Ingresa en prisión el autor de la mayor estafa piramidal de Navarra

El Supremo rebajó en enero a 5,5 años de prisión la condena al asesor fiscal pamplonés Miguel José Olagüe, de 77 años - El condenado estafó 12 millones a 51 familias y cumplió ya dos años en prisión provisional

09.02.2021 | 13:48
El acusado, junto a sus hijas que también fueron juzgadas y absueltas.

Miguel José Olagüe Roncal, antigua asesor fiscal de Pamplona y de 77 años, ingresó en el centro penitenciario de Pamplona el pasado viernes para cumplir la condena que le fue notificada en enero por la Sala II del Tribunal Supremo, que le impuso 5 años y 6 meses de prisión. Olagüe Roncal fue el autor de la mayor estafa piramidal conocida en Navarra.

Estafó un total de 12 millones a 51 familias navarras, que tienen casi imposible recuperar el dinero debido a que el condenado está declarado insolvente y la sentencia absuelve de responsabilidad civil a las aseguradoras con las que trabajaba el acusado, puesto que solo amparaban la actividad legal de asesoría del procesado.

Olagüe Roncal, que estuvo dos años en prisión provisional antes de que fuera juzgado en 2018, tiempo que ahora le será descontado de la pena, fue condenado por un delito de estafa continuada agravada por la cuantía de la defraudación concurriendo la atenuante analógica de confesión. El Supremo, que rebaja la pena de 7,5 años a 5,5 años, mantiene la condena al acusado a indemnizar en vía de responsabilidad civil a las 51 familias estafadas por el total defraudado, que ascendió a 12 millones de euros. En 34 de los casos, las víctimas fueron estafadas en más de 50.000 euros, y tres de ellas perdieron más de 1 millón de euros. Como queda dicho, lo fundamental del caso es que las 51 familias afectadas no tendrán forma de recuperar el dinero invertido, puesto que el acusado no tiene bienes y las aseguradoras Mapfre y HCC International han resultado absueltas al entender el Alto Tribunal, al igual que la Audiencia navarra, que los seguros no cubrían su actividad inversora.

El hombre captó el dinero entre conocidos, amigos, familiares y clientes de su asesoría, a los que ofrecía una rentabilidad anual de entre el 8 y el 12 por ciento por su inversión, y que entregaban el capital en metálico sin contrato ni emisión de recibo de la misma, siendo toda la operativa puramente verbal.

El acusado liquidaba trimestralmente los intereses en metálico en sobres cerrados, usando para pagarlos el dinero de nuevos inversores, hasta que se produjo el estrangulamiento del negocio por falta de capital.