de marzo Mitxi fue a su médico de cabecera, que le dijo que era bronquitis. Dos días más tarde, regresó a urgencias de su centro de salud y le derivaron a Pamplona para hacerle la PCR. "Me hicieron la prueba y allí me quedé ingresada", relata, pero como "iba empeorando, me costaba muchísimo respirar, decidieron hacerme la cesárea el día 18 porque pensaban que, como ella también me presionaba mucho, igual sacándola los pulmones trabajarían mejor". Así, Zuriñe nació a las 23.23 horas, pero Mitxi no pudo ver a su pequeña, por lo que se quedó con una espina clavada. Tuvo un día para descansar un poco y le sedaron. "Antes de dormirme, vino la obstetra con una foto que le había sacado a mi hija y me dijo por ella más te vale que te despiertes", relata.

Tras tres semanas en coma inducido le despertaron el 12-13 de abril. "Había estado dos veces a punto de morir. De hecho, le dijeron a mi familia dos veces que de esa noche no pasaba. Me pusieron boca abajo y conmigo no resultó; fui a peor. Entonces, cuando me estabilicé me volvieron a poner boca arriba y empecé a mejorar, me hicieron la traqueotomía y ya todo fue para arriba. Dos o tres días después me despertaron y poco a poco iba respirando y necesitando menos oxígeno" hasta que, por fin, se la retiraron. "No podía hablar nada, no emitía sonido, no me podía casi mover, sólo la cabeza, perdí 12 kilos de masa muscular...", recuerda sentada mientras no deja de mover la silleta de su niña de casi 8 meses.

El 20 de abril salió de la UCI y pasó a planta. "La semana que estuve despierta en la UCI hice ejercicio, recuperé algo de movilidad y me podía mover de la cama al sillón. Ya en planta, esa misma tarde empecé con un tacatá. Descansaba un poco y venga, a dar unos pasitos, porque lo justo me mantenía en pie. Esa noche dejé el tacatá de lado y me iba al baño andando sola con el gotero. Despacico, pero estaba mañana, tarde y noche haciendo ejercicio para irme de allá, porque yo quería salir del hospital porque claro, estaba ella recién nacida, y mi hijo de 10 años. Esa semana me la tomé muy en serio, muy cabezona. Los médicos no querían saber nada del alta, yo que sí, que sí, y el viernes me vino la médica y me dijo te lo has ganado, has demostrado ser muy fuerte, muy valiente, te voy a dar el alta". Así, el 24 de abril regresó a su casa, donde el pueblo de Noáin se volcó para recibirle, y tras una ducha fue a la vivienda de su abuela, donde están su padre y su madre. Por fin, pudo conocer a Zuriñe. "La cogí en brazos y ya no la solté hasta hoy", afirma con un brillo especial en su mirada.

Mitxi menciona que esta segunda maternidad "es dura porque yo quiero hacerlo, pero me limita el cuerpo. Hasta mediodía me siento con fuerzas, pero a la tarde ya me ayudan mis padres, mis hermanos y amigos". Mientras se esfuerza para recuperarse, "poder hacer una vida normal" y, sobre todo, estar con sus hijos Zuriñe y Kaiet, pide a la sociedad que se tome en serio este tema, porque "no es cierto que sólo ataque a gente con problemas o gente débil".

Durante estos meses, su estado de salud ha mejorado. Le quedan secuelas en las cuerdas vocales, de movilidad, hormigueos... pero "firmo para lo que pudiera haber pasado porque estuve muy muy grave. Los médicos sufrieron mucho conmigo; eso sí que me ha contado mi familia, que incluso lloraban de la impotencia de no saber qué más hacer". Por todos sus esfuerzos, les debe una visita para agradecérselo y para animarles. "Han hecho un trabajo fenomenal, estupendo, son unos profesionales como la copa de un pino de grandes y les pido que sigan así luchando, con esa fuerza de voluntad, porque hay que tener mucha fuerza de voluntad para aguantar todo lo que están viviendo. Que muchas gracias por devolverme la vida", concluye emocionada.

"Yo te tengo que curar, te tengo que cuidar, pero darte esos ánimos... Me fui emocionado de la UCI"

José Ángel Vidaurre Alli

Paciente que estuvo en la UCI por covid

"Es bestial el palo que te llega a dar, no sólo el bicho, sino el estar encamado tanto tiempo; nos ha cambiado la vida"

Luis José Santafé Dencausa

Paciente que estuvo en la UCI por la covid

"Antes de dormirme vino la obstetra con la foto de mi hija y me dijo: por ella más te vale que te despiertes"

mitxi rivera benavente

Paciente que estuvo en la UCI por covid

"Tras tres meses he conseguido hacer seis kilómetros en dos horas, pero después me quedo sin fuerza"

damián Roku-epitíe monreal

Paciente que estuvo en la UCI por covid